NARCÍS SERRA
El precursor de la Barcelona olímpica

Asumir la vara de la alcaldía, en un contexto tan extremamente complejo como es la transición de la dictadura a la democracia, puede llegar a ser toda una prueba vital para un joven de 36 años como era Narcís Serra en 1979.

Ganadas con comodidad las primeras elecciones municipales democráticas, el nuevo alcalde se enfocó desde el primer momento hacia una gestión de contingencia, centrada en la reparación de daños y en la solución de los problemas financieros que arrastraba la administración municipal. Pero también tuvo la visión y la capacidad de tejer complicidades, necesarias para establecer las bases del futuro desarrollo de Barcelona, abriendo las puertas al rico y dinámico tejido asociativo de la ciudad, y dar respuesta a las demandas vecinales y de los barrios.

Por lo tanto, como diría Joseph Nye (2011), con un liderazgo pragmático, combinando elementos de carácter transaccional con los inspiradores, el alcalde Serra fue clave en la transición hacia la nueva era de apertura y de crecimiento económico, preparando el terreno para el éxito que vendría después, puesto que fue él quien propuso que los Juegos Olímpicos de 1992 se celebrasen en Barcelona. Su mandato, pues, hizo de puente entre la etapa de transición política que vivía Barcelona y el periodo de crecimiento que se viviría con Pasqual Maragall.

 

PASQUAL MARAGALL
El mejor alcalde de Barcelona

 Con el peso de los años de la dictadura todavía muy presente, a principios de los años 80 Barcelona era una ciudad desordenada, con desigualdades territoriales y con una carencia notable de equipamientos y servicios. Hacían falta reformas urgentes y profundas que contribuyeran a mejorar el nivel y la calidad de vida de la ciudadanía. Pero, sobre todo, se tenía que trabajar con urgencia para mejorar la autoestima y el orgullo barcelonés.

Para leer el artículo completo escoge una suscripción de pago o accede si ya eres usuario/suscriptor.