Ahora hará quince años de la aprobación de la Ley de Educación de Cataluña (LEC), uno de los hitos más relevantes de la política educativa del autogobierno catalán, con la singularidad de haber sido aprobada con los votos de la mayoría gubernamental y del principal partido de la oposición. En el marco del debate educativo actual puede ser de interés releerla y hacer un balance de su aplicación desde que entró en vigor.

La voluntad de la ley era construir una escuela catalana renovada que sirviera para poderse adaptar a las necesidades generadas por los cambios —turbulencias incluidas— que ya intuíamos que nos afectarían y sacudirían con un impacto directo en la formación de la ciudadanía, que pediría nuevos saberes, nuevas competencias y nuevas maneras de aprender. Con la convicción de que las normas difícilmente pueden seguir el ritmo de los cambios, se planteó una ley adaptativa, con el objetivo de proporcionar herramientas de gestión a los centros educativos, y no tanto de establecer cómo se tenía que enseñar ni qué se tenía que enseñar. En definitiva, lo que se pretendía era crear las condiciones para que la enseñanza se pudiera llevar a cabo de manera correcta y efectiva.

Justo cuando se estaba acabando de debatir la ley estalló la gran crisis económica que supuso fuertes recortes a los recursos públicos disponibles, dificultando la aplicación de muchas de las medidas de la norma. Entretanto, se estaba produciendo uno de los cambios demográficos más importantes que ha vivido nuestro país, ocasionado por un flujo migratorio que en los primeros veinte años del siglo se ha saldado con un millón más de habitantes procedentes de la inmigración. Obviamente, los niños y adolescentes de esta avalancha de personas recién llegadas han necesitado una atención educativa especial. Si a este fenómeno añadimos el impacto posterior de la crisis sanitaria de la covid-19, que ha afectado a todos los países, es evidente que el sistema educativo se ha visto tensado hasta el límite, evidenciando sus limitaciones y carencias para adaptarse a situaciones de estrés y alterando el funcionamiento normal.

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