Ahora, cuando el objetivo primordial de la educación infantil parece ser la felicidad de los niños, hace un montón de años Giacomo Puccini ya sabía que esto es muy costoso, casi imposible. Come è difficile esser felici!… Es decir, ¡qué difícil es ser feliz! El compositor italiano, de quien este año se conmemora el  centenario de su muerte, hace decir esta frase a uno de sus personajes femeninos, a Giorgetta, en la opera en un acto Il tabarro. Giorgetta es muy infeliz porque ha perdido un hijo; porque las relaciones con su marido, Michele, se ha averiado desde aquella pérdida dolorosa; porque no le gusta la vida que lleva en una barcaza arriba y abajo por el Sena. Es infeliz porque, pese a las efusivas demostraciones de amor con su amante Luigi, sabe que no van a ninguna parte. Y el colmo de su infelicidad llega al final, cuando Michele mata a Luigi perdiendo así a marido y amante. Realmente, ¡es muy difícil ser feliz por mucho que te eduquen para serlo!

La infelicidad está presente en las otras dos óperas breves que configuran Il trittico, el tríptico pucciniano. Suor Angelica  es la historia de una joven obligada a entrar en un convento porque ha tenido un hijo sin estar casada. La farsa de Gianni Schicchi  acaba con la infelicidad de la familia que soñaba con la rica herencia del pariente recién fallecido, pero la herencia pasa de largo.

Esta idea de la desdicha es el punto de partida de la puesta en escena que firma Tatjana Gürbaca para la Ópera de Viena considerando que les tres obres no tienen prácticamente nada más en común pese a que Puccini las compuso para ser representadas juntas. Il tabarro es una tragedia dramática con  todos los recursos del verismo; Suor Angelica, una tragedia lírica, y Gianni Schicchi, una comedia. La acción pasa en épocas tan distantes como el momento contemporáneo de su composición (Il tabarro), el siglo XVII (Suor Angelica) i la época medieval (Gianni Schicchi). Musicalmente, son independientes sin un hilo o unos temas conductores.

 

Carlos Álvarez (Michele) y Elena Stikhina (Giorgetta), en 'Il tabarro', en una producción de la Ópera de Viena. © Stephan Brückler

Carlos Álvarez (Michele) y Elena Stikhina (Giorgetta), en ‘Il tabarro’, en una producción de la Ópera de Viena. © Stephan Brückler

 

La directora de escena berlinesa ha modificado ligeramente la frase de Giorgetta, Que difícil es ser feliz, por Es difícil tener suerte. En alemán son tres palabras, Schwer Glück sein, y las tres aparecen con grandes luces de neón al inicio de Il tabarro y van cambiando de posición. En las otras obres de la trilogía solo aparece uno de los vocablos. En esta puesta en escena las tres óperas en un acto se desarrollan dentro de las mismas paredes, las cuales pueden ser más altas y más opresivas para explicar la estructura dentro de la que se desarrolla cada una de ellas, el trabajo, la culpabilidad, la familia. La escenografía es muy minimalista, hasta el punto de parecer pobre y gris aunque al final, en la comedia, hay una explosión de color y de disparate.

En Il tabarro, con un cargante paseo intermitente de figurantes al fondo del escenario, la puesta en escena ofrece poco margen a los cantantes para expresar sus emociones atormentadas. En Suor Angelica aparecen niñosen el escenario desde el principio y la protagonista, sin un brizna de hierba cerca, se suicida con los cristales de un cuadre. Todo resulta muy plano. Más que una comedia, Gianni Schicchi es vista como una carnavalada florentina con un personaje serio, el que da nombre a la ópera, mientras todos los demás van exageradamente disfrazados.

 

Una escena de 'Gianni Schicchi', en una producción de la Ópera de Viena. © Stephan Brückler

Una escena de ‘Gianni Schicchi’, en una producción de la Ópera de Viena. © Stephan Brückler

 

Esta producción de Il Trittico se estrenó el pasado septiembre y el barítono Carlos Álvarez tenía que de debutar los papeles de Michele (Il tabarro) y de Gianni Schicchi, pero tuvo que cancelar por causa de enfermedad. Lo ha hacho ahora en la segunda ronda de representaciones en febrero. Son dos papeles muy distintos con los que el barítono demostró su versatilidad interpretativa y su gran capacidad expresiva. En la primera ópera su Michele estaba lleno de humanidad y, en la última, Schicchi no era un personaje cómico ni un vivales. Era un hombre inteligente que condena a una familia avariciosa.

Con Álvarez también brilló la soprano Elena Stikhina que asimismo debutaba en los papeles de Giorgetta y de Suor Angelica, muy conmovedora en el último papel. La mezzosoprano Michaela Schuster era una potente Zia Principessa y una enérgica Zita en Gianni Schicchi. El tenor Joshua Guerrero fue un Luigi muy correcto, como la mezzo Monica Bohinec en el papel de madre abadesa. El Mio babbino caro de Florina Ilie se llevó muchos aplausos sin ser una gran interpretación como tampoco lo fue la de Bogdan Volkov en el papel de Rinuccio, su enamorado.

Philippe Jordan y la Orquesta de la Ópera de Viena dieron la vida musical que faltaba en una producción aburrida durante las dos primeras partes i demasiado alocada en la tercera. La intensidad dramática primero, y cómica después que Puccini dio a su música fue cosa de director y orquesta. Y sí, qué difícil es ser feliz cuando en una representación no todo funciona como debería.

 


Ópera vista el 14 de febrero.