«Por mucho que la gota pueda esperar excavar la piedra, la piedra continúa siendo piedra y la gota es solo agua». Esta frase, que recuerda un aforismo del diario de un adolescente, es en realidad una afirmación muy estudiada de la primera ministra italiana. En octubre de 2023, después de un año de gobierno, Giorgia Meloni reaccionaba de este modo al escándalo relacionado con su compañero, el presentador de televisión de Mediaset Andrea Giambruno, sorprendido en un video mientras hacía aproximaciones sexistas a una periodista: la primera ministra se sacudió la vergüenza liquidándolo públicamente en las redes sociales. Pero el mensaje de la piedra no iba dirigido al padre de su hija, sino a cualquiera que intentara ponerle palos en las ruedas, incluida la familia Berlusconi. «La piedra permanece piedra»: sin darse cuenta, Meloni ofrecía así el balance político más franco de su gobierno. Venía a decir: «La extrema derecha continúa siéndolo».

La normalización, la integración en el establishment, era el objetivo principal de la líder, que había preparado durante mucho de tiempo la toma del poder, garantizando la complacencia de la familia popular europea y de la Casa Blanca. Cuando Meloni se convirtió en primera ministra, corrió a Bruselas para dejar claro, en sus propias palabras, que «no somos marcianos». Pero el hecho es que su acción de gobierno, por no hablar de la propaganda, se mantiene en la ruta de la extrema derecha. Aunque la primera ministra italiana a menudo se describe como «pragmática», «moderada» o «centrista», su práctica política consiste en un ataque desde múltiples ángulos a los derechos y equilibrios democráticos. La obra de normalización de Fratelli d’Italia muestra hasta dónde está dispuesto a llegar el centroderecha europeo para mantenerse en el poder, pero no nos dice de ninguna manera que la extrema derecha italiana se haya reformado.

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