Miquel Molina cierra el primer capítulo de su ensayo Proyecto Barcelona. Ideas para impedir la decadencia, con esta apelación a la acción global de la ciudad para luchar contra la tentación de dejarse llevar a la deriva: «Pero la oportunidad está aquí: el 2023 como arranque de una nueva etapa. En el calendario de los próximos años, Barcelona cuenta ya con algunas cartas de peso, como ser la sede de la edición de 2024 de la feria nómada de arte Manifesta, o como haber sido designada por la UNESCO capital mundial de la arquitectura en 2026. En resumen, se trataría de actuar como si a Barcelona le hubieran concedido unos Juegos en 2023 y se dispusiera a organizarlos con un enfoque social, igualitario, digital, innovador, ecológico y, por descontado, metropolitano.»

El ensayo de Miquel Molina se ha de leer como una estimulante propuesta para despertar a Barcelona de su actual letargo y su nostalgia del pasado. La fuerza de su propuesta radica en la capacidad para fijar su atención en aquello que puede conseguir Barcelona si decide actuar y en el precio que deberá pagar si no desarrolla todas sus potencialidades.

El ensayo toma como punto de partida la capacidad que tiene Barcelona de tener una serie de obras de arte que pueden contemplarse en el espacio público como espejos donde pueden reflejarse los ciudadanos. El arte se une a la trama de la ciudad para identificar las centralidades de la vida de la ciudad. El itinerario sensible que propone se inicia con la obra de Juan Muñoz Una habitació on sempre plou, situada en la Plaça del Mar; continúa con Barcelonahead, de Roy Lichtenstein, que comienza la panorámica visual del litoral, con el mural de Joan Miró en la terminal 1 del aeropuerto de Barcelona y con la obra el Submarí enterrat de Josep Riera i Aragó, en los jardines Hiroshima del Guinardó, y culmina con L’estel ferit de Rebecca Horn en el paseo marítimo de la Barceloneta.

El itinerario artístico intensifica la enorme capacidad que tiene Barcelona para generar un relato de ciudad poderosamente reflejado en la cultura. La fuerza de este recorrido por la ciudad que nos sugiere Miquel Molina nos sitúa ante el interesante proceso de volver a mirar, leer y escuchar aquello que la ciudad nos está revelando/advirtiendo.

 

Malestar y desánimo

Lo que la ciudad está diciendo, aunque a veces lo haga a media voz, como musitando para sí, es que hay algo que no acaba de funcionar. Miquel Molina lo expresa poniendo el interrogante en la cuestión de si realmente la ciudad ha entrado en una fase de decadencia. Las pistas que revelan que algo no acaba de funcionar en Barcelona para que la ciudad se reactive, no solo se basan en hechos concretos, en proyectos fallidos como la renuncia a acoger el museo Hermitage o a construir la tercera pista del aeropuerto, sino también en la percepción de los ciudadanos de que el desánimo y un profundo malestar flotan en la atmósfera de la ciudad.

Cuestiones como la falta de seguridad, la suciedad, la renuncia a proyectos estratégicos para el desarrollo de Barcelona, algunas asignaturas pendientes como el impulso que requiere la montaña de Montjuïc, la reforma de La Rambla, la marcha de empresas a otras ciudades como Madrid o Valencia, y el conflicto provocado por el desarrollo de las supermanzanas y de los ejes verdes, son ejemplos que demuestran a los ciudadanos que algo no acaba de funcionar en su ciudad.

El ensayo advierte una triple crisis: crisis institucional, cuando un Ayuntamiento, tras seis años en el poder, decide arreglar/salvar de su deterioro el invernadero de La Ciutadella; crisis del papel que juega la sociedad civil para reactivar la ciudad, y crisis de confianza de los ciudadanos, que no acaban de ver cómo puede revertirse la situación. Frente a esta triple crisis, Miquel Molina propone mirar hacia delante y ser conscientes de que bastaría con que nos propusiéramos activar las potencialidades de la ciudad para elaborar un sólido proyecto de futuro para Barcelona. El autor advierte que es posible pasar de la ciudad de las frustraciones a la ciudad de las oportunidades.

Algunas de estas oportunidades serían reactivar la montaña de Montjuïc como pulmón cultural, tecnológico y turístico; evitar los vetos a proyectos como Four Seasons o el Hermitage; la puesta al día de equipamientos culturales como el Arts de Santa Mònica; identificar una estrategia en torno a La Rambla y al Paralelo para potenciarlos como ejes culturales y promover a la vez el desarrollo de los barrios que los componen; definir un proyecto concreto para el puerto de Barcelona; apostar por Glòries y el 22@ como nuevo marco para estimular la alianza entre cultura y tecnología; impulsar la Ciudad de la Literatura; generar una nueva cultura de la capitalidad basada en una triple vocación hispánica, mediterránea y europea; fomentar la ciudad de los eventos, acogiendo otros nuevos y evitando que se vayan los que se han celebrado hasta ahora  en la ciudad, y apostar por una Barcelona que lidere el desarrollo metropolitano para afrontar retos como el cambio climático, la movilidad, el crecimiento económico…

 

Proyecto Barcelona. Ideas para impedir la decadencia
Miquel Molina. Proyecto Barcelona. Ideas para impedir la decadencia. Barcelona: Ediciones La Vanguardia, 2021. 200 pàgs.

 

Una ciudad posible

Es imprescindible la lectura del ensayo de Miquel Molina que, junto con su libro anterior, Alerta Barcelona. Adéu a la ciutat autocomplaent, y sus columnas publicadas en La Vanguardia, propone una ciudad posible. Nos transmite la ilusión de reactivar la ciudad dejando atrás las disputas políticas y centrando toda la atención en mostrar el potencial que tienen la cultura, las ciencias, la tecnología y la iniciativa económica para dejar atrás la crisis. No es un programa político, sino un programa de ciudad. En 2023 se celebrarán las elecciones municipales de Barcelona en las cuales, por primera vez en muchos años, ganarán aquellos que puedan presentar un proyecto de Barcelona posible e ilusionante. Su ensayo certifica que son cada vez más los ciudadanos que continúan apostando por definir un proyecto/realidad para Barcelona.