La combinación de la pandemia del covid-19, la guerra de Ucrania y la crisis climática ha puesto en evidencia que algunas certezas aparentemente consolidadas no eran tan firmes como se pensaba. En los últimos 50 años, principalmente en los países desarrollados, se había asumido como un hecho irrefutable que los sistemas alimentarios podían proporcionar alimentos a la sociedad, en cantidad, calidad y diversidad, y hacerlo, además, de modo asequible.

En los países desarrollados, no tanto en los que están en vías de desarrollo, esta hipótesis ya no es tan cierta. Fenómenos como el covid-19 y el confinamiento han convertido la alimentación y la garantía del suministro en una de las preocupaciones centrales de la sociedad, juntamente con la salud. La guerra de Ucrania y sus consecuencias han convertido la alimentación en un vector geopolítico de primera magnitud por el hecho de que Rusia y Ucrania son los principales productores de trigo, cebada, maíz y aceite de girasol. La guerra está creando enormes disrupciones en la cadena alimentaria de suministros.

Al mismo tiempo, Rusia es uno de los principales productores de fertilizantes, una materia prima esencial para las cosechas que está suponiendo incrementos sustanciales en los costes de los agricultores que ya se están trasladando a los precios de los productos alimentarios.

Finalmente, el cambio climático está teniendo un impacto catastrófico en algunos países. India acaba de prohibir las exportaciones de cereales, lo que dificulta el acceso a los alimentos en otros países, a causa de las altas temperaturas del mes de mayo que pusieron en peligro sus cosechas. Marruecos, Canadá o California disminuyen igualmente su producción por la sequía y otros fenómenos meteorológicos adversos que también han afectado a Sudáfrica y Argentina.

Según un estudio de McKinsey estas disrupciones seguirán hasta el 2024. Pese a ello, la FAO estima que la producción mundial de trigo crecerá en 2022 hasta los 782 millones de toneladas. Esta previsión tiene en cuenta un descenso del 20 % en la superficie de cosechas de Ucrania. El pronóstico positivo recoge las expectativas de Brasil, que se encamina hacia una cosecha récord de 116 millones de toneladas en 2022, y también de Argentina.

 

Inestabilidad alimentaria y social

A principios de la década de 1990, tras la desintegración de la antigua Unión Soviética, la región era importadora neta de cereales. En la actualidad, las exportaciones de Rusia y Ucrania representan alrededor del 12 % del total de calorías comercializadas en el mundo. Los dos países se encuentran entre los cinco principales exportadores mundiales de muchos cereales y semillas oleaginosas importantes como el trigo, la cebada, el girasol y el maíz. Ucrania también es una fuente importante de aceite de semilla de girasol y abarca alrededor del 50 % del mercado mundial.

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