La guerra todo lo trastorna y transforma. También las instituciones y organizaciones internacionales, en algunos casos hasta situarlas al límite de su existencia. La Sociedad de Naciones, surgida de la Primera Guerra Mundial, no resistió la política de apaciguamiento y los primeros conflictos que llevaron a la Segunda Guerra Mundial. Surgida para evitar la guerra, fueron las guerras y las agresiones en la década de los años 30 (de Italia a Etiopía, de Alemania a Austria, Checoslovaquia y finalmente Polonia, y de ambas potencias fascistas a España) las que la liquidaron al demostrarse la inutilidad de sus instituciones para la resolución de conflictos.

La guerra de agresión que sufre Ucrania ya ha producido efectos directos sobre la Unión Europea y la Alianza Atlántica, ambas reforzadas como resultado de la invasión y más focalizadas en la seguridad y la defensa. La UE está utilizando por primera vez fondos de su presupuesto para financiar la compra de armas con destino a Ucrania y la OTAN ha recibido un nuevo socio, Finlandia, y está a punto de recibir a Suecia. Ambas organizaciones han expresado su voluntad de convertir a Ucrania en miembro de pleno derecho y de garantizar mientras tanto un sistema de seguridad que se ha comparado con el que Estados Unidos proporciona históricamente a Israel, de forma que siempre tenga ventaja armamentista respecto a sus vecinos, Rusia en este caso.

El batacazo bélico también afecta al Consejo de Europa, del cual Rusia fue expulsada en marzo de 2022, cuando todavía no había pasado un mes de la invasión, después de pertenecer a la institución dedicada a la vigilancia de los derechos humanos durante 26 años. Desde el 2000, con la guerra de Chechenia, Rusia ya se constituyó en estado violador de los principios de la institución, situación que se repitió con la invasión de Georgia en 2008 y de Crimea y el Donbás en 2014. Los litigios contra la Federación Rusa se acumulaban en el Tribunal de Derechos Humanos, hasta llegar a ser una cuarta parte del total, con numerosas sentencias desfavorables que el gobierno ruso después no aplicaba. Ya antes de la expulsión, la Duma se había desvinculado de la jurisdicción del Tribunal y el expresidente ruso, Dimitri Medvedev, declaró a Moscú con las manos libres para recuperar la aplicación de la pena de muerte, prohibida por el Consejo de Europa.

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