El Gobierno de las Islas Baleares hizo una cosa bastante insólita, tratándose de una administración pública. Encargó una ópera a dos figuras muy destacadas del mundo cultural mallorquín, el músico Antoni Parera Fons y la escritora Carme Riera. La obra, L’arxiduc, se estrenó a finales de noviembre en el Teatro Principal de Palma con un reparto digno de un gran estreno absoluto, encabezado por David Alegret y José Antonio López. La obra, que explica la historia del archiduque Luis Salvador de Habsburgo, el aristócrata erudito que se instaló en Mallorca y que pasó a formar parte del mundo insular, es una ópera de muy buena factura.

La iniciativa es insólita, decíamos, porque para producir íntegramente la ópera el Gobierno ha invertido la cantidad de 400.000 euros. El proyecto lo puso en marcha el anterior Gobierno (Partido Socialista, Més per Mallorca y Més per Menorca) en 2018, y lo estrenó uno muy parecido (Partido Socialista, Podemos y Más por Mallorca). Que una administración pública dedique este presupuesto a una ópera es digno de admiración. O no.

Lo sería si en las Baleares la cultura en general y la música clásica en particular gozaran de una situación confortable, con suficientes medios para el estudio y la difusión del patrimonio. Lamentablemente, no es del todo así. Las carencias son grandes. De los compositores vivos se estrena muy poca cosa. Algunas excepciones son las de Maties Far y Antoni Mairata. Y sobre los difuntos reina la falta de medios para el estudio de este patrimonio.

El musicólogo Amadeu Corbera se queja de la falta de ayudas y dice que con menos de los 400.000 euros de ‘L’arxiduc’ ya tendrían suficiente.

«Los musicólogos no tenemos política de ayudas», dice Amadeu Corbera, jefe del Departamento de Musicología y Pedagogía en el Conservatorio Superior de Música de las Islas Baleares. Añade que no necesitarían 400.000 euros, «con menos tendríamos suficiente». Investigación hacen, pero de forma voluntaria. Y patrimonio para estudiar y difundir no falta. Hay algunos compositores que merecen todo el reconocimiento por la calidad de sus obras y por una biografía musical que incluye el contacto con grandes figuras que los consideraron como iguales. Hay cuatro casos paradigmáticos, los de Miquel Capllonch (1861-1935), Antoni Torrandell (1881-1963), Joan Maria Thomàs (1896-1966) y Baltasar Samper (1888-1966), que fueron parte activa del momento de esplendor musical que fue el novecentismo.

En Pollença, donde nació y donde cedió terrenos para uso público, se recuerda a Capllonch con lugares municipales que llevan su nombre. También con un busto. De su música, sin embargo, poca cosa, y si nos detenemos en su biografía artística, vemos que no es menor. Becado para estudiar en Alemania, se quedo a vivir allí cuarenta años dedicado a la composición, a la interpretación al piano y a la enseñanza, antes de volver a España.

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José Antonio López y David Alegret, en 'El archiduque', ópera de Parera Fons y Riera. Foto de César Miralles.

José Antonio López y David Alegret, en ‘El archiduque’, ópera de Parera Fons y Riera. Foto de César Miralles.

 

Maestro de Rubinstein

Uno de sus alumnos fue ni más ni menos que el gran pianista Arthur Rubinstein. Este, en sus memorias, lo recordaba como un maestro que tenía «una divertida disposición para la música», la cual «era un puro placer para él, que sabía compartir conmigo». El célebre pianista añadía: «Lo adoraba.» Maestro y alumno hicieron una gran amistad. El mallorquín también la estableció con Clara Wieck, la viuda de Schumann, que lo empujó a publicar algunas de sus obras para piano. Una de estas obras, Variaciones Op. 8, está considerada como la obra más importante del piano romántico español. También compuso muchas canciones en el más puro estilo de los lieder alemanes, que dentro de la escasa discografía del compositor se pueden encontrar grabadas por el tenor Joan Cabero, con Bartomeu Jaume al piano, y por la mezzosoprano María José Montiel, con Miquel Estelrich.

Capllonch compuso diversas obras polifónicas impulsadas por su amigo, también mallorquín, Joan Maria Thomàs. Este compositor y organista fundó en 1926 la Associació Bach para la música antigua y contemporánea, y unos años más tarde, la Capella Clàssica, cuyo director honorario era Manuel de Falla. Estudioso del patrimonio hispánico, Thomàs fue uno de los participantes en el Congreso Internacional de Musicología celebrado en Barcelona en 1936. Su obra está por editar.

Otra figura de la música en Mallorca es Antoni Torrandell. En 1905 fue a París a perfeccionar sus estudios de piano con Ricard Viñes. Buena parte de su obra, entre romántica e impresionista, se publicó en Francia e incluye muchas composiciones sinfónicas. También fue un gran intérprete de las obras de Capllonch.

El compositor novecentista Baltasar Samper, que murió en México, empieza a ser menos desconocido tras la adquisición de su archivo.

No obstante, la personalidad musical que más interés suscita por el gran desconocimiento que la rodeaba es la de Baltasar Samper, a quien Corbera, que lo considera el compositor catalán más importante después de Eduard Toldrà, dedica la tesis que está a punto de acabar. Instalado en Barcelona de muy jovencito, Samper se incorporó a la vida cultural y política catalana. Formó parte del grupo Compositors Independents de Catalunya junto a Toldrà, Manuel Blancafort, Robert Gerhard o Frederic Mompou entre otros, siendo el de más edad. Ocupó cargos en la Generalitat.

 

Samper, segundo por la derecha, con Gerhard, Grau, Campins, Toldrà, Blancafort, y Ricard Lamote de Grignon, en 1931, en el Ateneu Barcelonès.

Samper, segundo por la derecha, con Gerhard, Grau, Campins, Toldrà, Blancafort, y Ricard Lamote de Grignon, en 1931, en el Ateneu Barcelonès.

 

Tocar todas las teclas

A diferencia de Torrandell y Thomàs, que se quedaron aquí después de la Guerra Civil, Samper tuvo que exiliarse, en un primer momento en Francia y, después, en México, donde murió. Dice Corbera que el desconocimiento de la figura de Samper y de su obra se debe a la dificultad que hay para ubicarlo, ya que «tocaba todas las teclas». Era compositor, pianista, director, crítico de La Publicitat, musicólogo y, desde la Obra del Cançoner Popular de Catalunya, el padre de una primera etnomusicología catalana positivista y sistemática. Sin embargo, había otra cuestión que dificultaba su ubicación, según explica el estudioso: «En Mallorca lo veían como un catalanista; en Barcelona, como un mallorquín; los españoles, como un catalán, y los mexicanos lo consideraban un español. Así pues, no se lo apropia nadie, todo el mundo espera que lo hagan otros.»

La falta de un fondo único de su obra, que estaba repartida en diferentes archivos y bibliotecas, dificultaba también su estudio. Esto se ha empezado a solucionar. En 2017, el Gobierno balear adquirió el archivo de la familia que estaba en México en una operación que costó 40.000 euros. Existía el compromiso de que la Orquestra Simfònica de les Illes Balears (OSIB) emprendiera una política de estrenos a partir del legado obtenido, pero hasta ahora se ha hecho poca cosa.

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En 2021, gracias a la recuperación del archivo, la orquesta presentó una revisión de su obra más conocida, la Suite Mallorca, una de las pocas obras del compositor que sobrevivieron al silencio de tantos años y que el propio Samper acabó aborreciendo. El compositor dejó escrito que esta obra había circulado más de lo que él habría deseado, pues a causa de ella y de otras dos composiciones —insistía en subrayar que solo eran dos— sobre temas mallorquines, le habían adjudicado la etiqueta de «músico folclorista o popularista»

La OSIB también estrenó Set cançons. Hay una grabación de otras piezas para voz y piano, y de danzas para piano y cuerdas, a partir del legado, realizada por el Ensemble Tramuntana, y poca cosa más. De momento, porque Corbera y el tenor Roger Padullés han concluido la tarea de recopilación de las partituras para grabar, en verano del año próximo, la integral de las canciones, que publicará Ficta (partituras y disco). Seguro que esto no es todo porque el archivo Samper puede reservar muchas sorpresas.

Ante este panorama en el que hay tanto trabajo por hacer, y no solo con Samper, hay que decir que encargar una ópera como L’arxiduc está bien, pero si eso fuera acompañado de una adjudicación de fondos y medios para la investigación y difusión del patrimonio, todavía estaría mejor.