En A l’horitzó (Edicions del Periscopi, 2020), la novela anterior de Hernán Díaz (1973) —escritor argentino criado en Suecia, residente en Brooklyn, y que ha escogido el inglés como lengua literaria—, el lector no podía hacer otra cosa que reverenciar el monumento a la narración pura y a la reinvención de la aventura que se erigía en sus páginas, mientras se iban siguiendo las peripecias de supervivencia que tenía que afrontar Hakan, su protagonista, un adolescente sueco que emigraba a los Estados Unidos, a finales del siglo XIX, acompañado de su hermano mayor y con el cual perdía el contacto en cuanto desembarcaban en Nueva York.

Entonces, un malvado azar hacía que llegara a San Francisco, el lugar desde donde emprende el viaje de vuelta a la costa Este para intentar reencontrarse con su hermano. Sin ninguna ayuda, sin tener ni una pizca de experiencia vital, sin entender el idioma, prisionero de una soledad enorme, atravesará todo el país, en la dirección contraria a la de las caravanas de pioneros que se dirigen a la conquista del  Oeste, y conocerá todas las circunstancias extremas que pueden surgir en medio del desierto —la sed y el hambre—, rodeado de tahúres enloquecidos por la fiebre del oro, en pueblos gobernados por sheriffs corruptos, entre los indios, entre científicos trastornados y familias mezquinas o compasivas; aunque también experimentará, por otra parte, la satisfacción de la vida práctica, algo parecido a la amistad, el poder y, sobre todo, el don maravilloso que le concede la aventura de aprender a hacerse mayor en el centro mismo de la adversidad.

A lo largo de toda la novela, un western pletórico en el que las leyes del género perdían su carácter convencional para convertirse en otra cosa más profunda y más rica, Hernán Díaz se mantenía impertérritamente fiel al punto de vista del protagonista mediante una voz narradora en tercera persona que no dejaba de seguirlo durante toda su errante peripecia por el Oeste americano, mientras iba acumulando una serie imparable de incidentes, imprevistos y escollos preñados de peligro que no permitían al lector mantener la mente ocupada en otra cosa que no fuese en preguntarse qué más podía pasarle al protagonista.

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