En un artículo reciente, el experto en palabras (porque hace el crucigrama en catalán de La Vanguardia) Màrius Serra, escribía sobre la habilidad de los británicos para hacer juegos de palabras, como Brexit, pero también Remoaners o Bregretters. Estos últimos (mezcla de Brexit y arrepentimiento o lamentar) han centrado la atención recientemente: son los que se arrepienten del Brexit, a pesar de haberlo apoyado en su momento de manera irresponsable. Al final del artículo se pregunta quiénes son nuestros «bregretters», intentando repartir responsabilidades.

Supongo que se lleva mejor el duelo cuando se está acompañado. El Brexit ha demostrado las dificultades de cualquier proyecto soberanista en un país desarrollado a estas alturas del siglo XXI. El Reino Unido es un antiguo imperio, tiene la bomba atómica, tenía un marco legal (tres cosas que otros proyectos soberanistas no tienen) para salir de la Unión Europea… y aun así su proyecto soberanista ha chocado contra las rocas de la realidad económica. Con la dimisión de su líder Sturgeon, también el proyecto soberanista escocés parece ir contra las rocas, precisamente cuando podían aprovechar la excusa del Brexit, en vez de lo que sería más aconsejable y acabará pasando, que es solidarizarse con el resto de británicos que quieren volver a acercarse a Europa.

Los ingleses se plantean seriamente dar marcha atrás. No podrán volver al punto de partida, porque la Unión Europea ha avanzado sin ellos. Difícilmente volverán a sentarse en la mesa donde se toman las decisiones en Europa, pero posiblemente acabarán dentro o muy cerca del mercado único, aceptando sus reglas sin poder influir en ellas. Deberán asumir las responsabilidades de su error de origen, que es haberse puesto en manos de referendos populistas para decidir cuestiones de largo alcance sin consenso.

En Cataluña, todo se hace con la boca pequeña, al menos hasta que Andreu Mas-Colell dijo, en el programa de Gemma Nierga, que no tenía sentido hablar de independencia en la Europa de hoy (es de sabios rectificar, pero lástima no haberlo dicho antes). Sin embargo, la mayoría de las personas que aportaron cobertura intelectual al procés no vuelven a sus palabras anteriores para evaluar sus resultados. Los del «Estado propio dentro de España o no» o los que defendían ser «independentistas no nacionalistas o incluso españolistas» (quizás para disimular bienintencionadamente el victimismo, el supremacismo y la hispanofobia de otros, más llamativos), o quienes decían que la independencia sería una «oportunidad para conseguir mejores instituciones», no se sabe que hayan hecho examen público de conciencia. Sobre todo ahora que el Financial Times nos ha recordado que el resultado económico del «procés» son 8000 sedes sociales menos de empresas, y una derrota por goleada desde 2017 en la atracción de inversión extranjera directa en competencia con Madrid.

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Tampoco la profesora y economista convertida en política que dijo que el proceso era un juego de dos jugadores donde (aplicando las predicciones de la Teoría de Juegos con dos jugadores y dos estrategias al alcance de cada jugador) España acabaría cediendo. Eran juegos, pero puros juegos de palabras sin ningún proyecto ni base sólida detrás, como se ha visto con el desarrollo posterior de los eventos. Alguien dijo que es como esos caminos misteriosos que después de mucho tiempo te llevan al lugar de partida, pero en realidad 10 años después hemos ido a parar más atrás de dónde estábamos en algunos sentidos, porque al menos hace 10 años alguien todavía escuchaba y respetaba a las instituciones catalanas. Y el resto del mapa se ha movido.

Algunos «argumentos» que se aportaban son como aquellos artículos que, burlándose, están llenos de frases que parecen complejas, pero son un fraude para poner a prueba los filtros de las revistas académicas. Con la diferencia de que sus autores no se burlaban, sino que hablaban en serio, en algunos casos (no todos) poniendo en riesgo su bien ganada reputación intelectual. Pero poniendo de manifiesto el mismo fracaso en lo que se refiere a los filtros: casi nadie los frenó, casi nadie se ha parado a denunciar el fraude, quizás porque en Cataluña, como una vez dijo Pasqual Maragall, todo el mundo se conoce demasiado (este todo el mundo debería ponerse entre comillas, porque es un todo el mundo referido a las clases medias-altas y altas).

¿Dónde están nuestros «bregretters»? Muchos con la boca pequeña quieren dar marcha atrás, pero sin hacer autocrítica pública y seria y planteando como único proyecto dar salida judicial a los líos legales en los que se han metido. Aquí tampoco volveremos al punto de partida, porque el mundo se ha movido, España está en el motor de una Europa más integrada que no quiere saber nada de aventuras al margen de la ley. Los problemas son demasiado serios como para ponerlos en manos de malabaristas verbales.

El profesor Mas-Colell es por el momento una excepción. Hace tiempo que ha vuelto sobre sus palabras. Ahora ya no dice que la independencia será una realidad, si no en esta generación, en la siguiente. Si las cosas van bien, en la siguiente, Europa todavía estará más integrada y la independencia de Cataluña, o de cualquier otro territorio de la Unión Europa, de la Eurozona y del Espacio Schengen, será más quimérica. El prestigioso economista y exconsejero ha dicho en los últimos años que no sólo la independencia, sino el referendo de autodeterminación, están fuera de la realidad. También lo estaban cuando los apoyó en los inicios del procés, como consejero de Artur Mas, pero se agradece la clara rectificación, que otros se resisten a verbalizar.

Mas-Colell fue importante no sólo como consejero de Mas, sino también como avalista de prestigio internacional del proceso independentista en sus orígenes. Buena parte (no todos) de los prestigiosos economistas de la Universidad Pompeu Fabra se sumaron al apoyo al procés detrás de su estela. Sin el impulso de personas serias como él, atolondrados como Puigdemont, Torra o los «cuperos», nunca hubieran llegado a tener el poder que han tenido, que ha llegado a estremecer al propio profesor. El silencio de estos economistas es ensordecedor en cuanto a su incapacidad para prever las nefastas consecuencias económicas del procés, o para hacerse cargo de los paralelismos políticos y económicos con el Brexit.

Creo que, por el momento, el desmarque de Mas-Colell se produce todavía desde la simpatía hacia los partidos nacionalistas. Es de los que quisiera que el PSC les votara todo (presupuestos, investiduras, todo), aunque el PSC sea el primer partido catalán y lo normal sea que los demás voten a un presidente del PSC, en vez de hacer un cordón sanitario a la socialdemocracia. Es de los que quisiera volver a negociar un pacto fiscal (aunque contradiciendo editoriales de La Vanguardia, él mismo dijo que pagar por renta y recibir por población es lo que ocurre, y es normal con un sistema fiscal progresivo), y liderar comidas y desayunos en los mejores hoteles de la ciudad con otros patricios para seguir influyendo y volver a la etapa previa al procés como si nada hubiera pasado.

Este académico admirable en muchos sentidos, pero que se equivocó profundamente junto a Artur Mas, todavía tiene camino por recorrer para sacar todas las consecuencias lógicas de su creciente federalismo.