Xavier García Albiol, alcaldísimo de Badalona, cuyo grupo municipal duplica en el salón de plenos la suma de todos los demás de partidos con representación, es una de las figuras más insólitas y longevas de la política catalana reciente. Según su perfil oficial, nació en 1967 en Badalona y es, concisamente, graduado en Derecho (2022) y padre de dos hijos (que, como su vida privada, ha mantenido meticulosamente fuera de los focos).

El político conservador hace treinta y dos años que es cargo electo, desde que en 1991 fue elegido concejal en solitario por el PP; durante este tiempo ha desarrollado una carrera atípica con tenaz regularidad y exitosa intuición política. Es elegido concejal con 23 años: hacía tres que se había hecho militante de una joven formación con raíces en el No-Do, aquel PP nacido cínicamente de las cenizas de la Alianza Popular de Manuel Fraga. A algunos les cayó en gracia aquel joven candidato, sus 2,02 metros de altura, su peculiar dicción y una sobreactuada afición a ponerse la corbata.

La fórmula García Albiol se basa en la campaña permanente, la flexibilidad ideológica, el uso caprichoso e interesado de la marca PP, la agresiva política de comunicación (siempre bien surtida de polémicas) y la conexión emocional. Tiene, sin embargo, un factor singular que ha hecho imposible su réplica en otras ciudades: la debilidad intrínseca del PSC en el municipio, inmerso entre la segunda mitad de los 90 y la primera de los 2000 en una sangrienta guerra interna.

Esta historia empieza muchos años antes en la Morera, un barrio pequeño y familiar que desde los años 20 fue trepando entre el torrente de la Font y la riera de Pomar. Xavier García Albiol es hijo de una familia trabajadora, sin un interés especial por la política: su padre nació, como muchos otros badaloneses, en Vélez Blanco (Almería) y llegó a Cataluña en la década de los 60. En Badalona se casó con una vecina con raíces en el pueblo de Godall (Montsià), bien conocida en el barrio como la peluquera de confianza de muchas de las abuelas de la zona.

Albiol estudió en la escuela Àngelus, el precedente de la actual escuela pública Salvador Espriu, donde votó durante muchos años y donde su madre ha sido apoderada del PP desde hace décadas. (Nota a pie de página: la escuela Àngelus estaba en la línea de las escuelas de pedagogía activa del entorno del CEPEC). Antes de cumplir los 18 años, ya apunta un cierto interés por la cosa pública: su servicio de prensa difundía hace un tiempo que, siendo adolescente, ya había escrito en la prensa local pidiendo, no la paz en el mundo, sino… ¡mejoras en el parque infantil de delante de su casa!

El joven García Albiol aprovecha su estatura para hacerse un sitio en las categorías juveniles de la Penya (concretamente en el juvenil y el junior del 84 al 87); una afición al baloncesto, y en parte un círculo de amistades, que mantendrá siempre. A su perfil deportivo, pronto sumará un corazón perico y la afición a los deportes náuticos.

Se mueve con habilidad en las dos Badalonas (la del baloncesto y la del barrio), con un bilingüismo natural y una fluida sociabilidad que le viene por vía materna.

Sea como fuere, García Albiol se mueve con habilidad en las dos Badalonas (la del baloncesto y la del barrio), con un bilingüismo natural y una fluida sociabilidad que le viene por vía materna. Aquel joven voluntarioso aprende rápidamente las convenciones de la política en su vertiente más teatral, sin mostrar ni una especial fiebre ideológica ni una especial originalidad más allá del argumentario oficial del partido. Todo un profesional.

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Primera polémica

Pero García Albiol tiene algo diferente, y eso ya se ve poco tiempo después de ser escogido concejal por primera vez. El joven político salta a todos los titulares con un escándalo mediático avant-la-lettre. En 1994, el Ayuntamiento en pleno aprobó la regulación de las parejas de hecho, y al joven concejal no se le ocurrió otra cosa que comparar la unión entre personas del mismo sexo con la práctica de «tener una mascota». Todo un escándalo en la una sociedad catalana en pleno proceso  de reconquista de derechos, cuyo rastro, sin embargo, cuesta encontrar hoy en día en las hemerotecas.

En aquellos primeros años en la política institucional, Xavier García Albiol ya cuenta con la complicidad y la compañía de Ramon Riera Macià, una figura leal que ejerce una gran influencia en él y, este sí, con un rocoso y seco perfil ideológico conservador. Es el otro concejal que unos años más tarde veremos en los titulares a raíz del escándalo fiscal de los papeles de Pandora.

A lo largo de la década de los 90 y hasta bien entrada la del 2000, Xavier García Albiol va haciendo crecer su grupo en el municipio, al tiempo que se va formando en comunicación política (ha hecho varios seminarios en la Universidad George Washington en 2004, 2006 y 2012). Va ganando peso, también, en el Partido Popular catalán, donde debe haber hecho casi todos los papeles posibles.

Es la época en la que el ex alcalde Màrius Diaz, fallecido hace unas semanas, se exaspera en privado por el juego que le da Joan Blanch, el político socialista que buscaba aliados en su guerra de posiciones con el PSUC y que, poco después, habría de derivar también en un enfrentamiento con su propio partido: Xavier García Albiol lo aprovecha para ganar visibilidad y recursos en el grupo municipal, mientras el PSC inicia su guerra civil fratricida.

 

El Gorg, Zona cero

Pero el momento crítico en la carrera de Xavier García Albiol se produce en 2007, que es cuando culmina el cambio estratégico iniciado poco tiempo atrás. Es el endurecimiento de su imagen. En 2006 se anticipa al incidente que protagonizó hace unas semanas Ignacio Garriga, de Vox, en un mitin en Badalona (precisamente) y le asesta un puñetazo televisivo a un manifestante que protestaba en un acto del PP. «El Partido Popular le había dado permiso a su candidato de Badalona para experimentar con un discurso explícitamente ‘lepenista’ y la cosa había salido bien. García Albiol estaba bien asesorado», escribía Enric Juliana en este mismo medio hace un par de años.

En esta etapa entra en contacto con Iván Redondo, el spin doctor que, años más tarde, acabará acompañando a Pedro Sánchez a la Moncloa. Pese a que muchas informaciones sitúan a Redondo detrás de las campañas de 2011 y 2015, en realidad la única en la que trabaja directamente es la de 2007, que es la implica de verdad un cambio estratégico con el acento puesto en la seguridad y la inmigración. En 2009, Albiol sorprende a todo el mundo con un video electoral (¡pese a que faltan dos años para las elecciones!) tremendista y estigmatizador en el que describe una zona pendiente de transformación urbanística del Gorg como territorio de guerra.

En 2010 sube la apuesta con unos folletos en los que pide la expulsión de la comunidad rumana, hecho por el que es denunciado.

Poco tiempo después, en 2010 sube la apuesta con unos folletos en los que pide la expulsión de la comunidad rumana, hecho por el cual es denunciado (desde Amnistía Internacional a ICV, pasando por la propia Fiscalía). La dirección del partido acaba pidiendo disculpas, pero lo hace derramando lágrimas de cocodrilo, porque, un año más tarde, Albiol se pasea por la Salut —donde poco después abrirá una «oficina» electoral— con la diputada de Sarkozy Marie-Thérèse Sanchez-Schmid: «Nadie quiere expulsarlos. No es lo ideal, pero si no se integran, hay que buscar una solución», dice la diputada rodeada de una nube de medios y de gritos poco edificantes del vecindario. El eslogan que utiliza Xavier García Albiol en 2011 es un revelador: «Muchos lo piensan, yo lo digo». García Albiol jugando a ser un indignado (era el momento del 15M), pero desbordando el movimiento mediante un populismo impregnado de xenofobia.

 

2011, Alcaldía y ‘procés’

Xavier García Albiol gana finalmente las elecciones de 2011 con un planteamiento de campaña en el que hace falta una lupa para encontrar el logotipo del partido. Gobernará Badalona gracias a CiU, que decidirá no participar en una alternativa que habría bloqueado aquella primera alcaldía (aduciendo que acabará estrellándose en poco tiempo y que arrebatarle la vara de alcalde todavía lo hará más grande). Pese a que el desgobierno es evidente en su mandato (dimisiones, ceses, denuncias y escándalo mediáticos), no es menos cierta su habilidad para aislarse del ruido y seguir jugando unas cartas que combinan el victimismo, la fanfarronería y una prodigiosa habilidad para navegar. Aquel primer gobierno Albiol sobrevivirá a los primeros compases del procés, y salvará la situación pasando de puntillas por un 9N «tolerado» en la ciudad.

 

2015, ‘Limpiando Badalona’

Pero Xavier García Albiol necesita dar gas a fondo: la aceleración del procés (y el desgaste del partido que le permitió conseguir la alcaldía en 2011) le obligan a buscar la mayoría absoluta. Y así aparece el Limpiando Badalona: el provocador eslogan es un éxito y un fracaso al mismo tiempo. La polarización le hace creer, pero lo aísla en el Salón de plenos. Pocos contrastes en Cataluña como el de aquel sábado de junio de 2015: de Xavier García Albiol a Dolors Sabater.

Son, también, los momentos de un cierto duelo personal y de abrir nuevos caminos. Pronto le llega una oferta que le incomoda pero que no puede rechazar. Cansado y arrinconado por el frente de izquierdas, acepta dar el salto a la política catalana en el momento álgido del procés de octubre. Saca los peores resultados del partido e histriónicamente sale a dar su apoyo a la policía nacional en Calella al día siguiente del 1 de octubre. Aquella sobreactuación saca el foco de su ámbito de especialización, la ciudad de Badalona. Termina dejándolo y, como él mismo reconoce en una chocante entrevista con Gabriel Rufián, rechaza hacer carrera fuera de la ciudad y pide volver. Hay en aquel momento ciertas incomodidades en el grupo municipal y algunos empiezan a hablar de relevo. Se presenta maquinalmente en 2019, consciente de que tiene lejos la mayoría absoluta y de que el acuerdo amplio de izquierdas lo condenará. Lo hace casi en piloto automático.

Es un solvente representante de la política-espectáculo, que conecta emocionalmente con las inquietudes y temores de la ciudadanía.

Pero el mandato 2019-2023, que había de servir para su relevo, implica en realidad su renacimiento: llega a la alcaldía después del escándalo de Àlex Pastor (el alcalde del PSC detenido en pleno confinamiento), que obliga a la ciudad a celebrar un nuevo pleno de investidura de desenlace inesperado. En aquel pleno, García Albiol tiene que rehacer el discurso que traía escrito de casa (no imaginaba que las izquierdas al final no se pondrían de acuerdo) y acaba tomando la vara de alcalde más perplejo que emocionado. Cuando justo ha pasado un año, el escándalo sobredimensionado por la oposición en torno a los papeles de Pandora y su sociedad off-shore no declarada (un asunto poco estético, pero judicialmente inocuo) hace el resto. Los demás partidos se ponen de acuerdo en una moción de censura y lo envían de nuevo a la bancada de la oposición. García Albiol no desaprovecha la ocasión para sacar partido de su papel de víctima y al día siguiente continúa como si nada su campaña permanente. Por cierto, la ciudad habrá vivido desde 2015 seis plenos de investidura, con cambios en el gobierno y en el organigrama municipal.

 

El «badalonismo», el último truco

El «badalonismo» es el último truco de Xavier García Albiol, truco exitoso por incomparecencia de la oposición (ahora mismo, en un angustioso knock-out) y por la desmemoria tan propia del momento. García Albiol se ha presentado —y así ha conseguido convencer— como una persona «nueva» que podía hacer funcionar un ayuntamiento colapsado, obviando mágicamente que durante los últimos diez años ha gobernado más de seis, y que de su etapa de gestión queda un recuerdo más bien pobre (algo comprobable en el portal de licitaciones) y unas decisiones más que controvertidas en la gestión y control de los recursos públicos.

¿Cuál será el García Albiol de los próximos cuatro años? ¿Corre el riesgo de ser inhabilitado (tiene una causa abierta, aparentemente menor)? El alcalde de Badalona ha dicho y repetido que sabe quién le ha votado, y que tiene voto prestado de casi todos los colores que decoraban los carteles electorales. Y que gobernará para todo el mundo, por tanto. La agenda conservadora se colará por debajo: ¿privatizaciones de servicios?, ¿estigmatización de colectivos?, ¿falta de transparencia? Podemos contar con ello, pese a que muy probablemente intentará confrontar más bien poco e ir tirando… lo que en su caso es cualquier cosa menos confiarse.

¿Es un cínico oportunista con poca ideología? ¿Un populista xenófobo y agresivo? En realidad, en la carrera de Xavier García Albiol vemos pistas (y combinaciones) de un descriptor y del otro. Es, en todo caso, un solvente representante de la política-espectáculo, que conecta emocionalmente con las inquietudes y temores de la ciudadanía; alguien que, más allá de las simplificaciones, ha tenido la habilidad de utilizar instrumentalmente y sin demasiados escrúpulos lo que le ha hecho falta; eso sí, con una capacidad de resistencia prodigiosa.