Como aquellos centrales de la vieja escuela, la industria editorial no tiene siempre suficiente cintura para reaccionar ante los regateos de la actualidad, pero cuando la jugada tiene continuidad y puede anticiparse, la contundencia está garantizada. Así, la eternización de Vladímir Putin (San Petersburgo, 1952) al frente de Rusia, ya sea como primer ministro (1999 y 2008-2012) o como presidente (1999-2008 y 2012-actualidad), y su transformación, incluso antes de la invasión de Ucrania, en el enemigo número uno del bloque occidental anuncia un alud de novedades sobre su figura y su trayectoria.

De hecho, ya en 2004, coincidiendo con su segundo mandato presidencial y con la constatación de que no se trataba de un simple paréntesis, llegaron al mercado algunas aproximaciones pioneras para tratar de explicar cómo aquel gris exagente de la KGB se había convertido primero en el hombre de confianza del presidente Boris Yeltsin y, finalmente, en el nuevo zar del gigante euroasiático. Entre aquellos títulos iniciáticos encontrábamos desde el Putin: Russia’s Choice, del politólogo británico rusófilo Richard Sakwa, hasta la denuncia de la desaparecida periodista Anna Politkóvskaya, La Rusia de Putin (en Debate, al año siguiente), pasando por el Putin’s Progress, del corrupto lord laborista Peter Truscott, entre otros. De las obras posteriores, también son reseñables la biografía del alemán Hubert Seipel, de 2015, traducida dos años más tarde por Almuzara, o el Putin v. People de Samuel A. Greene y Graeme B. Robertson, de 2019.

Con todo, buena parte de esta bibliografía ha quedado desfasada por el paso del tiempo y resulta insuficiente para interpretar la actualidad de estos días. Para responder a esta urgencia, muchos sellos españoles y catalanes han ido a buscar referentes locales con obra previa sobre el mundo ruso-soviético. Es el caso de Putin trenta anys després del final de l’URSS, firmado por Llibert Ferri (Edicions de 1984, 2021), decano de los corresponsales detrás del antiguo telón de acero, en el que se investigan las raíces históricas del ascenso del presidente ruso y se advierte sobre su peligrosidad, sin prever, obviamente, la actual escalada bélica. Ya con la campaña militar en marcha, otros dos veteranos han ofrecido su particular visión de la actualidad: Rafael Poch-de-Feliu, en una recopilación de sus artículos más recientes bajo el título La invasión de Ucrania (CTXT), y Carlos Taibo, en una actualización y ampliación de su anterior Rusia frente a Ucrania (Libros de la Catarata).

A escala internacional, la floración ha sido todavía más ingente, justificada por la evolución y actualidad de Putin y por su transformación en icono del autoritarismo. Entre la gran diversidad de obras recientemente anunciadas o publicadas, y sin ánimo de ser exhaustivos, sí pueden espigarse algunos títulos por su relevancia y/o sus aportaciones. En primer lugar, difícilmente podrá superar nadie la minuciosa biografía firmada por el periodista británico Philip Short. Este experimentado biógrafo —con obras previas dedicadas a Pol Pot, François Mitterrand o Mao, esta última la única traducida al castellano por Crítica en 2003— ha aprovechado los conocimientos acumulados a lo largo de sus años como corresponsal internacional, incluyendo Moscú para la BBC entre 1974 y 1976, así como un trabajo de documentación que se ha prolongado durante seis años. En sus páginas —que en la versión definitiva en inglés se acercarán seguramente al millar— se reconstruye la trayectoria de Putin desde su nacimiento y formación hasta justo antes de la invasión de Ucrania.

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Las dos obsesiones del régimen

Pero biografiar a personajes todavía vivos y activos tiene sus peajes y Short difícilmente podrá incluir el desenlace del actual conflicto y, sobre todo, los años finales del autócrata. Estas carencias lógicas no desmerecen una aproximación que sitúa en la idealización de sus años y experiencias como agente del KGB y en la nostalgia del homo sovieticus buena parte de las claves interpretativas del Putin individuo. Seguramente, no hay imagen más icónica que la de la huida de Dresde en el coche familiar, con una lavadora de segunda mano sobre la baca. Mientras que, a la hora de descifrar al Putin presidente, Short pone el acento en las conexiones entre los antiguos miembros de los servicios secretos y los nuevos oligarcas con proyección internacional, en las que a menudo cuesta distinguir dónde acaban los unos y empiezan los otros. En cualquier caso, todos ellos están alineados para satisfacer las dos grandes obsesiones del régimen: resarcirse de los agravios —reales o inventados— exteriores y reverdecer las glorias —tuneadas o imaginadas— imperiales.

Ninguna imagen más icónica que la de la huida de Putin de Dresde en el coche familiar, con una lavadora de segunda mano sobre la baca.

Precisamente, Los hombres de Putin, de la corresponsal Catherine Belton (Península), se centra en estos círculos opacos de poder y riqueza para explicar los últimos treinta años de la política rusa. Considerado el libro del año en 2021 por los grandes diarios anglosajones, resulta especialmente interesante y preocupante el análisis de cómo el dinero (sucio) ruso ha inundado Londres y Washington. Mientras que quizá los vínculos con Trump han merecido más cobertura mediática, las relaciones con la capital londinense, más allá de la tosca y cruel eliminación de destacados refugiados, impactan por la profundidad de sus influencias económicas y políticas. Aunque también por la nómina de artistas invitados, como es el caso de Roman Abramóvich, descrito como el hombre de paja de los intereses de Putin en la City.

Sergei Guriev y Daniel Treisman nos recuerdan que los autócratas del siglo XXI ya no necesitan actuar como monstruos de terror y violencia.

Por si había alguna duda sobre la falsa independencia de los magnates rusos, el antiguo máximo responsable de la petrolera Yukos, Mijaíl Jodorkovski, se encarga de disiparlas en su libro autobiográfico The Russian Conundrum, anunciado para el próximo mes de junio y escrito a cuatro manos con el políglota corresponsal Martin Sixsmith, con la voluntad de aumentar el descrédito de Putin y, de paso, reivindicarse de cara a posibles tiempos mejores.

También escrito a cuatro manos, pero mucho más interesante, se presenta Spin Dictators, previsto para primavera, del reconocido economista ruso —y víctima de las persecuciones de Putin— Sergei Guriev y del politólogo estadounidense Daniel Treisman. En este libro, los autores nos recuerdan que los autócratas del siglo XXI ya no necesitan actuar como monstruos de terror y violencia, sino que les basta con el control y la concentración de las palancas de poder y de los medios de comunicación. Tras la senda iniciada hace unos años por Lee Kuan Yew en Singapur, Putin destaca como alumno aventajado en la puesta en práctica de estrategias que combinan el potencial de la modernización en beneficio propio (ya no practican la autarquía), de la manipulación sofisticada (ya no grosera) y de la explotación de las debilidades democráticas (ya no el combate directo).

En esta misma línea de original estudio comparativo, destaca otro título anunciado también para las próximas semanas y que tendrá versión castellana en Crítica: Age of Strongman. Este análisis sobre «cómo el culto al líder amenaza la democracia en todo el mundo» viene avalado por la firma de Gideon Rachman quien, a sus orígenes cosmopolitas y su formación como historiador en Cambridge, suma una trayectoria profesional envidiable como periodista en el servicio mundial de la BBC, reportero en Washington, miembro durante 15 años de la plantilla de The Economist (con cargos en América, Asia y Europa) y referente, en los últimos tiempos, en el Financial Times.

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Autócratas y contramodelos

Con este capital acumulado, construye un libro brillante que viaja por el mundo entero para diseccionar el concepto de «hombre fuerte». Después de reprochar a la comunidad internacional sus repetidos errores de cálculo («this tendency for Western commentators to initially mistake strongman leaders for liberal reformers is something of a patern»), Rachman despliega unos primeros diez capítulos en los que traza breves biografías de diferentes autócratas —Bolsonaro, Erdogan, Bin Salman, Xi Jinping, Orbán, Modi…—, tan implacables como bien informadas gracias a las entrevistas e, incluso, el conocimiento directo previo.

Gideon Rachman construye un libro brillante que viaja por el mundo entero para diseccionar el concepto de «hombre fuerte».

Caracterizado el perfil, Rachman todavía tiene tiempo para comentar los posibles contramodelos representados por Macron, Trudeau o Ardern; para denunciar la batalla ideológica personificada por el bien (George Soros) y el mal (Steven Bannon) y para abrir la puerta a una posible —y voluntariosa— corrección de rumbo a partir de la presidencia de Joe Biden. Por desgracia, uno de estos «hombres fuertes», Vladímir Putin —precisamente el que abre el libro— puede acabar condicionando tanto la versión final de esta conclusión como la esperanzada mirada que sustenta.