En 2005 Maria Bohigas Sales (París, 1969) retomó la editorial fundada por su abuelo, Joan Sales, adquiriendo las acciones que estaban en manos de su abuela Núria Folch Pi, y —algo sin precedentes— del grupo Planeta. Hija del físico Oriol Bohigas y de la historiadora Núria Sales, se formó como traductora en Francia antes de instalarse en la icónica casa familiar del Carmelo, sede de Club Editor.

 

Industria editorial

En catalán, hablar de industria es un error de escala. Es un negocio con pececitos y tiburones en el que, si sobrevives, aprendes cosas. Por ejemplo, hay mucha discusión sobre si convendría alguna editorial mediana en catalán, con la suficiente fuerza para crear un grupo potente. Pensar en proyectos que requieren una demografía mucho más grande es un cuento de hadas. Durante décadas, Edicions 62 fue considerada la obra magna, pero entró en quiebra tres veces. Era el antimodelo. ¿Cuándo dejaremos de ser la rana que quería ser buey?, ¿cuándo aceptaremos que somos una literatura pequeña, pero curiosamente rica y enérgica, y exigiremos políticas públicas a favor de esta riqueza cultural?

 

La reanudación

El proyecto fundador de 1959 de mi abuelo y Xavier Benguerel pretendía editar «literatura popular», obras acogedoras para que la gente más variada posible leyera literatura contemporánea en catalán. Cuando yo lo reanudé, el público literario catalán pasaba hambre y estaba completamente orientado hacia el castellano, ya que todavía no había surgido esta abundante cosecha de nuevas editoriales y los proyectos con un cierto vigor de los 90 habían abdicado (con alguna excepción, como Edicions de 1984). Por tanto, fue largo y difícil. A veces, para continuar un proyecto tienes que ir a contracorriente.

Aparte de las lecturas obligatorias de Mercè Rodoreda —las no obligatorias, como La mort i la primavera, estaban muertas de asco—, no había nada vivo. Incluso Incerta glòria era un texto desconocido. Había que reconstruir a partir de la reivindicación de un catálogo y, a continuación, acoger a autores con verdadera vocación artística. No podía ser que no hubiera un público dispuesto a leer esta literatura en su lengua. Era necesario no tener miedo y dirigirse a ese público como lo hace un editor literario.

Recomenzar con Aurora Bertrana y Andrei Guelàssimov fue una declaración de principios: un pie allá y otro aquí. Publicamos literatura en catalán para generar un diálogo entre las obras, independientemente de si están escritas en catalán. Porque si escribir en catalán fuera un mérito en sí, entonces leeríamos muchas cosas mediocres. Cuando yo empecé había un prejuicio enorme respecto a la tradición literaria catalana, en parte generado por iniciativas como la MOLC. Tiene cierto sentido publicar una colección de historia de literatura, pero al hacerla pasar por una colección popular te aseguras de que los lectores queden vacunados durante generaciones contra la literatura catalana.

 

Combinar fuentes y voces nuevas

Si publicas en una lengua con un público restringido, cuanto más ambicioso sea un proyecto, menos viable resulta. Por tanto, el movimiento comercial natural gravita hacia libros poco ambiciosos. Por eso hay que ir a contracorriente. Por ejemplo, publicamos el Eugeni Oneguin por iniciativa de Arnau Barrios, y entonces te das cuenta de que hay un público literario catalán dispuesto. Pero nunca sabes quién vendrá a bailar, porque no todo el mundo es tan conocido como Pushkin y porque es difícil vencer las inercias y, en medio de un alud de novedades, lograr seducir al lector con obras tan bonitas y ejemplares como la de Nikos Kavadias.

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Una editorial unipersonal

Así trabajé durante años, haciendo yo misma cada libro. Me gustaba mucho, pero acababa el año hecha polvo, por mucho que limitara los títulos a 10 o 11, máximo 12. Ahora estamos en un momento distinto porque somos dos editores —Alejandro Dardik y yo misma— y hay un equipo de cinco personas donde todo el mundo participa en la discusión editorial; esto nos permite llegar a los 20 títulos y acoger cada vez más proyectos. Evidentemente, siempre continuaré haciendo una de las revisiones porque soy traductora de oficio y no conozco otra forma de implicarme de verdad. Encuentro que ese es el momento mágico: cuando el texto se está haciendo.

 

Cuando todo funciona

Es un momento sensacional y eufórico. Como editores acostumbrados a vender los libros uno por uno, emborracha un poco. En el caso de Eva Baltasar, su tríptico la ha hecho explotar como autora, tiene un radio de influencia muy grande. Esta fuerza hace que todos los prejuicios sobre las costumbres rutinarias del lector en catalán se te desmoronen y compruebes cómo responde una obra arriesgada. Por otro lado, Joan-Lluís Lluís tenía ya una sólida obra detrás y, cuando decidió reorientar su construcción, vino a vernos. Su manera de escribir, prolija en imaginación, es como si intentara recuperar el placer de la lectura de cuando eres adolescente.

Se da algo muy chulo, que es la convivencia en nuestro catálogo de autores contemporáneos catalanes enormemente variados.

Se da algo muy chulo, que es la convivencia de autores contemporáneos catalanes enormemente variados. Y esto, aparte de alegrarme, es una señal de la buena salud del catálogo. Porque tienes a Sebastià Perelló, que establece un diálogo con el lector en las antípodas de los anteriores y, al mismo tiempo, publicas Fugir era el més bell que teníem de Marta Marín-Dòmine, una bisagra entre el ensayo y la literatura, que te permite desarrollar un conocimiento externo y objetivo y, a la vez, expresar una intimidad completamente subjetiva.

 

Mallorca, de Llorenç Villalonga a Marc Cerdó

El catálogo se limita a reproducir la extraordinaria riqueza literaria mallorquina, con un número de buenos autores inexplicablemente desproporcionado respecto a su demografía. La generación de Guillem Frontera, Maria Antònia Oliver y Biel Mesquida se encontró aprisionada por el mismo franquismo que aquí y, en cambio, no perdió ningún tipo de contacto, ni de conocimiento, ni de dominio de la lengua materna. Al mismo tiempo, es una situación delirante porque la mayoría de los autores mallorquines son leídos en el Principado —las ventas en Mallorca son pequeñas y la isla es muy española— y se expresan en un catalán muy marcado por la realidad mallorquina. No hablo de dialecto, sino de lo que contienen y arrastran las palabras respecto a la historia y la tradición de un lugar. Críticos literarios: cuando reseñéis a un mallorquín, dejad de decir que tiene una lengua muy bonita. No es la lengua, es el lenguaje.

 

Club Editor y el castellano

Es una relación en construcción. Empezamos a editar en castellano al constatar que había autores sin presencia en el extranjero porque en catalán no vendían lo suficiente y, pese a su calidad, no podían salir de este anillo de constreñimiento que es la lengua. Constatamos que la doble edición era eficaz, pero muy especialmente para la versión original catalana, porque nuestro público es sensible a estas cosas. Lo primero que hicimos fue Sicília sense morts de Guillem Frontera y L’últim mono de Lluís Maria Todó; después, algún extranjero en su etapa incipiente, como El crit de l’ocell domèstic de Maksim Óssipov; y finalmente, alguna pieza fundamental del siglo XX catalán como El mar de Blai Bonet o La mort i la primavera de Mercè Rodoreda.

Con todo, en España no ha interesado mucho. Por eso, a partir de abril, cruzaremos el Atlántico y produciremos en Buenos Aires, donde el prejuicio anticatalán no existe. No es una decisión forzada —Alejandro Dardik es argentino y yo soy descendiente de emigrados a América— y responde a una realidad histórica: la de una generación de catalanes que se exiliaron allí y de un buen puñado de escritores latinoamericanos que vinieron a Barcelona huyendo de las dictaduras. Aquí escribieron y también leyeron a los autores catalanes. El obituario de Gabriel García Márquez para la Rododera es una cosa maravillosa y única en el mundo hispánico del momento; como también son extraordinarios los escritos de Roberto Bolaño sobre literatura. Hay otros ejemplos de fertilización mutua, como la traducción castellana de Junil a les terres dels bàrbars por parte de Edgardo Dobry, autor de El parasimpático.

 

Juan Marsé

Sabíamos que alguien había intercedido con mucha convicción ante el editor Carlos Barral para publicar K.L. Reich en versión castellana, incluso antes que el original catalán. Juan Marsé me escribió diciéndome que había sido él y así nos conocimos. Al empezar a tratarlo, lo leí seriamente, desmonté un fuerte prejuicio heredado y me enamoré de una obra fronteriza con todo aquello que vuelve interesante la literatura catalana de posguerra. Le propuse traducir Aquesta puta tan distingida, porque encontraba que había sido mal leído. Me dijo que sí inmediatamente, añadiendo: «No sé qué te pasará». Pero murió antes de verla editada y nos quedamos huérfanos de él… Pero que sea el número 100 de la reanudación, me encanta.

 

¿Leemos?

Cultivar la afición a leer y escribir es básico para que después pueda existir la afición a la literatura. Y eso se cultiva en escuelas y bibliotecas. Evidentemente, esto no garantiza nada, pero sí facilita el camino a quien tiene cierta predisposición. En Cataluña se enseña la lengua y la literatura como me enseñaban a mí el latín en Francia: un repaso incansable de reglas sintácticas y luego memorizar los nombres de unas cuantas vacas sagradas. Que la escuela invierta años y años en los pronombres débiles o que no haya espacio para leer poesía o para escribir, es la confesión de un terrible fracaso. Ahí está el drama. Tampoco sé cuál es la solución, porque el problema va más allá de la escuela cuando ves a padres que hablan como directores de empresa y que quieren que sus hijos sean buenos peones. Hemos dado la espalda al desarrollo de la curiosidad intelectual y al conocimiento a través de la expresión propia. No todo se reduce a la asimilación de píldoras. Escribir es tan fundamental como hablar. Salir de la escuela sin saber leer y escribir es un fracaso colectivo.

 

El entorno

Una cosa que ayuda mucho es cultivar la generosidad dentro del mundo literario, que los autores celebren la existencia de otros buenos autores. Y nuestro mundo es terriblemente mezquino. Cuando ven a alguien que despunta con fuerza, la tendencia es hundirle la cabeza bajo el agua. Sería mejor inspirarse en la literatura norteamericana, donde los ditirambos son fuegos artificiales permanentes que refuerzan al conjunto.

 

Traducción

Es importante negarse a pagar miserias, porque si lo haces solo tendrás miserias. La realidad económica impide que un traductor catalán gane lo suficiente con lo que genera un libro por sí solo; por eso las ayudas son vitales. Además, hay una falta de reflexión literaria sobre lo que es traducir y sobre el grado de libertad que debe tener una traducción para ser fiel al original. El territorio de la traducción siempre es imperfecto, y más aún cuando se hace desde una lengua con mil fragilidades como la nuestra.