Gracias a los jueces del Tribunal Supremo que nombró a Donald Trump, el ex presidente y candidato republicano tiene posibilidades de librarse de la acción de los tribunales, que le persiguen por 91 delitos en cuatro procesos penales. El instrumento utilizado por los seis magistrados conservadores sobre nueve --tres de ellos nombrados directamente por Trump-- es el control del calendario judicial a través de la resolución de los recursos de la defensa. Si logran llegar a la fecha de las elecciones, el 5 de noviembre, sin condena firme, el objetivo de la exoneración se habrá logrado. Esta es la segunda vez que el Supremo interviene de forma decisiva en una elección presidencial, como ocurrió en 2000 cuando interrumpió el recuento de votos en Florida antes de que el demócrata Al Gore se situara por delante del republicano George W. Bush.

El actual Tribunal Supremo, excepcionalmente decantado a la derecha, es el fruto más notable recogido por los republicanos de la presidencia de Trump y de su capacidad de manipular las instituciones representativas sin contar con mayorías sociales. Barack Obama no pudo nombrar al juez progresista que le correspondía cuando murió el conservador Antonin Scalia, gracias al boicot de los republicanos, que pospusieron el nombramiento para después de la elección presidencial. En cambio, cuando murió la progresista Ruth Bader Ginsburg, en el último año de la presidencia de Trump, los republicanos hicieron exactamente lo contrario y se apresuraron a nombrar a una juez conservadora.

En condiciones de normalidad, el Supremo contaría con una correlación de fuerzas de 5 a 4 en favor de los conservadores, la más habitual en la historia del tribunal, que da lugar a sentencias y votaciones más complejas y equilibradas. Ahora en cambio los jueces conservadores pueden devolver el favor de su nombramiento en ese cargo vitalicio con resoluciones descaradamente políticas en favor de Trump. «Este es un tribunal que hace política, cuyas decisiones están más motivadas por el oportunismo y la ideología de sus miembros que por una lectura consistente de la ley», ha escrito Roger Senserrich en su libro recién publicado Por qué se rompió Estados Unidos. Populismo y polarización en la era de Trump (Debate).

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