Madrid ha pasado de ser «el rompeolas de todas las Españas», que escribió Antonio Machado en noviembre de 1936, en plena guerra civil tras el golpe militar de Franco, a convertirse en el «Madrid es España», que proclama la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, y que podría conjugarse a la inversa: «España es Madrid». Este es solo un eslogan para reivindicar el madrileñismo cañí, conservador y excluyente y, sobre todo, una visión uniforme de España.

Esperanza Aguirre ya había trabajado en esa dirección, pero Ayuso intenta, en esta época de polarización y bibloquismo, convertir Madrid en el bastión del antisanchismo, en un dique de contención de las políticas que encarna el presidente del Gobierno que, según ella y quienes le jalean, consisten en vender el país, «¡la nación!», a independentistas, bilduetarras y comunistas, a los que quieren romper España y que son ateos, feminazis y puede que también promiscuos. Son quienes, en su opinión, solo piensan en confiscar a empresarios y personas acaudaladas con sus draconianos impuestos. Justo lo contrario de lo que hace el PP madrileño, que practica el dumping fiscal. En esta comunidad los impuestos son bajos, especialmente para los ricos. El impuesto de sucesiones, por poner un ejemplo, está bonificado al 99%.

En su última intervención del 2023, el pasado 27 de diciembre, Ayuso aseguró, en esa misma línea, que Sánchez «es comunista» y que ella y su equipo de gobierno tienen «una misión con España entera» a la que no defraudarán. La misión consiste en liberar España del comunismo, se supone. Es casi seguro que la categoría de sanchismo como movimiento político, ese que después el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, quiso derogar, sin éxito, en las elecciones generales del 23 de julio, se inventara en la capital de España. Al menos esta plaza fue sin duda la cuna del antisanchismo. En plena pandemia, nada más levantarse el confinamiento en la primavera de 2020, familias enteras de la derecha madrileña vestían camisetas con el lema «Sánchez vete ya».

Nada más levantarse el confinamiento en la primavera de 2020, familias enteras de la derecha madrileña vestían camisetas con el lema «Sánchez vete ya».

Pero Pedro Sánchez acababa de llegar. Llegó en junio de 2018 como consecuencia de la moción de censura contra el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y fue investido de nuevo presidente en enero de 2020, tras la doble convocatoria electoral de 2019. Hubo elecciones en abril y en noviembre y ganó las dos. Pero la derecha madrileña nunca le ha reconocido legitimidad para gobernar. En 2018 porque su gobierno era resultado de la primera moción de censura triunfadora en los 45 años de democracia. En 2019, pese a haber ganado, porque pactó con Podemos y en 2023 ponen de nuevo en duda su legitimidad porque aun siendo la segunda fuerza en votos —el PP le sacó poco más de un punto de porcentaje— ha sido capaz de tejer una alianza con Sumar y varios partidos nacionalistas e independentistas que le permiten seguir en la Moncloa.

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