Vivimos abrumados por toda clase de emergencias, desde la emergencia climática hasta la emergencia democrática. Propongo una cosa que de entrada sorprenderá, pero que pienso que es una buena idea: hagámonos amigos de las emergencias. De las dos anteriores y, también, de la emergencia lingüística que vive la lengua catalana en la ciudad de Barcelona, que es el tema de este artículo.

Lo que propongo de hacer es un préstamo, pero no un préstamo lingüístico, que, según el diccionario, es cuando un elemento lingüístico, sobre todo léxico, pasa de una lengua a otra y se integra en esta última, sino un préstamo de una idea desde la espiritualidad –que es poesía– a la política –que es prosa, ¿verdad?

El libro El poder del ahora de Eckhart Tolle es una de las obras más leídas y más interesantes de la espiritualidad contemporánea y se puede resumir en una frase: hazte amigo del momento presente. Pero ahora y aquí lo que más tenemos que subrayar de este autor es el elogio que hace de las situaciones de emergencia.

Resumo lo que dice: la gran mayoría de los seres humanos, a lo largo de la vida, solo conocen la plenitud personal cuando tienen que hacer frente a una emergencia, porque solo entonces viven del todo concentrados en el momento presente y le dedican la máxima atención, no divagan y despliegan lo mejor de ellos mismos.

De forma que no nos lamentemos y vamos al grano. De lo que se trata es de responder bien a algunas preguntas… y después actuar en consecuencia. ¿Cuál es la situación de la lengua catalana en Barcelona? El proceso político independentista, que empezó en 2010, ¿cómo ha influido? ¿Cuál queremos que sea a partir de ahora la situación del catalán en Barcelona? ¿Qué tenemos que hacer para lograrlo?

Como que uno de mis ámbitos profesionales es el periodismo, empezamos con un típico reportaje de calle. Situémonos en una de las nuevas superilles del Eixample, abramos bien los ojos y escuchemos atentamente.

Leemos: CARRER DE GIRONA. Vamos hacia arriba, hacia la montaña: CARRER DEL CONSELL DE CENT. Vamos hacia abajo, hacia el mar: CARRER DE LA DIPUTACIÓ. Más hacia abajo, que nos espera una avenida: GRAN VIA DE LES CORTS CATALANES. Como que la superilla todavía está en obras, leemos, también, este letrero ocasional: Preguem disculpin les molèsties. Todo, por lo tanto, escrito en lengua catalana y de forma indiscutiblemente correcta y legal. Correcta, porque gracias a Pompeu Fabra ya hace muchos años que nuestra lengua dispone de ortografía, gramática y diccionario y porque en Barcelona nadie discute la autoridad normativa de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans. Legal, porque estos letreros públicos están amparados por la legislación democrática vigente en materia lingüística, particularmente por la que regula los topónimos.

 

La lengua entera

¿Descenso del catalán en Barcelona? ¿Qué descenso? Deberíamos concluir, pues, que la situación del catalán en Barcelona es como la del inglés en Londres; pero sería una conclusión apresurada, está claro, porque lo que han visto nuestros ojos es únicamente el catalán oficial y la lengua entera es mucho más que la lengua oficial.

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Nos detenemos ahora a escuchar en qué lengua habla la gente que anda por la calle o està sentada en un banco o a la mesa de un restaurante. Sería muy curioso cuantificar cuántos hablan por el móvil y cuántos con alguien que está presente, pero ahora lo que nos interesa es solamente el idioma que usan. Pues es un hecho que la gran mayoría hablan en castellano, algunos en inglés y bien pocos en catalán. Entramos a una papelería y a un café y a una farmacia y constatamos que la situación idiomática es la misma que en la calle.

Continuamos en la superilla, pero ahora interactuamos. Una persona desconocida se dirige a nosotros –en castellano– preguntándonos cómo ir a la estación de metro de Verdaguer y contestamos –en catalán– y acabamos la conversación hablando los dos en catalán. Entramos a comprar una cosa primero en la papelería y después en la farmacia y, finalmente, tomamos un té en el Cafè del Centre, uno de los más antiguos de la ciudad. En todos los casos, nos expresamos en catalán y las dependientas y el camarero, a quienes hasta aquel momento solo habíamos oído hablar en castellano, nos contestan en catalán.

¿Qué tenemos que concluir? Pues que en las relaciones interpersonales, que son –atención– el ámbito de uso más importante de un idioma, el catalán no es ni una lengua viva ni una lengua extinguida: es una lengua sumergida. La mayoría lo conoce, pero no lo usa.

La situación del catalán en Barcelona oscila entre la plenitud idiomática en la toponimia y la precariedad en las relaciones interpersonales.

Es un hecho que, actualmente, la situación del catalán en Barcelona es diferente según el ámbito de uso y oscila entre las dos situaciones extremas descritas: la plenitud idiomática del catalán en la toponimia y la precariedad en las relaciones interpersonales.

 

Siempre malas noticias

De todas las lenguas del mundo, la nuestra es una de las más estudiadas desde la óptica sociolingüística. De forma que conocemos bastante bien cuál es la situación en los diferentes ámbitos de uso. Sabemos que es mejor en los ámbitos más próximos a la lengua oficial y es peor en los más alejados. Así, el uso del catalán es más bien alto en la Administración pública –en el Ayuntamiento, en la Diputación, en la Generalitat– y, también, en los colegios profesionales, pero es bajo en las empresas privadas. Aguanta bien en la radio desde hace tiempo, pero recula rápidamente en internet. Es todavía notablemente alto en las aulas de las escuelas, pero muy bajo en los patios. Y, desde hace años, las noticias sobre la salud del catalán son casi siempre malas noticias.

Los años del ‘procés’ y el post ‘procés’ han significado un retroceso claro para la lengua catalana.

Nos preguntábamos cuál es la situación de la lengua catalana en Barcelona y ya tenemos la respuesta: es de emergencia lingüística. En Barcelona y en toda Cataluña.

Nos preguntábamos también: el proceso político independentista, que empezó en 2010, ¿cómo ha influido? Hablemos de ello, pero ya podemos avanzar la conclusión de entrada: los años del procés y el post procés han significado un retroceso claro para la lengua catalana. El catalán siempre, y todavía ahora, paga los platos rotos. Desde 2010, el uso del catalán en la capital y en el país ha ido reculando de manera continua. La única «mejora» ha sido la frecuencia de uso de las palabras independencia, independentismo e independentista, que ha aumentado mucho.

 

Dos bloques

Antes del procés, existía un consenso político y social muy amplio en el sentido de compartir la idea de que la normalización del catalán es una causa justa. Consenso que venía de lejos: de la Assemblea de Catalunya. Ahora, en cambio, el antiguo catalanismo unitario se encuentra dividido en dos bloques, que hasta ahora han sido incapaces de unirse en defensa del catalán. Por un lado, básicamente, el PSC, En Comú Podem, Comisiones y la UGT; por otro,  sobre todo, ERC, el espacio post convergente y Òmnium.

La única «mejora» ha sido la frecuencia de uso de las palabras ‘independencia’, ‘independentismo’ e ‘independentista’, que ha aumentado mucho.

Pero el inventario de daños no termina aquí. Desde Barcelona y desde Cataluña, hemos desaprovechado los ocho años preciosos del gobierno valenciano de Ximo Puig y el gobierno balear de Francina Armengol, en que podíamos haber articulado una cooperación sólida para impulsar juntos la vitalidad de la lengua que compartimos.

Además, la actitud de la España castellana hacia el catalán y las otras lenguas periféricas es claramente peor ahora de la que era antes de 2010, porque, en términos generales, ha pasado de la incomprensión a la agresividad. En conclusión, pues, para la lengua catalana, el procés ha supuesto un retroceso.

Nos hace falta un discurso lingüístico del catalanismo adecuado al siglo XXI y una política lingüística lúcida. De lo que se trata es más que nada de actuar con inteligencia política. He aquí dos ejemplos, uno en positivo y otro en negativo.

Si comparamos la situación de partida, hace cuarenta años, del euskera en el País Vasco y del catalán en Cataluña, constataremos que la del catalán era mucho mejor que la del euskera; pero la lengua histórica de los vascos no ha reculado, sino que no ha parado de avanzar, aunque lentamente, y el catalán va hacia atrás, cada vez más rápidamente. Esto es así, sencillamente, porque las instituciones vascas y la sociedad vasca hace muchos años que actúan con inteligencia política a favor de la vitalidad del euskera.

Ahora el ejemplo en negativo. Ante la evidencia de la emergencia lingüística del catalán en el país, ¿qué han hecho Òmnium Cultural, la entidad que tiene como lema «lengua, cultura, país», y la Plataforma per la Llengua? Pues Òmnium ha hecho eslóganes y la Plataforma por la Lengua, denuncias. Parece un chiste malo, pero es así.

 

Refundar el consenso

Debemos identificar cuál tiene que ser la prioridad en el ámbito político para hacer frente a nuestra emergencia lingüística y, a la vez, identificar la prioridad en la vida cotidiana. Simple y llanamente: qué tienen que hacer «los políticos» y que tiene que hacer «la gente». Pues, a partir de todo lo que hemos dicho hasta aquí: los dirigentes políticos y sociales tienen que refundar el consenso a favor de la normalización del catalán y la gente tiene que usar más el catalán.

Por cierto, ¿qué hay que hacer con el inglés y con el castellano? Francamente, no hay que hacer nada especial. El inglés es la lengua mundial y todo el mundo lo sabe, la gente de aquí y de todas partes, sobre todo las nuevas generaciones, o ya domina el inglés o aspira a hacerlo. El castellano en la Cataluña actual es una lengua que todo el mundo conoce y que nadie quiere desaprender y –todavía más importante– forma parte de la media docena de lenguas más habladas del planeta. La contribución que tenemos que hacer los catalanes, los valencianos, los baleares y los andorranos a la conservación del patrimonio lingüístico de la humanidad es, específicamente, la defensa de la lengua catalana.

¿Cuál tendría que ser el marco y cuáles los actores a la hora de refundar el consenso lingüístico? Un marco de país y –muy importante– muchos marcos locales. ¿Los actores? Las instituciones políticas, evidentemente, pero también los partidos y los principales actores del ámbito civil.

 

Empezando por Òmnium

Finalmente, para promover un aumento sustancial del uso del catalán en el ámbito decisivo de las relaciones interpersonales, solo haría falta que desde el asociacionismo, empezando por Òmnium, se multiplicaran los talleres de cambio lingüístico personal, una cosa que ya hace tiempo que ha sido inventada, pero que se ha implantado muy poco, y que son una herramienta de fomento del uso –oral y escrito– del catalán en las relaciones personales en todos los ámbitos de la vida cotidiana. Es realmente mucha la gente que dice sinceramente que quiere usar más el catalán, pero que necesita este pequeño empujón para conseguirlo.

Para poner punto final, terminemos con una frase alentadora de Pompeu Fabra: «Nunca hay que abandonar ni la tarea ni la esperanza».