La provincia rusa (Óblast) de Kaliningrado, 15.100 km² y unos 500.000 habitantes, se halla encastada entre Polonia y Lituania y con el tapón de Bielorrusia delante.  Desde la independencia de Lituania y de Bielorrusia (efectivas en agosto de 1991), Kaliningrado permanece territorialmente separada del resto de la Federación de Rusia.

La Conferencia de Potsdam (17 de julio-2 de agosto de 1945), que reunió a Truman, Stalin y Attlee, atribuyó a la URSS en el reparto territorial con Polonia a expensas de la derrotada Alemania la parte septentrional de Prusia Oriental, ocupada a sangre y fuego por el Ejército Rojo en abril de 1945.

La ciudad de Königsberg, oficialmente capital de Prusia Oriental hasta mayo de 1945, era una joya arquitectónica de la Hansa báltica antes de su destrucción en más de un 40 % por el bombardeo de la RAF británica en agosto de 1944, y había sido un notable centro cultural antes del nazismo. Lo que quedaba de la ciudad acabó arrasado en los combates del asedio final soviético en marzo— abril de 1945. Königsberg tuvo que rendirse incondicionalmente el 9 de abril.

Finalizada la guerra y con el propósito de borrar el pasado alemán de Königsberg y su marcada identidad germánica, las autoridades soviéticas a fin de hacer irreversible la anexión dinamitaron simbólicamente los restos del castillo de Königsberg, donde habían sido coronados dos reyes de Prusia, talaron bosques y borraron caminos para alterar el paisaje y dejarlo irreconocible, expulsaron la población alemana superviviente de la zona, unas 200.000 personas, repoblaron el territorio con gentes de distintos lugares de la URSS, rusificándolo a fondo, y en septiembre de 1946 renombraron la ciudad como Kaliningrado, derivación del nombre de Mijaíl Kalinin, presidente (títere de Stalin) del Presídium del Soviet Supremo desde 1938 hasta su fallecimiento el 3 de junio de 1946.

La ciudad, el puerto y el territorio de atrás han sido industrializados, dotándolos de infraestructuras y de facilidades fiscales y arancelarias a partir de la declaración de “Zona Económica Especial” en 1996 para impulsar el desarrollo y la competitividad de la provincia.

La imponente base naval de Baltiysk con su arsenal aloja la flota rusa del Báltico —como Sebastopol en Crimea la flota del Mar Negro— y las baterías de misiles instaladas en la zona ponen a tiro ruso los países bálticos y parte de Polonia. Probablemente, también haya silos con ojivas nucleares operacionales y equipos de guerra electrónica.

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Kaliningrado ha tenido un cierto florecimiento y apertura. En julio de 2005 se celebró el 700 aniversario de historia alemana de la ciudad y el 50 aniversario de historia soviético-rusa con la participación de Vladímir Putin, el presidente francés Jacques Chirac (UMP) y el canciller alemán Gerhard Schroeder (SPD).  Como muestra de la firme e indiscutible rusificación de la antigua Königsberg, Putin y Schroeder anunciaron que la “Universidad Estatal de Kaliningrado” pasaba a denominarse Universidad Estatal Immanuel Kant de Rusia; además, profesores alemanes invitados podían impartir cursos de filosofía kantiana.  Y en junio-julio de 2018 hubo cuatro encuentros de la Copa Mundial de Futbol con estadio e instalaciones hoteleras construidas exprofeso para el acontecimiento.

El 18 de junio de 2022 Lituania, con el acuerdo de la UE y se supone que también de la OTAN, cortó el tráfico ferroviario y por carretera entre la provincia y Rusia para las mercancías que figuraban en los paquetes de sanciones aprobados por la Unión Europea. Estrictamente no hay bloqueo porque la vía marítima permite el pleno abastecimiento de la provincia.

Moscú reaccionó amenazando a Lituania, y los EE. UU. recordaron a Putin que Lituania es miembro de la OTAN y que un ataque al país sería considerado un ataque al conjunto de la Alianza en virtud del artículo 5 del Tratado.

Se dice de Kaliningrado que es un caballo de Troya ruso en Europa. Es una imagen metafórica poco acertada, en caso de conflicto armado el enclave podría ser neutralizado con relativa facilidad. Y en el terreno económico la UE está arancelariamente protegida y Rusia no es una economía competitiva en bienes de consumo.

La posición de Kaliningrado se acerca más bien a la de Crimea, aunque con ventaja  para Kaliningrado, puesto que la anexión del enclave es reconocida en la esfera internacional desde la Conferencia de Potsdam, mientras que el reconocimiento no se da en el caso de Crimea, cuya anexión ni China, aliada de Rusia, reconoce.

La mayor semejanza reside en la importancia estratégica de Kaliningrado, vital para Rusia en su flanco noroeste en términos de seguridad convencional igual como lo es Crimea en su flanco suroeste.

No hay un cuestionamiento internacional de la anexión y rusificación de Kaliningrado, ni siquiera por parte de Alemania que en su día, extinguido el Estado del Tercer Reich, no pudo pronunciarse sobre la transferencia de titularidad del territorio —no la consintió pues—, pero tampoco tiene formulada reclamación posterior alguna, incluso el canciller Helmut Kohl (CDU) excluyó tratar la cuestión de Königsberg-Kaliningrado en 1991 —como algunas voces le sugerían— cuando la extinción y disolución de la URSS había debilitado a Rusia, su sucesora en la esfera internacional.

Kaliningrado no es tanto una anomalía territorial —un enclave geográfico sin conexión terrestre y situado en zona adversa para el titular del enclave— como la prueba de que las fronteras estatales resultantes de la Segunda Guerra Mundial son intocables.

En realidad, todas las fronteras internacionales de Europa son intocables —las fronteras exteriores de la antigua Yugoslavia no cambiaron, los Estados surgidos de la desintegración de la federación yugoslava las han conservado tal cual eran—.  Esa estabilidad es una carta a favor y una carta en contra de las pretensiones anexionistas de Putin. No se discute a Rusia la titularidad de Kaliningrado, pero no se le reconoce la anexión de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk en el Dombás, reconocimiento que supondría aceptar la modificación por medio del uso de la fuerza de las fronteras internacionales reconocidas de Ucrania.

Crimea es una “zona gris”, históricamente ha sido rusa desde 1783, cuando Rusia la conquistó al sultanato otomano, y fue cedida en 1954 por la RSS de Rusia a la RSS de Ucrania, por deseo expreso de Nikita Jrushchov entonces secretario general del PCUS, mientras ambas repúblicas formaban parte de la URSS. No fue pues una transferencia internacional, sino una reasignación administrativa de la península en el interior del sistema político y jurídico de la URSS.

A mayor abundamiento, la etnia rusa y rusófila es mayoritaria en Crimea respecto a la ucraniana.  Caso aparte lo constituye la minoría autóctona de los tártaros, masivamente deportados a Uzbekistán en condiciones inhumanas en mayo de 1944. Solo después del colapso de la URSS, los descendientes pudieron ir regresando a Crimea y, según el censo de 2014, representan el 12,6 % de la población.

Estos antecedentes, históricos, jurídicos y fácticos, no se podrán pasar por alto en la futura mesa de negociación ucranio-rusa. Volodímir Zelenski lo sabe, pero fantasea, apoyado de boquilla por los occidentales, con la recuperación de Crimea, tan improbable como la retrocesión de Kaliningrado a Alemania, figura que no sería aplicable porque no hubo previa cesión internacional.

El derecho que puede invocar Rusia en relación con la posesión de Kaliningrado es el viejo derecho de “conquista”, que le aceptaron como hecho consumado en la Conferencia de Potsdam antes de la vigencia de la Carta de las Naciones Unidas (24 de octubre de 1945), que prohíbe el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, y de la Resolución 2625 (XXV) de la Asamblea General de la ONU (24 de octubre de 1970),  que no permite la legalización de lo adquirido mediante el uso de la fuerza.