Entre el ruido y la furia dominante del rock and roll más cargado de protesta, de denuncia o, sencillamente, de descarga vital en unos años sesenta y setenta inquietos, quien buscaba un rincón tranquilo y sofisticado lo encontraba en las canciones de Burt Bacharach. Ambas músicas pueden parecer excluyentes, pero no lo son. Más bien son complementarias, como las dos caras de una misma moneda. Con más superficialidad que conocimiento, hay quien ha etiquetado la música de Bacharach de easy listening, de música de ascensor; quien la considera sentimental o cursi porque habla de amor. Solo hay que escuchar, por ejemplo, I say a little prayer o Walk on by para entender que no se la puede tildar ni de fácil ni de ramplona.

Bacharach ha estado presente en el panorama musical internacional durante más de seis décadas, prácticamente, sin interrupción. Ganó seis Grammy y tres Oscars. Setenta y tres temas suyos acabaron entre los top ten de los Estados Unidos. Interesó a músicos de jazz como Stan Getz el cual, en una fecha tan lejana como 1968 le dedicó un álbum, What The World Needs Now: Stan Getz Plays Burt Bacharach and Hal David. Muchas décadas después, fue una figura del rock que había pasado por el punk y por el new wave, Elvis Costello, quien a finales de los años noventa se quiso asociar con él y juntos hicieron un primer álbum Painted from Memory. Tres semanas después de que Bacharach muriera en Los Angeles el pasado 8 de febrero a los 94 años, salía al mercado The Songs of Bacharach and Costello, una compilación de todo lo que habían hecho juntos durante tres décadas. Una carrera así no se construye con ramplonerías.

Burt Freeman Bacharach nació en 1928 en Kansas City (Missouri), en una familia de origen judío, cosa que él no explicaba, pero creció en Nueva York. Bien pronto empezó una formación pianística académica. Aun así, lo que le interesaba de joven era el jazz. De día, estudiaba a compositores como Ravel o Ígor Stravinsky. Por la noche, sin tener la edad para ello, se colaba en los clubes de jazz para escuchar a grandes estrellas como Count Basie o Dizzy Gillespie.

Según el compositor británico Thomas Adès, autor de óperas como The Tempest y The exterminating Angel basada en la película de Luis Buñuel, Bacharach «no escribió nunca una frase plana o una armonía previsible», y recordaba una conversación mantenida en la cual Bacharach le explicó que su profesor de composición en el Mills College (California), el compositor francés Darius Milhaud, le dijo: «Burt, no te avergüences ni te sientas incómodo por una melodía que la gente pueda recordar o silbar». También fue alumno del checo Bohuslav Martinú, pero consideraba la influencia de Milhaud, la más grande que había tenido.

 

Sin miedo

En las palabras del francés se halla una primera explicación del continuado éxito de Bacharach, la de no tener miedo de hacer melodías que gusten a una gran mayoría. Él decía que no quería hacer canciones como siempre se habían hecho, que quería llevar la letra y la música de una canción por caminos diferentes, disociarlas. Lo hacía con progresiones armónicas, contrastes muy marcados, fraseos irregulares y cambios repentinos de métrica. El compositor decía que se puede explicar una historia siendo explosivo un momento y a continuación resolver de manera satisfactoria con calma. Para el oyente el resultado parece fácil, pero lo que hay detrás no lo es nada.

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«No te avergüences ni te sientas incómodo por una melodía que la gente pueda recordar o silbar», le dijo su maestro Darius Milhaud.

En los primeros años de carrera, Bacharach se ganaba la vida acompañando al piano. Primero, a Vic Damone, un crooner que era toda una estrella de la canción melódica. Después, a Paula Stewart con la que se casó. También trabajó con Marlene Dietrich, de quien fue acompañante al piano, director y arreglista a finales de los años cincuenta y primeros sesenta en sus giras por todo el mundo. De esta experiencia resultó el Bacharach director de orquesta.

Su carrera, no obstante, dio un giro que marcaría toda su vida cuando conoció al letrista Hal David en 1957, el mismo año en que Elvis Presley publicaba el rompedor Jailhouse rock. David había escrito canciones para Sarah Vaughan y Frank Sinatra a finales de los años cuarenta. De la pareja formada por el compositor y el letrista empezaron a surgir grandes éxitos, el primero, el mismo 1957, The Story of My Life, pero el año del lanzamiento de la pareja artística fue 1962 con éxitos como Make it Easy on Yourself y Don’t Make over.

Al tándem se sumó una tercera pieza, la cantante Dionne Warwick, a la que Bacharach y David descubrieron cuando hacía acompañamientos vocales para las grabaciones del grupo de R&B The Drifters. Durante veinte años este terceto fue una máquina que creaba éxito tras éxito como Anyone Who Had a Heart y Walk on By. La relación, sin embargo, se rompió con juzgados de por medio, si bien al final se rehízo, aunque cada cual ya había tomado su propio camino. La reconciliación se materializó con un canto a la amistad, la canción That’s what friends are for.

Bacharach fue llamado para componer para el cine, tanto temas (My Litttle Red Book para What’s on Pussycat), como bandas sonoras enteras (Casino Royale). Aun así, su contribución más célebre fue Raindrops Keep Fallen’on My Head de la película Butch Cassidy and the Sundance Kid, aquí traducida como Dos hombres y un destino, con unos esplendorosos Robert Redford y Paul Newman. La canción Alfie, con música de Bacharach y letra de David, también se puede escuchar en la película homónima británica, y también el tema de Arthur.

Durante 20 años el trío musical que constituían Bacharach, el letrista Hal David y la cantante Dionne Warwick fue imbatible.

Además de los nombres citados, la lista de intérpretes que han cantado sus melodías es el gotha del jazz y el pop. De Aretha Franklin a Dusty Springfield, de Perry Como a Tom Jones, de Wes Montgomery a Herb Alpert and the Tijuana Brass, Isaac Hayes, Roberta Flack, Neil Diamond, Patti LaBelle, Sheryl Crow y un largo etcétera.

 

El malestar

Con su música, el compositor no había manifestado nunca sus opiniones políticas ni había tenido un interés explícito por cuestiones sociales. Esto cambió en 2005 con el álbum At this time, ganador de un Grammy. «Toda mi vida he escrito canciones de amor y me he mantenido apolítico. Algo debe querer decir que de repente tenga una fuerte sensación de malestar con el estado del mundo y con lo que nuestra Administración está haciendo», explicó. Lo que la administración de George W. Bush estaba haciendo en aquellos años era la guerra de Irak después de haber invadido aquel país con la excusa de la existencia de armas de destrucción masiva, excusa que resultó del todo falsa.

En 2016 recibió el encargo de hacer la banda sonora de la película A boy called Po sobre un chico autista. Dedicó el tema Dancing with your shadow a la memoria de Nikki, una hija suya que había sufrido el síndrome de Asperger, pero sin ser diagnosticada, y se suicidó cuando tenía 40 años. En 2018, cuando publicó la canción Live to see another day dio los beneficios a las familias de las víctimas de la masacre de la Escuela Primaria de Sandy Hook en la cual un joven de 20 años asesinó a veinte niños y seis adultos en 2012. Aquel mismo año, él y David recibieron de manos del presidente Barack Obama el premio Gershwin por su legado musical.

Bacharach se casó cuatro veces, una de ellas con la actriz Angie Dickinson y otra con la letrista Carole Bayer Sager, autora entre otras de On My Own. Bien plantado, siempre bronceado y sonriente, le llamaban el playboy del mundo occidental. En sus memorias, Dietrich decía que durante los años en que habían trabajado juntos se sentía en la gloria y añadía que, como hombre, era la personificación de todo lo que una mujer puede desear.