Aparentemente todo sigue igual. Se podría creer que en Cataluña continúa vigente lo que decía Fèlix Millet en 2009 a modo de excusa tras descubrirse el embrollo del caso Palau (somos 400 familias que estamos en todas partes, en palabras textuales o aproximadas, da igual), pero no mentiremos si decimos que Cataluña vive una situación de crisis inimaginable hace diez años, cuando se empezó a poner en marcha el gran salto hacia delante del procés. Más allá de saber —o de constatar— si se han perdido posiciones respecto a Madrid, por ejemplo, ahora la cuestión central es la falta de liderazgo, de voces y de referencias. No me refiero únicamente al Gobierno, una institución que conviene tener aunque actúe precariamente.

Tres imágenes de los últimos tiempos retratan momentos que nos ayudan a entender la situación del país en este delicado capítulo de los liderazgos:

– 2 de junio de 2021. Más de 200 organizaciones empresariales convocadas por el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, reclaman que el Gobierno de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona apoyen la ampliación del aeropuerto del Prat planteada por AENA. La realidad es que el Gobierno de la Generalitat no avala el acuerdo y desautoriza la negociación del vicepresidente Puigneró, representante del alma convergente, con el ejecutivo central.

– 20 de noviembre. Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, recibe al expresidente de la Generalitat Jordi Pujol en el palco del Camp Nou. Es algo de un alto nivel simbólico, dada la importancia del Barça en el imaginario colectivo catalán, pese a que el club viva uno de sus peores momentos. Pujol en proceso de rehabilitación.

– 22 de noviembre. Joan Canadell, expresidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, interviene en el debate de presupuestos del Parlament, como diputado de Junts per Catalunya, criticando sin ambages al presidente de la Generalitat, Pere Aragonès (que abandonó el hemiciclo) y el acuerdo de ERC con los comunes para tramitar los presupuestos elaborados por el conseller de Economía de su partido, Jaume Giró, ex alto cargo de La Caixa. La cuadratura del círculo.

Son situaciones que nos ayudan a interrogarnos sobre el papel de las élites, y no únicamente en términos estrictamente económicos. Hay sectores de la burguesía tradicional, del empresariado clásico, que parecen no haber captado los cambios que se han producido y se están produciendo en la sociedad catalana. Aviso: no tiene nada que ver con la fortuna o el prestigio social. Me refiero a la capacidad real de influencia, de intervenir en la realidad concreta del país.

Es evidente que a lo largo de los años se han mezclado cuestiones diversas que, juntas, han generado un cóctel complejo: la crisis económica de 2008 que sacudió a buena parte de la sociedad catalana, el procés independentista generado a partir de 2010 (que culmina con los hechos de octubre de 2017) y que en buena medida comienza como una cortina de humo que camufla malestares sociales, con todas las consecuencias que se derivan de ello. Y finalmente, la pandemia del Covid-19. Todos estos hechos se han producido en paralelo o simultáneamente a la aparición de nuevas tecnologías disruptivas, para decirlo en el lenguaje actual, a la eclosión de las tecnologías de la información y la comunicación y de las redes sociales, que transforman completamente los mecanismos de producción y de relación.

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La estrecha vigilancia de los puritanos

Pero es bien sabido que no se trata de una cuestión exclusivamente catalana. Basta fijarse en la situación de Europa y de la mayoría de países occidentales para apreciar las evidentes dificultades a las que se enfrentan los partidos y las instituciones democráticas. Los liderazgos son muy endebles en una época de gran incertidumbre, dominada por la fluidez de los acontecimientos. «El margen de error de los gobiernos y los políticos es mínimo, como también lo es el margen de confianza que se concede a las instituciones. Polarización, desconfianza y prisa. De ahí la fragilidad de nuestro entramado democrático, el escaso margen para el acuerdo entre direcciones que se mueven bajo la estrecha vigilancia de los puritanos, o que directamente están formadas por puritanos.» Lo escribía así el politólogo Oriol Bartomeus en un artículo publicado en junio de 2020 por el colectivo Pròleg.

Cuesta entender que rectores de universidades o decanos de colegios profesionales se hayan enrolado en la lógica del procés.

Es evidente que se han producido grandes cambios en los tradicionales sistemas de producción en Cataluña, donde crecen las pequeñas y medianas empresas innovadoras y exportadoras, start-up tecnológicas y empresas vinculadas con la industria 4.0. Entre las grandes fortunas catalanas hay nombres clave de los sectores de la alimentación, los laboratorios farmacéuticos o la moda, evidentemente, pero también se han añadido personas procedentes de sectores nuevos: de las energías renovables, como es el caso de José Díaz (Audax Renovables) o la nueva movilidad, como Eduard Castañeda y Enric Asunción, que han convertido Wallbox, empresa de cargadores para coches eléctricos, en un símbolo del éxito, con un valor superior a los 1.000 millones de euros y que cotiza en la bolsa de Nueva York.

Quizá estos cambios ayuden a entender el hecho de que la burguesía tradicional, las grandes empresas, no estuvieran lo bastante atentas en las elecciones de la Cámara de Comercio de Barcelona. Joan Canadell llegó en 2019 a la presidencia de la Cámara de Comercio de Barcelona catapultado por la ANC y utilizando el apoyo de las pequeñas y medianas empresas a través de una red tejida al margen de las estructuras de las grandes empresas tradicionales.

 

La nueva economía

El antiguo presidente y agitador político fue sustituido en 2019 por Mònica Roca, la primera presidenta de la Cámara de Comercio que ha creado empresas de procesamiento de datos de satélites de observación de la tierra y de generación de servicios con objetivos climáticos. La nueva economía.

Fomento del Trabajo, con Josep Sánchez Llibre al frente, intenta movilizar con bastante acierto la fuerza del empresariado, tal como lo hace Antonio Cañete con la pequeña y mediana empresa. La vicepresidenta de la patronal, Mar Alarcón, creó Social Car, una de las primeras plataformas de economía colaborativa en España, y ha creado también una consultoría especializada en economía de plataformas. La nueva economía también.

En el imaginario social, la construcción de Cataluña y Barcelona es obra de la burguesía emprendedora que combina una idea necesaria de crecimiento económico con la defensa de la paz social y el orden. Seguramente hubo un sector de la alta burguesía barcelonesa (la pequeña y mediana burguesía comarcal es algo muy diferente) que siguió el discurso de Jordi Pujol en la medida en que constituía un dique de contención frente a la izquierda y puesto que la administración autonómica, en muchos casos, abría nuevas perspectivas de negocio.

La frustración por no poder actuar en Cataluña se proyecta sobre Barcelona, como se vio en el caso de Manuel Valls.

Pero el procés lo ha dinamitado todo. De confiar inicialmente en el liderazgo de Artur Mas, muchos sectores económicos pasaron a contemplar con gran preocupación la deriva soberanista a partir de 2012. Se ha puesto de manifiesto que lo que llamábamos clases dirigentes tradicionales han tenido poca capacidad de incidir en el poder político, tanto en Madrid como en Barcelona. La marcha de empresas ha evidenciado miedo e impotencia, e incluso se podría llegar a pensar que el procés ha servido de excusa para justificar la falta de iniciativa de la sociedad civil catalana en muchos terrenos. La frustración por no poder actuar en Cataluña se proyecta sobre Barcelona, como se vio en el caso de Manuel Valls y como probablemente volverá a verse en algún experimento parecido de cara a las elecciones municipales de 2023.

 

Los 500 altos cargos

La realidad se abre paso con otras voces como las que se escuchan en Barcelona Global o el Círculo de Economía, que incluyen sectores económicos y sociales diversos. Ejemplos: José Maria Lassalle y Jordi Amat se sientan en la junta del Círculo; Isabel Vidal, de Focus, empresa teatral, lo hace en la de Barcelona Global. Y algunas de las personas más decisivas tienen poco que ver con el mundo de ayer: Miguel Vicente y Miquel Martí, presidente y CEO de Tech Barcelona. Son influencia real.

La gran cuestión continúa siendo qué hacen las clases dirigentes del país. No solo las élites económicas, sino también las políticas, intelectuales, profesionales… Cuesta entender que rectores de universidades, profesores de prestigio o decanos de colegios profesionales se hayan enrolado en la lógica del procés y no hayan alzado una voz crítica.

Detrás de todo esto, un ejército de funcionarios y los famosos 500 altos cargos de la Generalitat. Y la presidencia del país con poca autoridad como interlocutor ante España y ante el mundo, pero con un presupuesto de más de 38.000 millones de euros.