En octubre de 1999, ahora hace 25 años, los resultados de las elecciones austríacas asustaron a buena parte de los países europeos. El partido de extrema derecha FPÖ (Freiheitliche Partei Österreichs – Partido austríaco de la Libertad) quedó en segundo lugar, con un 26,9% de votos. El líder del partido, Jörg Haider, había ido ganando espacio y visibilidad pública como gobernador de Carintia, pero especialmente por sus discursos antisemitas, islamofóbicos y xenófobos, acompañados siempre de elogios al nazismo y de minimización del Holocausto y del papel que en él tuvo Austria.

De hecho, en campaña electoral, había utilizado el eslogan Überfremdung (superpoblación de extranjeros), un término que había sido utilizado por el ministro nazi de propaganda, Joseph Goebbels. La posición clave del FPÖ para conformar gobierno conmocionó al resto de países, y las reacciones de rechazo no se hicieron esperar. La presidencia portuguesa aprobó una declaración en nombre de los 14 socios comunitarios anunciando que se congelarían las relaciones bilaterales con el país si el partido de Haider entraba en el gobierno austríaco. La Comisión Europea emitía un comunicado que apoyaba esta posición y recordaba su papel como defensora de los Tratados y de los principios fundamentales de la Unión: libertad, democracia, respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales y Estado de derecho.

Por una mayoría muy amplia, el 3 de febrero de 2000 el Parlamento Europeo aprobaba una resolución condenando la entrada del FPÖ en el gobierno austríaco, señalando que este acto «legitimaba la extrema derecha en Europa». El entonces ministro de exteriores belga, Louis Michel (padre del actual presidente del Consejo Europeo, Charles Michel), declaró que era demasiado simple decir que había que mantener a Austria dentro de Europa a cualquier precio, y que el proyecto europeo podría continuar muy bien sin ese país. En febrero de 2000, el partido de Jörg Haider entraba a formar parte de un gobierno de coalición, apoyando al Partido Popular austríaco (ÖVP). Poco después, Jean-Marie Le Pen llegaba a la segunda vuelta de las elecciones francesas, donde su rival, el finalmente presidente Jacques Chirac, se negó a debatir con él por considerar horribles sus posicionamientos. En 2017, cuando la extrema derecha volvió a entrar en el gobierno austríaco, la Comisión Europea y el resto de los socios europeos guardaron silencio. En poco menos de veinte años, el escenario europeo había cambiado completamente, y a nadie parecía preocuparle.

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