El mes de marzo se llevó a dos compositores que representaron dos modos muy diferentes de hacer música en los siglos XX y XXI. Aribert Reimann y Péter Eötvös fueron dos figuras que explicaron la contemporaneidad desde mundos aparentemente distintos. Con un considerable y potente repertorio operístico, además de otras formas musicales, ambos son muy desconocidos entre nosotros, cosa que pone de relieve nuestra miope mirada a la música que nos debería acompañar, puesto que es la de nuestros días. Horas antes del fallecimiento de Eötvös, también se había ido un gigante de la interpretación, el pianista Maurizio Pollini. Los tres, humanistas, tenían edades provectas; no obstante, su desaparición en un período de diez días nos deja con una sensación de orfandad.

El alemán Aribert Reimann (1936-2024) y el húngaro Péter Eötvös (1944-2024) tenían varias cosas en común. Ambos nacieron en familias musicales y ya escribían música siendo muy pequeños, a los diez años el primero y a los cuatro el segundo. Ambos pasaron su infancia bajo regímenes dictatoriales. La de Reimann transcurrió bajo el nazismo, régimen que había prohibido toda música vanguardista, que calificaba de música degenerada. La de Eötvös, bajo el comunismo instaurado en Hungría al terminar la Segunda Guerra Mundial, un sistema que censuraba la música que se hacía en la Europa occidental. Para huir del servicio militar, se puso a estudiar dirección.

Los dos compositores encontraron inspiración para sus óperas en grandes escritores y dramaturgos, antiguos y modernos. En el caso de Reimann, August Strindberg (Fantasmagoría y Sonata de los espectros), Eurípides (Las troyanas), William Shakespeare (Lear), Franz Kafka (El castillo) o Federico García Lorca (La casa de Bernarda Alba). Eötvös, por su parte, creó óperas a partir de obras de Antón Chéjov (Las tres hermanas), Tony Kushner (Ángeles en América), el premio Nobel Jon Fosse (Sleepless), el també Nobel Gabriel García Márquez (Del amor y otros demonios), o Alessandro Baricco (Sin sangre).

De Reimann, el Teatro Real estrenó hace poco su ópera más conocida, ‘Lear’. Del catálogo de Eötvös no se ha visto ninguna por aquí.

Junto a estos paralelismos, también hay grandes diferencias entre los dos. El alemán tuvo una formación al margen de las vanguardias musicales que dominaban en su país. Como pianista, primero fue maestro repetidor y, después, acompañante de grandes cantantes como Dietrich Fischer-Dieskau, Elisabeth Grümmer o Brigitte Fassbaender, lo cual le permitió desarrollar un gran conocimiento de la voz con el que elaboró un importante repertorio de canciones; un conocimiento que trasladaría a sus óperas con resultados sorprendentes. Lear y Medea (basada en la obra de Franz Grillparzer) son testimonio de ello. Según escribía en El País el compositor Jorge Fernández Guerra, el credo musical de Reimann era el de una modernidad sin fisuras, pero cargada de equilibrio y expresividad.

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