El motivo que impulsa a aquellas personas que han conseguido grandes éxitos económicos y profesionales a apoyar el arte es contribuir al desarrollo cultural de sus países. Tanto da si el país en el que despliegan su actividad tiene más o menos tradición de mecenazgo; lo esencial es que contribuirán, con su tiempo y sus aportaciones económicas, a mejorar la oferta cultural de sus ciudades. El prestigio que confiere el arte a quien lo tiene es tan grande que resulta difícil no caer en la tentación de prestar apoyo a las causas artísticas. La sociedad civil está constituida no solo por las clases dirigentes de un país, sino también por aquella parte de la sociedad que se siente comprometida a promover la cultura.

Si nos centramos en el caso de Barcelona, veremos que es tan determinante para la ciudad el Ateneo Barcelonés como el Gran Teatro del Liceo, el Palau de la Música o la Fundación Joan Miró. Sería interesante disponer de un mapa de la sociedad civil para advertir la importancia de la contribución que ha hecho a Barcelona. Podríamos ver así que tanto el Gran Teatro del Liceo como el Palau de la Música, el MACBA, el MNAC, la Fundación Joan Miró, la Fundación Tàpies, el Ateneo Barcelonés, la Fundación Vila Casas, la Fundación Suñol, la Sagrada Familia o el CaixaForum son producto del impulso de la sociedad civil y de la capacidad de tender puentes con el sector público.

Vivimos un momento en el que se empieza a poner en evidencia que hay que impulsar una redefinición, una actualización de la sociedad civil para afrontar los nuevos retos que tiene ante sí Barcelona; proyectos como el impulso de la montaña de Montjuïc, el litoral, la avenida del Paralelo, el 22@ o el parque de la Ciudadela serán definidos por la sociedad civil. Poca importancia tiene la ideología a la hora de impulsar nuevos proyectos culturales o deportivos, como ha ocurrido con la elección de Barcelona como sede de la Copa América.

 

Un espacio común

Se trata de volver a recordar que la Barcelona Olímpica fue producto de visiones políticas diferentes como las de Juan Antonio Samaranch, Narcís Serra, Pasqual Maragall, Josep Miquel Abad, Carles Ferrer Salat o Leopoldo Rodés. La alianza entre el sector público y el privado siempre ha existido, pero en los últimos años ha sido cuestionada. Lo que hay que resaltar es que no habría sido posible la Barcelona que hoy habitamos sin el concurso del sector privado. La cuestión que se ha discutido es si lo privado debe inmiscuirse en lo público, sin entender que lo público no puede prescindir de lo privado. La importancia de lo privado, tanto si procede de la base —trabajadores, sindicatos, emprendedores— o desde el ámbito empresarial, radica en el hecho de que nace de intereses que necesitan un espacio común para expresarse.

Si miramos la historia de Barcelona en los siglos XIX y XX llegamos a la conclusión de que es el resultado de la actuación de la sociedad civil.

Los próximos años serán decisivos para el sector cultural de Barcelona. Se tendrán que afrontar planes para Montjuïc o el Paralelo, dotar de protagonismo potencialidades empresariales basadas en cultura e impulso económico, identificar nuevas ofertas culturales, potenciar la cultura y el desarrollo urbanístico para aprovechar y rentabilizar la ubicación geográfica, como es el caso de Montjuïc, la buena conectividad telemática, la presencia de agentes de gran poder de atracción económica como el puerto de Barcelona, la Feria de Barcelona, Mercabarna, el Consorcio de la Zona Franca y el rico patrimonio cultural arquitectónico. El sector privado, es decir, la sociedad civil, puede identificar su gran valor estratégico para definir nuevos proyectos y para ayudar a potenciar otros, como la Fundación Miró. El ejemplo de Montjuïc sirve para señalar que, sin la aportación de la sociedad civil, su futuro quedará comprometido y se puede perder la cita de 2030, cien años después de la exposición universal de 1929.

 

Nuevas alianzas

En los próximos años, la sociedad civil tendrá la oportunidad de volver a participar más activamente en el desarrollo cultural de la ciudad. Tendrá que identificar áreas de desarrollo y establecer nuevas alianzas entre sectores como el turístico, el deporte, la tecnología, la educación y la ciencia para consolidar el proyecto de crear la Barcelona del futuro. En los próximos años, con ejemplos como el impulso del litoral de Barcelona o el puerto de Barcelona, veremos crecer la oferta cultural, entendida como la mejor manera de volver a proyectar la ciudad hacia el mundo. Asistiremos a un gran pacto de ciudad a favor de la cultura.

El sector público y el sector privado acordarán la gobernanza de las instituciones públicas; identificarán nuevas formas de colaboración para conseguir un modelo de ciudad más próspero. La ciudad es un producto de la Historia; si miramos la historia de Barcelona en los siglos XIX y XX, llegamos a la conclusión de que es el resultado de la actuación de la sociedad civil.