Con motivo del fallecimiento del Papa emérito Benedicto XVI (31-12-2022), podemos hacer un breve apunte de las tres dimensiones de su vida. Primero, la de teólogo, ejerciendo como profesor en cuatro universidades (1952-1977), y luego la de prefecto de la Congregación de la Fe (1981-2005) y la de obispo de Roma (2005-2013). No cabe duda de que el hecho de ser teólogo llena una larga etapa académica (25 cursos, hasta sus 50 años) y marca toda su vida. Como sucede en su último libro, Jesús de Nazaret, de 2007, en el cual, aun siendo Papa, observa que «este libro no quiere ser en modo alguno un acto de magisterio de la Iglesia. Todo el mundo es libre de contradecirme».

 

Ratzinger teólogo

La visión teológica de Ratzinger se expresa muy bien en sus dos tesis doctorales. La primera, sobre san Agustín (1954) y la segunda, la de habilitación para ser catedrático, sobre san Buenaventura (1959). En ambas ya se muestra la importantísima influencia que ha recibido Ratzinger de san Agustín y del franciscanismo de Buenaventura. De aquí procede su herencia platónica, que da preferencia a la idea por encima de lo concreto y empírico. Al mismo, ha sido influenciado por un cierto pesimismo sobre la persona humana de san Agustín, y por una visión franciscana de la historia que no encuentra su plenitud sino en el más allá de sí misma. De ahí que Ratzinger se distancie de la renovación de los estudios de santo Tomas de Aquino en Francia, con M.D. Chenu y Y.M. Congar…, y en Alemania, con K. Rahner, J.B. Metz, W. Kasper..., un tomismo que suponía, en cambio, una visión más realista y encarnada en el mundo de la fe y de la Iglesia.

De hecho, Ratzinger se alineó con la corriente renovadora conciliar, sobre todo de H. de Lubac y J. Daniélou, que defendían un «retorno a las fuentes de la fe» (ressourcement), muy arraigado en la Sagrada Escritura y en la liturgia y los Padres de la Iglesia. Y en cambio, mostraba poco interés por la corriente que intentaba un compromiso positivo con los movimientos intelectuales y culturales modernos, que ponen el acento en «la puesta al día» (aggiornamento), en clave de renovación de las estructuras y vida de la Iglesia (M.D. Chenu, K. Rahner, E. Schillebeeckx...).

Ratzinger fue nombrado experto del Concilio Vaticano II, en el que desempeñó un papel relevante, sobre todo en la redacción de los Documentos sobre la Revelación (DV), subrayando la Escritura como palabra de Dios, manifiesta en su Verbum Domini (2010), y sobre la Iglesia (LG), con su eclesiología eucarística, explicitada en la Sacramentum caritatis (2007). Por eso sus comentarios a los dos documentos conciliares (publicados en Obras Completas de la BAC) son de consulta obligada.

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