Joan Miquel Vilardell, un experto de la consultora ALG especializado en el desarrollo de infraestructuras en el continente africano, no salía de su asombro por lo que le mostraba un fondo institucional de inversión africano. Habían contratado a la consultora para la redacción de los pliegos para la selección de un epecista (del inglés Engineering, Procurement and Construction, EPC) que realizaría el diseño y la construcción de una nueva terminal de pasajeros en un aeropuerto del África occidental. El fondo quería acometerlo mediante un acuerdo con China y, como toda especificación técnica, como si se tratara de aquellos ya caducos dosieres fotográficos que lo mismo servían para elegir el vestido de boda o el féretro para un familiar fallecido, los chinos les habían entregado un sencillo catálogo con ejemplos de aeropuertos.

Las fotos se correspondían con terminales aéreas ya ejecutadas en China, relucientes y modernas, toda una tentación para los administradores aeroportuarios africanos habituados a la decadencia y el abandono de sus edificios e instalaciones. Semejante simplicidad para el establecimiento de unas prescripciones técnicas mínimas podría explicar algunas de las deficiencias operacionales que un viajero especializado es capaz de percibir en las nuevas, florecientes y caras infraestructuras aeroportuarias desarrolladas por China a lo largo y ancho de África.

A los mandatarios de Angola les debió atraer para el nuevo aeropuerto de Luanda una de aquellas fotos: un edificio magnífico, acristalado, descomunal, todo modernidad. Es fácil imaginárselos señalándolo, afirmando que aquél y no otro sería el edificio que los chinos construirían para desarrollar un gran hub en la capital de Angola. Es conocida la propensión de muchos gobiernos por hacerse con un hub, como si de ello dependiera su propio prestigio y existencia. Con la construcción del edificio bien avanzada, alguien de pronto se percató de un pequeño matiz: aquella esplendorosa mole era una terminal para vuelos domésticos construida en alguna ciudad china tan inmensa como desconocida para los funcionarios angoleños, nada más alejado de las características requeridas en un edificio destinado a ser un hub para vuelos internacionales.

China, aprovechándose de la crisis financiera de 2008, que castigó singularmente a los países occidentales y dejó a la mayoría de los bancos multilaterales más preocupados por el rescate de una ingente cantidad de entidades financieras que por destinar recursos a países en desarrollo, protagonizó un giro estratégico fundamental en su política expansiva con la puesta en marcha de un agresivo plan de ayuda financiera para el desarrollo de infraestructuras en África.

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