Si algún lector no estudioso de la literatura medieval, tal vez incitado por la reconfortante lectura de la versión actualizada de Tirant lo Blanch hecha por Màrius Serra, se acerca al estante donde le esperan los libros que tiene programados leer desde hace tiempo, pero que siempre le han intimidado un poco, y abre el Espill (ca. 1460), del médico valenciano Jaume Roig (ca. 1400-1478), es probable que al cabo de pocas páginas abandone la lectura: el catalán antiguo, las rimas consonantes, el ritmo martilleante y la sintaxis llena de hipérbatos y elisiones de los versos de cuatro sílabas que emplea el autor para narrar las vicisitudes y las trifulcas de un hombre con las mujeres a lo largo de su vida, harán que le resulte difícil seguirlo, sobre todo porque el peso rítmico del verso ralentiza las ansias de avanzar de la novela.

Si le sabe mal encontrarse en esta tesitura, y cree que Jaume Roig cometió un error al escoger el género de las «noves rimades» como vehículo expresivo y que leería esta novela de sabor picaresco con mucho más placer si hubiera empleado la prosa, ahora tendrá que agradecer que Antònia Carré haya traducido el texto al catalán moderno y haya puesto los versos en prosa: se pierde buena parte de la sorpresa verbal que sustenta la comicidad de la obra, sin duda, pero a fin de cuentas podrá leerla ya sin estorbos, riéndose mucho, y entender por qué y cómo el narrador y protagonista del Espill, al borde de la demencia senil, se atreve a dejar constancia de los fracasos, las frustraciones y resentimientos que le han ocasionado sus relaciones con lo que un coetáneo de Jaume Roig denomina la «femenil condición».

En esta versión del Espill no figuran los prefacios en los que el autor expone el propósito edificante de la obra, ni tampoco la parte en la cual se le aparece al protagonista el rey Salomón para indicarle que la mejor manera de estar en el mundo es lejos del amor de las mujeres y siempre a favor de la vida ascética. Esta decisión, no obstante, seguramente ayuda a hacer todavía más veloz y satisfactoria, menos «didáctica», la lectura de esta falsa autobiografía burlesca, jocosa y llena de humor negro —los adictos a la autoficción estarán contentos— que Jaume Roig escribe con la intención de curar el mal de amores que sufre un paciente suyo mediante el relato de las penas y dolores conocidos a causa de las mujeres, como si fuera el ejemplo que no debe imitar. En el fondo, el narrador sabe, como si hubiera leído a Gabriel Ferrater antes de hora, que «una vida no se conserva si no está muy atenta a las leyes del dinero y a los movimientos de los hombres y de las mujeres», pero la galería de personajes femeninos que se amontonan en la narración están representadas inevitablemente de acuerdo con los tópicos sobre las mujeres que avalaban la cultura y la sociedad medieval.

Para leer el artículo completo escoge una suscripción de pago o accede si ya eres usuario/suscriptor.