Licenciada en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Barcelona y con una tesis en marcha sobre la presencia cultural y académica nazi en la Barcelona franquista (1939-1944), Mireia Capdevila Candell (Barcelona, 1980) trabaja como coordinadora en la Fundació Carles Pi i Sunyer, desde donde ha desplegado una intensa actividad investigadora y divulgadora centrada en la Barcelona contemporánea. Además, desde hace quince años saca partido a su doble carrera musical de piano y flauta travesera como la única pasapáginas profesional en conciertos y recitales en la ciudad y en diferentes festivales de música clásica.

 

Hacer investigación desde fuera de la Universdad

Entré en la Fundació Carles Pi i Sunyer para hacer las prácticas de la carrera y ya me quedé. Entonces solo estábamos Francesc Vilanova y yo, y la primera tarea fue la catalogación del Archivo Pi i Sunyer, entonces en pañales. Carles Pi y Sunyer es un personaje de largo recorrido que nos permite reseguir la historia desde la Segunda República hasta el exilio y el post-exilio, y así desarrolló sus diferentes etapas vitales, tanto políticas como personales. Esto es especialmente significativo por lo que se refiere al epistolario, objeto de muchas consultas por parte de estudiosos e investigadores.

La explotación del fondo dio continuidad a los libritos rojos de la «Biblioteca Carles Pi i Sunyer» (1992-1996) con una serie de colecciones que recogía tanto textos de autoría como otros surgidos de los materiales acumulados: desde los «Documents d’Història» (2000-2008) hasta sus Memòries de Londres (Edicions 62, 2010). Posteriormente, ya convertido en centro de investigación reconocido, tener el colchón institucional nos ha permitido diversificar nuestras investigaciones, ampliando tanto el abanico de intereses y encargos como de colaboraciones con otras entidades.

 

Peligro y milagro en la retaguardia

Tirando del hilo del Pi i Sunyer conseller de Cultura, acabamos coincidiendo con otras instituciones (Institut Català de Recerca en Patrimoni Cultural, Fundació Folch i Torres y Memorial Democrático) en la necesidad de recuperar la historia del salvamento del patrimonio artístico catalán durante la Guerra Civil. Esto cuajó primero en la exposición «El Museu en perill! Salvaguarda i endreça de l’art català durant la guerra civil» (2021-2022) en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), una buena oportunidad para que el museo pudiera también explicar su fundación. Si ahora mismo disfrutamos de piezas esenciales del románico y el gótico catalanes es porque una gente y unas instituciones pensaron, articularon y ejecutaron una serie de acciones para preservar parte de nuestro patrimonio de la furia iconoclasta de las primeras semanas de guerra. Contra el discurso franquista que calificaba a rojos y catalanistas de destructores, valía la pena enmendar esa versión sesgada y ofrecer una mirada más ajustada a lo sucedido. Teníamos una deuda con ellos, con estas personas que en momentos difíciles tuvieron sentido de país y sensibilidad cultural.

Además, se trataba de una historia que anticipaba lo que sucedería en el resto de Europa unos años más tarde, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y, al mismo tiempo, reunía un puñado de episodios muy cinematográficos. Porque, además del salvamento, está la gran exposición de Arte Catalán romántico y gótico en París en 1937, la itinerancia en medio de los bombardeos y, finalmente, el retorno de las piezas. Esto último es significativo e importante porque los que se encargaron de recibirlas fueron los franquistas, pero si el traspaso fue posible se lo debemos a quienes protagonizaron el salvamento en el inicio de la guerra. Vindicar y dar a conocer estas historias es también el objetivo del volumen El patrimoni artístic català durant la Guerra Civil espanyola (Memorial Democràtic, 2023), editado conjuntamente con Joaquim Nadal.

 

Cada día se pierde y se salva patrimonio

Ciertamente. El inicio de la guerra de Ucrania coincidió con los últimos días de la exposición y volvió a hacer presente lo necesario que es preservar el patrimonio en tiempos de guerra. Sobre todo porque el peligro de destrucción convive con la amenaza del expolio en beneficio de terceros. Ahora mismo, muchas instituciones están empezando a preguntarse por el origen de algunas de sus piezas: lo estamos viendo en el Museo del Prado a raíz de las investigaciones de Arturo Colorado. La exigencia de trazar exactamente la propiedad de las obras se generalizará poco a poco. Y en este mismo sentido, pero yendo incluso más allá, hay que situar la iniciativa del MNAC de abrir nuevas líneas de investigación en las que participaremos para rastrear las diferentes etapas de la institución y seguir explicándola históricamente, buscando la fusión entre la historia y el arte.

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Historia silenciada

Con frecuencia la gente me pregunta: «¿Cómo es que no sabíamos esto, o cómo es que no nos habían explicado aquello?» Supongo que aquí están, por un lado, los efectos de los 40 años de dictadura y, por la otra, el hecho de que todavía tenemos pendientes muchas cuestiones vinculadas a nuestro pasado. Quizá porque me he encontrado estudiando cosas que eran desconocidas para el gran público y, a veces, para los propios especialistas, una de mis obsesiones es explicar y explicar. Me gusta comunicar y difundir, porque creo sinceramente en la potencia de hacer pedagogía histórica. Y hacerlo para audiencias adultas —hijos de generaciones muy silenciadas—, pero también para los adolescentes —para evitar prolongar estos silencios—, y hacerlo en cualquier formato (conferencias, debates, rutas…) para garantizar que los contenidos lleguen. Todavía nos falta mucha memoria histórica para forjar una cultura democrática.

 

La Barcelona bombardeada…

Empezamos a trabajar en ello a partir de un interés propio. Fue después, con la Concejalía de Memoria del Ayuntamiento, cuando la investigación tomó una dimensión pública. Entonces empezamos a censar de forma sistemática los bombardeos y las afectaciones, porque se trataba de entender tanto los efectos sobre la ciudad como la estrategia militar oculta tras estos ataques. Un castigo inédito y sistemático: no había antecedentes de bombardeos similares sobre un objetivo civil y, además, se incrementaban a medida que se acercaba el frente. Fuimos los primeros en trabajar archivos y planos con esta mirada y de ahí surgió, con Laia Arañó, Topografia de la destrucció (Ajuntament de Barcelona, 2018) y más tarde, ya en solitario, Barcelona bombardejada (Efadós, 2020).

 

…la Barcelona ocupada…

Son dos etapas diferentes y contrastadas, pero vinculadas. Pasamos del urbicidio perpetrado hasta la vigilia de la ocupación, a la entrada triunfal de las tropas franquistas en la ciudad. De hecho, Barcelona, gener de 1939. La caiguda (Ajuntament de Barcelona, 2023) es un producto de microhistoria realmente revelador, beneficiado por un sorprendente hallazgo documental. Esta Barcelona franquista, por ejemplo, se encargó de tener bien controlada la imagen que quería proyectar: aunque hay bombardeos hasta el 25 de enero, a partir del día siguiente ya no disponemos de testimonios gráficos de los ataques aéreos y de los destrozos causados. Y esto es algo premeditado: no querían testimonios de la destrucción que ellos mismos habían provocado. Pero nuestra misión, precisamente, es mostrar estas manipulaciones y esta complejidad, e ilustrarla con aquella fotografía en la que se intuye todavía un edificio quemado, un banderola del Casal de Cultura o un montón de escombros.

 

…la Barcelona franquista…

Sobre la Barcelona de postguerra, hemos mantenido dos líneas de investigación. La primera se refiere a la política municipal del primer ayuntamiento franquista, constituido en 1939, para poder entender y explicar cuál fue el entramado articulado por la dictadura. El consistorio encabezado por Miquel Mateu —conocido popularmente como «el Mateu dels ferros»— fue muy importante porque sentó las bases en lo referente a las políticas públicas, la gestión municipal y las actuaciones en ámbitos de beneficencia, cultura, economía… El franquismo catalán existía, pero sobre todo encontramos un franquismo barcelonés.

Por eso fue tan relevante que, en paralelo al libro colectivo Barcelona en postguerra (Efadós, 2014), el propio Ayuntamiento nos encargase el comisariado de cinco exposiciones (2013-2014) temáticas esparcidas territorialmente para explicar «Una crònica gràfica» en el Archivo Fotográfico, «La ciutat després de la desfeta» en el Archivo Municipal Contemporáneo, «La cultura oficial de la Barcelona franquista» en el Archivo Histórico de la Ciudad, «Viure a les Corts en el primer franquisme» en el Archivo del Distrito de les Corts y «Barcelona en postguerra» en el Castillo de Montjuïc. Trabajar para hacer un libro o una exposición y pensar en un público general o específico, también te obliga a adaptarte y te permite, al mismo tiempo, acercar el conocimiento generado a la ciudadanía.

En paralelo, había una segunda línea centrada en Barcelona dentro del contexto internacional. Porque mientras se ponían las bases del Ayuntamiento de Mateu, la ciudad era escenario y testigo de la amistad incuestionable del franquismo con las potencias del Eje. Por Barcelona pasaron los grandes nombres enviados por Hitler y Mussolini, como Heinrich Himmler o el Conde Galeazzo Ciano; pero también destacaba la potencia académica e intelectual de la ciudad, que acogía a personajes como Karl Vossler o Carl Schmitt. Pese a este peso e interés, hasta entonces casi nadie se había puesto a investigarlo… De ahí la sorpresa al descubrir un auténtico tesoro en forma de material fotográfico que, además de recoger el valor histórico, hacía incuestionable el vínculo del régimen y de la ciudad con la Alemania nazi y la Italia fascista. Y de ahí el impacto que tuvo tanto el libro firmado con Francesc Vilanova (Nazis a Barcelona, L’Avenç, 2017) como la exposición comisariada en el Castillo de Montjuïc («Nazis i feixistes. L’ocupació simbòlica de Barcelona», 2017-2018).

 

…y la Barcelona democrática

Con motivo del 40 aniversario de los primeros ayuntamientos democráticos después de la dictadura, fui comisaria de cuatro exposiciones por encargo del Ayuntamiento de Barcelona (2019): «Fer la Barcelona democràtica. La il·lusió dels aprenents, 1979-1983» en el Archivo Municipal Contemporáneo de Barcelona y «Barcelona 1979. La democràcia des dels barris» en los Archivos Municipales de los Distritos de Nou Barris, Gràcia y Sants-Montjuïc. Para alguien que venía de estudiar la ciudad franquista, fue todo un reto. Con todas las diferencias que los separaban, ambos momentos históricos fueron el inicio de un modelo de ciudad: el arranque de la Barcelona franquista que identificamos con Mateu y la puesta en marcha de la Barcelona democrática. Dos episodios que comparten escenario, pero en procesos inversos: de la democracia republicana al franquismo y de la dictadura a la articulación de una nueva democracia.

 

Barcelona omnipresente

Pese a que todo el mundo es consciente de que no es la capital del Estado, su peso específico y su mochila histórica y simbólica (capital de Cataluña, centro catalanista, motor industrial, capital de la República, etc.) distorsiona e influye. Ejerce prácticamente una cocapitalidad y actúa como un polo de atracción que ningún régimen puede obviar o ignorar. Hay que tenerlo presente si se quiere entender por qué el franquismo preparó tan a conciencia la ocupación y por qué se esforzaba tanto en controlarla durante la postguerra… La potencia de la ciudad trasciende.

 

Un libro que la marcó…

Más que un libro del pasado que me haya marcado, recomendaría uno más actual que me inspira a seguir trabajando, como es el caso de Los amnésicos de Géraldine Schwarz (Tusquets, 2019). ¡Me pareció espléndido!

 

… y un libro para quien empieza

Recomendaría algún título para inspirar y, en este sentido, seguramente alguno en el que el apartado gráfico sea importante. Podría ser Nazis a Barcelona. L’esplendor feixista de postguerra (1939-1945), sobre todo por cómo reacciona la gente cuando lo hojea y descubre aquel pasado desconocido y olvidado de su ciudad.