Vida y política, un referente moral

Pepe Mujica transita por la vida ligero de equipaje. Cuando llego a su chacra, situada en las afueras de Montevideo, está moliendo maíz para convertirlo en harina para las gallinas. Da unas cuantas vueltas a la manivela antes de pasar a un pequeño espacio que sirve a la vez de salita, despacho y biblioteca. A través de la puerta abierta se entrevé la cocina con una olla humeante. Estas son las dos estancias principales de la humilde casita. Él y su mujer, Lucía Topolansky (ex vicepresidenta del gobierno de Uruguay, pasó tantos años en prisión como Mujica), la compraron, junto al terreno que la rodea, al salir de la cárcel. Viven sobriamente, pero no pobremente, como remarca Mujica. Los cinco años (2005-2010) que fue presidente de Uruguay rechazó instalarse en la residencia oficial y se mantuvo aquí en contra de la opinión de sus colaboradores, los cuales no tuvieron más remedio que acostumbrarse a la manera de hacer y de ser de este político singular. Precisamente su singularidad y su idiosincrasia, tanto en la forma como en fondo, es lo que le ha llevado a ser conocido y admirado en todas partes. Todavía con pantalones y jersey blancos de harina, se sienta sin prisa dispuesto a compartir sus ideas y sus inquietudes, durante una tarde del suave invierno uruguayo.     

A sus 88 años, le gusta mirar hacia adelante. De los trece que pasó en la cárcel (1972 -1985) como miembro del movimiento tupamaro pasó siete incomunicado y sin poder acceder a ningún libro ni lectura. Sufrió crueles torturas físicas y psicológicas, pero no guarda rencor a sus torturadores. Admira la finura intelectual de José Bergamín, quien durante su exilio en Montevideo fue uno de sus profesores, y la poesía de Antonio Machado, a quien cita a menudo. Se siente preocupado por la ecología y está muy pendiente de los avances de la ciencia. El exguerrillero y dirigente de la coalición Frente Amplio pone en valor el papel que han jugado políticos conservadores como Angela Merkel y Winston Churchill en diferentes etapas de la historia europea. 

 

En Europa hay un cierto auge de la extrema derecha. En América Latina se puede decir que va y viene. La subida que ha experimentado recientemente en Argentina ¿cree que puede marcar una tendencia?

No saque conclusiones tan a la carrera. Eso es típico de los europeos. Lo que pasa es que la gente tiende a votar en contra de lo que hay, a veces, por cansancio, sin tener muy claro a favor de qué votar. Vota más bien negativamente, por una reacción de disconformidad. Pero si uno rastrea bien el fondo, se puede encontrar que esa disconformidad es un subproducto de la civilización consumista, con la que nunca se alcanza nada, porque cada vez se desea más, se aspira a más y se necesita más. Y si no lo alcanzas te frustras. Tanto si vives en Alemania, en Estados Unidos o en el área emergente de América Latina.

El problema es que confundimos ser con tener. El consumismo nos transforma en compradores compulsivos y nos lleva a entender que triunfar en la vida es tener riqueza y multiplicarla. Cuando Lenin escribió que el imperialismo era la última etapa del capitalismo estaba soñando. Aún no sabemos cuál será la última etapa. Pero esta se llama consumismo. El consumismo genera una cultura que nos tiene prisioneros y es mucho más fuerte que cualquier ejército, porque está dentro de nuestras casas, en los medios, y es subjetivo y emocional.

 

Como usted acostumbra a decir, se puede vivir con poco. Pero buena parte del mundo ni llega a ese poco

Sí. Pero hay una parte tan grande como esa que tira mucho, que tira demasiado. Todos estamos un poco prisioneros de esa cultura consumista que decía antes. Por ejemplo, la causa de los ecologistas es muy justa, muy moderna, pero también quieren cambiar el auto rápido, y si sale un celular con 5G quieren comprar el 5G y no hay medio ambiente que vaya a resistir con los ocho mil millones de habitantes que somos. A pesar de ello, creo que la especie tiene más inteligencia instintiva de lo que nos puede parecer, porque las mujeres del mundo han decidido parir menos y van a corregir el exceso de población que hay, si exceptuamos África, claro. Ustedes sufren más de cerca la desgracia de los que huyen. Es terrible.Van a tener que ensanchar el Mediterráneo porque no va a dar para cementerios. Tenemos globalización financiera pero no tenemos globalizada la moral, la ética. Los pobres de África y los que se están ahogando en el Mediterráneo no son de África, son de todos. Son el precio de los pecados coloniales, las heridas de la historia de nuestra propia humanidad

 

Una parte de la humanidad se ahoga en pateras y otra vive lanzada a una vida de despilfarro ¿Usted tiene esperanza de que alguna vez se pueda encontrar soluciones a estas desigualdades?

Tengo esperanza en la biología. Y tengo una visión optimista. Pero seguramente nos va a costar muchos dolores y desastres. Desconcentrar la riqueza en el mundo es una lucha política que tendrá una enorme resistencia. Porque nadie da de buena gana lo que tiene en el bolsillo. Los que están abajo dicen que los de arriba han de pagar más. Ahora, si por casualidad estás arriba, tampoco quieres pagar más impuestos. La abundancia nos pavonea. Tiende a hacernos creer que somos infinitos. Y perdemos humildad.

Cuando uno contempla la historia de Europa observamos que el viejo continente se pasó toda la vida peleando. Siglos y siglos de guerras infinitas. Hasta que un día, ante el peligro rojo en un lado y el desafío americano en el otro, dijeron NO. Fue un momento de lucidez y trataron de crear otra cosa. A pesar de que esa vieja Inglaterra, como dijo Churchill, siempre opta por el mar. Hicieron lo que tenían que hacer. Pero ahora el estado del bienestar tiene dificultades y vuelve a estar en peligro.

 

Usted ha sido presidente durante cinco años y su gobierno impulsó nuevas políticas dentro de lo posible. Ser pragmático no está reñido con ser utópico

Tu puedes tener ideales y horizontes muy vastos, pero estás rodeado de gente que tiene que comer, y tiene que resolver los problemas del día a día. Y no le puedes decir, espera que venga una sociedad mejor y así tienes más plata para pagar la luz. La luz se ha de pagar cada mes. No es sólo cuestión de pragmatismo, es que la vida le impone a la gente necesidades urgentes que hay que atender. Si no entendemos eso, no entendemos lo que es la criatura humana. Y los gobernantes no se pueden divorciar de la gente, porque no son los grandes utopistas los que cambian la historia humana, si no la fila que los sigue. Parece que el más importante es el que va en la vanguardia, pero el que va en la vanguardia es como un general sin tropa si no tiene gente que lo acompañe. Entonces, la fuerza la tienen los anónimos. Y si te divorcias de los anónimos podrás hablar muy bien y escribir muy lindo, pero no fastidias al poder. Siempre digo que Don Quijote tiene sentido con Sancho al lado, si no, no.

 

Durante su largo presidio estuvo siete años del todo incomunicado y, entre otros aspectos terribles, no pudo leer ni un libro ¿Qué descubrió en su interior?

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Descubrí el mundo. Ahora, con el salto tecnológico, la gente no tiene tiempo de hablar consigo misma. Y está muy lejos de conocer lo que lleva dentro. Como dijo Machado, converso con el hombre que siempre va conmigo: «Mi soliloquio es plática con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía». Además, aquella máxima socrática, conócete a ti mismo, es la cosa más difícil. Y la más en desuso. La gente a veces trata de no mirarse, porque siempre tenemos un juez sentado ahí. Y es implacable, por eso es mejor no despertarlo, por si acaso. La soledad del calabozo me enseñó a valorar lo poco, por ejemplo, si por la noche me ponían colchón o me dejaban sin él. Aprendí a ir liviano de equipaje. Si vas liviano de equipaje por la vida eres más libre.

 

¿Se puede perdonar a un torturador?

A Dante le faltó un círculo en el infierno de la Divina Comedia: El del olvido. No quiero decir con esto que no sea necesaria la memoria histórica, si no que el rencor no sirve para nada. Y no lleva a ninguna parte.

 

¿Cree que en determinadas circunstancias puede estar justificada o ser entendible la guerrilla o la lucha armada?

Pueden darse circunstancias y momentos. Si mis antepasados no hubieran hecho lucha armada, acá todavía estaríamos pendientes de la colonia. No fueron los colonizadores los que nos reconocieron nuestros derechos de la libertad. A los colonizadores los echaron mis antepasados.

 

Una de sus máximas es tener tiempo libre para vivir la vida

La vida es el único capital importante que tenemos. Tú no puedes ir al supermercado y comprar años de vida. Vivir la vida es tener tiempo para las grandes cosas cotidianas, eternas y permanentes de los humanos: la pareja, los hijos, un puñado de amigos. Y para cultivar eso se necesita tiempo. La vida no es sólo trabajar. Es mentira que el hombre sea un animal trabajador por naturaleza. El hombre aprendió a trabajar por necesidad y por seguridad. Cuando llegaron los colonizadores decían que los indios no querían trabajar, pero lo que no querían era trabajar para ellos, desde luego. La primera huelga que hubo en este país la hicieron los indios tape. Los trajeron para armar una muralla y una noche se rebelaron. No tenían sindicatos ni nada, pero sabían lo que tenían que hacer. ¿Usted sabía que, en investigaciones hechas sobre humanos con forma primitiva de vida se dieron cuenta de que trabajaban sólo dos horas por día? Lo suficiente para mantenerse.

 

Pero a veces se puede disfrutar trabajando ¿O no disfruta usted, por ejemplo, ahora moliendo, o cuidando su pedazo de tierra?

Hay cosas que son lindas, hermosas, aunque parezcan trabajo. Y claro que hay trabajos que gustan. Pero el grueso de la humanidad está condenada a hacer trabajos que no le motivan para nada. Y tiene que ir, cada mañana, por la ley de la necesidad. Esa es la frustración. Ahora, yo que sé, un investigador que se pasa años con una molécula, lo hace porque le gusta, y eso es una pasión, más que un trabajo.

 

¿Si uno vive como piensa, duerme más tranquilo?

El problema radica en intentar dar respuestas a si la vida tiene sentido. Y encontrar un sentido al milagro de estar vivo, o bien sólo vivir porque se nació, por un hecho biológico. Nuestra única diferencia con el resto de los bichos es que tenemos conciencia, y en parte, sólo en parte, podemos incidir en el rumbo de nuestra vida. No digo que sea ciento por ciento, pero conscientemente podemos incidir; o no, ese es el gran dilema. Si no te planteas el interrogante, está todo resuelto: el mercado te va a encaminar, y te vas a pasar toda la vida pagando cuotas hasta que te mueras.

 

En todas partes existen políticos que se transforman cuando tocan poder. Y se genera la opinión de que todos los políticos son iguales (en el mal sentido)         

El ser humano es un bicho vanidoso. Es un pavo real. Y eso contribuye a desprestigiar la política. Yo siempre he tenido una máxima: Los gobernantes han de imitar cómo vive la mayoría de su pueblo y no cómo vive la minoría privilegiada. Además, en la política sobreviven un conjunto de usos, costumbres, instituciones incluso, que son verdaderos resabios feudales, desde la alfombra roja a los que tocan el clarín cuando viene su autoridad. Es como el señor feudal que cruza el puente y los vasallos le saludan. Está lleno de cosas de esas que sobreviven, que no tienen nada de republicano, aunque el estado sea una república, pero están ahí. Cuando como presidente fui a Alemania, dentro del paquete de visitas oficiales me ponían una alfombra roja, como de cuatro cuadras, una cosa impresionante, me daba vergüenza, pero tenía que pasar por ella, porque si no, me dijeron que era como un desprecio a los que me recibían. Claudiqué. Y me arrepiento.

 

A usted el poder no lo ha cambiado

En mi caso personal, si me tengo que definir filosóficamente soy algo así como neo-estoico. Pobre es el que precisa mucho. Aquel que precisa mucho es pobre porque va a estar siempre desesperado para conseguir más, apretado por la ley de la necesidad. O como dicen los aimara: pobre es el que no tiene comunidad, el que anda solo en el mundo. Yo tengo compañeros y amigos en fila, gente que está ahí para compartir los tropezones de la vida. Por otra parte, hay quien anda diciendo que soy pobre, o que vivo pobre. De ninguna manera soy pobre. Ni vivo pobre. Lo que pasa es que confunden sobriedad con pobreza. Y no es lo mismo. Necesitar mucho es lo contrario de la felicidad, porque se pierde libertad. Nosotros vivimos acá en esta casita. Somos dos viejos, y en cuatro patadas lo arreglamos todo más o menos. Pero la gente quiere muchas cosas y cuando más cosas, más necesidades. Es un círculo vicioso, que se retroalimenta. Siempre se quiere más.

 

¿De qué está más satisfecho de sus años en el poder como presidente del país?

De haber dejado la Presidencia (ríe). Es como cuando te pones un par de zapatos nuevos, que son muy justos y te aprietan y al sacártelos sientes un alivio bárbaro.

Pero vaya, algo hicimos. Quizás podríamos haber hecho más, pero algo hicimos. Sobre todo, y lo más importante, es que queda gente que sigue el camino.

 

Pocos gobiernos se han atrevido a intentar legalizar la marihuana, como hizo el suyo

El mundo está manejado por viejos, que se olvidan de cómo eran cuando eran jóvenes. Con la droga llevamos décadas y décadas reprimiendo y cada vez está peor. A un joven le llama la atención lo prohibido. Si tú quieres cambiar no puedes seguir haciendo lo mismo. Hay que impulsar otras políticas y otras fórmulas. Pero como el mundo ha creado un gigantesco aparato represivo, estos aparatos represivos tienen que justificar su trabajo. Y queda muy feo reconocer que están haciendo un trabajo inútil. La represión construye un monopolio y como todo monopolio tiene una tasa de ganancia infernal. Y como poderoso caballero es don dinero, se termina pudriendo toda la sociedad.

 

Usted es crítico con el sistema de representación político que en general se practica ¿Por qué?

La idea de representación que practicamos empieza a estar en tela de juicio porque las sociedades modernas son cada vez más complejas. Los antiguos sistemas parlamentarios parecen imposibles para la complejidad actual, con un montón de mundos dentro de la propia sociedad. Aparte de puntales como la salud o la enseñanza, se van incluyendo otros mundos nuevos. Y todos coexisten. Creer que un cuerpo representativo puede orientar todo es casi ridículo. No quiero decir con eso que la idea de representación no sirva, pero nuestro sistema no va.

Por ejemplo, tuvimos el ataque de la pandemia. Se convocó a un conjunto de personas de ciencia, que no decidían nada, sólo recomendaban. Y en algunos casos, la política hizo lo que la ciencia decía, pero en otros, no. Era mucho más sensato que las personas de ciencia pudieran haber decidido, porque eran las que entendían lo que pasaba, porque es su especialidad.

Un político no puede opinar, razonar y decidir sobre la inteligencia artificial y todo lo que se nos viene encima. Sobre si hay que controlarla, o tiene que crearse para ella un sistema de derecho. En asuntos así tiene que estar la gente que ha puesto una cabeza filosófica al servicio de las posibles consecuencias.

Y tenemos otro problema, ya detectado, con la vejez y la soledad. Como vivimos más, quedan un montón de viejos solos. Hay dos países, Japón e Inglaterra, que han implementado carteras ministeriales de la soledad. Me refiero a eso como idea de que la política ha de ir modificando sus maneras de funcionar al ritmo que va cambiando la sociedad. Si no, se queda atrás.

 

¿Algún día se destinará más presupuesto a la ciencia y menos a armamento militar?

Heráclito ya dijo que la guerra es la madre de todas las cosas. Desgraciadamente, hasta ahora el filósofo ha tenido razón. Todos los progresos tecnológicos y científicos aparecen primero en la guerra, y después viene lo otro. Es increíble, pero es así.

Hay cosas que son maravillosas que están esperando. La función biológica más importante que hay en la Tierra es la fotosíntesis. Y todavía no sabemos cómo funciona del todo. Sabemos que en fracciones de segundo hay como treinta y pico de reacciones en cadena, pero no las dominamos. Lo que quiero decir es que el camino de la ciencia es infinito. Pero cada minuto se gastan dos millones de dólares de presupuestos militares en el mundo. Es una desgracia.

  

Y mientras tanto, somos capaces de vivir con una guerra encallada en Europa ¿Sirven para algo las organizaciones mundiales?

El mundo cada vez precisa mucho más de decisiones políticas de carácter mundial, pero no está en condiciones de tomarlas. La crisis ecológica es una crisis de la política. Es una impotencia política de la humanidad para darse las decisiones que necesitaría. Porque hace muchos años desde Kioto, más de treinta. Y desde entonces sabemos lo que pasa y lo que habría que hacer. Y no se hace. Aquí no es la ciencia la que falla. La que falla es la política.

Las organizaciones mundiales movilizan la economía, pero desde el punto de vista práctico, desgraciadamente los resultados son demasiado pobres. Generan unos cuantos puestos de trabajo, inútiles, pero unos cuantos puestos de trabajo. Y dan ganancia a hoteles, a cadenas, a compañías aéreas. Los estados nacionales están perdiendo progresivamente poder, pero no pierden poder en base al desarrollo de organismos mundiales. Están perdiendo poder a favor de la economía transnacional, que es distinto.

La pregunta es esta: ¿Habremos llegado al tope el género humano?

 

¿Cómo ve la Europa actual?

Se encuentra en falta una vieja conservadora como Merkel, con la que se podía estar de acuerdo, o no, pero tenía visión. Era una estratega inteligente ¿Quién dialoga en estos momentos?

En cuanto a Rusia, ha sido un proceso largo, pero Europa la está regalando a Asia, cuando ustedes tendrían que haber tratado de agarrarla para este lado.

Y sobre España ¿qué le voy a decir? Visto desde aquí, parece que los progresistas han de aprender mucho todavía. No aprendieron con la guerra civil.

 

¿Y sobre Catalunya, qué vibraciones le llegan?

Da la impresión, desde lejos, de que la sociedad hispánica requeriría una solución de tipo federal, mucho más abierta de lo que tienen ahora. Lo que yo más conozco es el País Vasco, porque he estado allí, y es evidente que los vascos tienen una identidad propia, muy diferenciada. Y sé que los catalanes también. Y los gallegos. La solución para integrar y a la vez realzar todas las diferencias sería un estado federal. Pero Castilla no afloja. Ahí está el nudo.

 

Usted recibe constantemente visitas.  Hace poco estuvo por aquí el presidente de Catalunya, Pere Aragonès. También la vicepresidenta española Yolanda Díaz…

Y también estuvo el rey. Pero el viejo, ¿eh? Hace unos años, cuando yo aún era presidente. Era recién la polémica sobre el elefante de Botsuana y creo que vino a lavarse la cara. Apareció acá con un par de Mercedes grandiosos, negros, que casi no pasaban por el camino. Yo tenía ahí mi viejo Volkswagen Escarabajo y le dije señalándoselo: usted y yo tenemos un punto en común: nos gustan los coches alemanes. Al oír esto, se hartó de reír. Es simpático.

 

¿Cuál es su deseo en este mundo de 2023?

Ayudar a que quede gente que levante la bandera por la cual he luchado.

 

¿Dejar de luchar, en la vida, es dejar de soñar?

Van de la mano. Si sueñas luchas y si luchas sueñas. Porque hay un motor adentro que te empuja. El inconformismo es una fuerza que ayuda, siempre que no cunda en el disparate. Y como dice un viejo proverbio hindú, los hombres van atrás de las ideas como la carreta va atrás de los bueyes.

Tampoco te creas que cuando está todo arreglado ya es definitivo. Son pasitos en el camino. Pero creo que la marcha es permanente y eterna. Y siempre va a haber contradicciones y cosas que superar ¿Sabes una cosa?: El cielo debe ser muy aburrido.

 

 ¿Le sorprende que la gente lo admire y lo siga tanto en todo el mundo?

Parece que es exótico que uno viva como uno piensa. A la gente eso le llama la atención.