«España considera la iniciativa marroquí de autonomía como la base más seria, realista y creíble para la resolución de la disputa sobre el Sahara.» La noticia saltó un viernes a media tarde y llegó de Rabat, no de Madrid. Era el Gabinete Real marroquí quien informaba del cambio de posición oficial de España respecto a su antigua colonia del Sahara Occidental, de la cual es todavía, sobre el papel, la potencia administradora.

El origen de la filtración no fue el único elemento que desconcertó a los observadores. La «más» seria, realista y creíble. Con este superlativo, España se convertía en el país que ha ido más lejos en el alineamiento con el reino alauita después de Donald Trump, quien en diciembre de 2020, pocas semanas antes de abandonar la Casa Blanca, reconoció la soberanía marroquí del Sahara. El Gobierno de Pedro Sánchez ha ido más allá que la Administración Biden, que mantiene un calculado silencio sobre el paso de su predecesor y se ha limitado a declarar que «continúa considerando el plan de autonomía como serio, creíble y realista». Más allá, también, que Alemania e incluso que Francia, que lo han definido como «una buena base» para alcanzar un acuerdo.

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Había otra frase en la misiva de Sánchez, publicada unos días después por El País, que llamó la atención: la que defendía la colaboración para «garantizar la estabilidad y la integridad territorial» de los dos países, un enunciado que puede ser interpretado por Rabat como un reconocimiento implícito de la condición marroquí del Sahara.

Ese era el punto final a la política de neutralidad activa que España ha mantenido desde hace casi medio siglo. Muchos lo han interpretado con un brusco viraje, sobre todo teniendo en cuenta que menos de un año antes, en abril de 2021, el Gobierno socialista había tomado una decisión arriesgada en sentido contrario: salvar la vida en un hospital de Logroño al líder del Frente Polisario y máximo enemigo de Marruecos, Brahim Ghali, en una operación clandestina que los espías marroquíes descubrieron y que hizo saltar por los aires la relación bilateral. (Un hombre, Ghali, por cierto, que no ha perdonado nunca a España la traición de 1975 y que está convencido de que si los saharauis hubieran tenido a Francia como potencia colonizadora, hoy serían independientes).

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