Cuando internet se consolidó como una realidad cotidiana, escapando de los círculos más tecnológicos o excéntricos, una buena amiga editora se atrevió a aventurar una profecía: «esto es la muerte de los libros de cocina. ¿Quién querrá comprar si, con un clic, tendrá a mano todo el recetario mundial?». Aun así, la realidad se empeñó en contradecirla y, en vez de la obsolescencia anunciada, la publicación se ha incrementado e, incluso, diversificado.

Por un lado, encontramos los recetarios estrictos. Más allá de alguna recuperación de referentes clásicos, la mayoría o bien se sitúan bajo la advocación de algún nombre reconocido del mundo de los fogones o conocido del universo mediático, o bien toman como excusa un utensilio (el robot de cocina, el microondas...), una enfermedad o alergia (celiaquía, intolerancias diversas...), o un tipo de dieta (vegetarianismo, para adelgazarse...). Son libros utilitarios, profusamente ilustrados, ordenados por apartados y con unas indicaciones claras de medidas y procedimientos. Se trata, para entendernos, de conjuntos de fórmulas con una complejidad variable y sin más pretensiones que resolver la cargante pregunta de «¿y hoy qué hago para comer?».

Por otra parte, están los trabajos que buscan transcender el puro recetario y lo usan como excusa o argumento para hablarnos de algo más. Esta relevancia no es forzada. Para empezar, cocinar nos define como seres humanos, puesto que fue un rasgo evolutivo capital. Como nos explica el fisiólogo vasco Juan Ignacio Pérez Iglesias somos «criaturas de la llama».

En otras palabras, el uso del fuego para cocinar alimentos —un descubrimiento de hace ya un millón de años— nos habría permitido superar nuestras limitaciones anatómicas —mandíbula débil, dientes pequeños y sistema digestivo delicado—, consolidar y ampliar nuestro omnivorismo y extraer más nutrientes y de más calidad gracias a la transformación bioquímica sufrida por los productos cocidos. Todo ello revirtió, como relata en Primates al este del Edén (Crítica, 2023), en una oportunidad evolutiva nueva, puesto que se pasaba de culturas de subsistencia a sociedades mejor alimentadas, más fecundas, más sanas... y con más tiempo.

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