El debate en el seno del movimiento feminista es una realidad desde hace ya unos años, incluso algunas décadas, hasta tal punto que a menudo se habla de “feminismos” para reflejar las distintas líneas de pensamiento dentro del movimiento. Una de las ideas a debate gira en torno a la palabra “género” que actualmente recoge la reivindicación de los derechos de las mujeres en todos los ámbitos culturales, desde los artísticos a los científicos, pasando por los sociales y éticos. Así se habla de perspectiva de género, violencia de género, literatura de género, epistemología de género y un largo etcétera, aunque su sentido varía sustancialmente en función de los distintos contextos en los que se introduce, ocasionando una gran confusión sobre su significado. El objetivo de este análisis es una apuesta desde los valores feministas al reto que tiene la humanidad de compaginar el mundo diverso y complejo al que nos enfrentamos con racionalidad y  equidad.

Una de las clarificaciones conceptuales más acuciantes es la relación entre sexo y género. Según la RAE, “sexo” es la condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas y “género”, en una de sus acepciones, se califica como el grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico. Entre las referencias que establecen una distinción clara entre sexo y género está el artículo de P. Bhargava, A. P. Arnold, D. A. Bangasser, «Considering sex as a biological variable in basic and clinical studies: An Endocrine Society Scientific Statement». Endocrine Reviews, 2021, Vol 42, Nº3, 219-258, que señala que “el sexo es una importante variable biológica que debe ser considerada en el diseño y análisis de la investigación humana y animal”. Y concluyen que, así como las diferencias de sexo están causadas por factores biológicos, las diferencias de género reflejan una interacción compleja de factores psicológicos, ambientales y culturales. El género incluye la percepción individual como hombre o mujer, tanto por el propio individuo como por la sociedad.  Este marco teórico sobre las diferencias entre sexo y género proporciona elementos para clarificar algunos conceptos que pueden ser de gran ayuda a la hora de analizar propuestas políticas y sociales, además de las bases ideológicas que las sustentan y la responsabilidad ética y moral de las mismas y de los que las impulsan.

Dado que actualmente la palabra “género” está cargada de connotaciones positivas y negativas, en función de quién y en qué contexto de utilice, en aras de la claridad conceptual habría que encontrar otras expresiones lingüísticas que reflejaran más adecuadamente su significado. Una de ellas podría ser “manifestación sociocultural del sexo”, en el sentido de que las formas de expresarse socioculturalmente cada uno de los sexos son múltiples y variadas a lo largo y ancho de la historia y de las culturas, así como sus causas que van desde las estrictamente religiosas hasta las geográficas, pasando por las ideológicas. La forma de abordar desde la racionalidad y la equidad la enorme diversidad de las manifestaciones socioculturales del sexo implica examinar algunas de las ideas que configuran dichos conceptos en el marco epistémico y ético/moral.

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