La constatación de que vivimos en una sociedad con poca afición a la lectura no es una novedad. Sin embargo, el hecho de que nuestros niños, a pesar de dominar la mecánica lectora, experimenten problemas de comprensión es una cuestión que merece una reflexión profunda. De entre los diferentes desafíos educativos actuales, garantizar que los niños y jóvenes puedan interpretar lo que leen (y, por lo tanto, comprender el mundo que los rodea) es uno de los retos más relevantes. La preocupante cifra de que el 13,9% de los alumnos finalice la primaria sin entender lo que lee pone de manifiesto la necesidad de un análisis crítico. A pesar de haber detectado una ligera mejora global en las competencias lingüísticas en las últimas pruebas del Departament d’Educació, la comprensión lectora sigue siendo un ámbito sensible: al finalizar 6.º, 1 de cada 7 niños catalanes se encuentra en el rango más bajo, y esto puede ser determinante para su futuro no solo académico, sino también personal, social y profesional.

Este dato se refuerza con los resultados del informe PIRLS 2021, que nos vuelven a hablar de la preocupante situación de la comprensión lectora en nuestro país. En esta evaluación internacional de la competencia lectora de los alumnos de cuarto de primaria, publicada el pasado mas de abril, Cataluña, con 507 puntos, se situaba catorce puntos por debajo de la media española (521), superando solamente a Melilla y Ceuta. En comparación con el informe PIRLS de 2016, Cataluña experimentó una regresión de 15 puntos (equivalentes a un atraso de medio curso académico aproximadamente).

Los datos de secundaria tampoco son esperanzadores. Según el último informe PISA, España se encuentra por debajo de la media europea, con Cataluña como la cuarta comunidad autónoma con peores resultados en lectura, al registrar una caída de 22 puntos.

Todos los estudios coinciden en mostrar una realidad preocupante: hay alguna deficiencia en la adquisición de la competencia lectora de nuestros niños y jóvenes. Pero no solo esto. Todos los estudios también hacen visible una segunda evidencia: existe una desigualdad notable de resultados en lectura en función del perfil socioeconómico de los niños o, dicho de otro modo, los niños en situación de vulnerabilidad social son menos lectores y, consecuentemente, menos competentes en este ámbito. Esta segregación intensifica las desigualdades y recalca la necesidad de implementar medidas específicamente dirigidas a aquellos niños que disponen de menos oportunidades en el entorno más próximo.

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