Coincidiendo con el ecuador de la legislatura, los principales partidos de ámbito estatal han celebrado cónclaves y actos de formatos diversos destinados a ajustar sus proyectos en un contexto tan sacudido por acontecimientos imprevistos. El PSOE ha celebrado su 40º congreso, el PP una convención nacional, Vox la macrofiesta «Viva 21» y, en el espacio político situado más a la izquierda, se ha abierto un proceso de redefinición en torno al liderazgo de Yolanda Díaz.

Venimos de un período muy agitado de la vida política española, afectada sucesivamente por la crisis económica de 2008 y sus secuelas sociales, la crisis política de 2017 y la crisis pandémica de 2020. En este período de tiempo, el sistema político español se ha visto zarandeado de tal modo que los dos grandes partidos centrales del sistema han perdido peso, pero han resistido —a duras penas— la impugnación de los nuevos actores políticos surgidos en la estela regeneracionista del 15-M, al propio tiempo que se ha consolidado una fuerza de ultraderecha fruto de la reacción nacionalista española al embate secesionista del independentismo catalán.

El resultado, hoy en día, es un sistema polarizado en dos bloques. Por un lado, un bloque progresista donde el PSOE sigue ocupando la centralidad, flanqueado por Unidas Podemos, que debe resignarse a ejercer un papel complementario, y condicionado por la necesidad de contar con el apoyo de un heterogéneo conglomerado de grupos nacionalistas y regionalistas. Por otro lado, un espacio conservador donde el PP ha logrado recuperar la centralidad con la práctica absorción de Ciudadanos, pero con la incómoda presencia de la ultraderechista Vox, con la que se ve obligado a competir y colaborar a la vez.

En este contexto, hemos querido preguntarnos cuál es el estado de salud de los cuatro grandes partidos españoles. Se trata de una cuestión compleja que, para ser abordada de forma exhaustiva, requeriría contemplar toda una serie de variables, tales como la ideología, el liderazgo, la pluralidad interna, la organización, la representatividad, la estrategia o la confianza que generan. En el dosier que publicamos nos hemos conformado con una pequeña incursión centrada en los aspectos más de fondo de sus propuestas, en cuáles son las ideas que configuran su visión del mundo, su modelo de sociedad y su modelo de Estado. En definitiva, el corpus de ideas que los identifican y justifican su acción.

Hay que decir, sin embargo, que —con todos los matices necesarios— estos movimientos dentro de los partidos no se han caracterizado por aportaciones y debates que enriquezcan el corpus ideológico, al predominar más bien los objetivos de cohesión interna y afirmación de liderazgos. No obstante, de los mensajes emitidos sí se puede deducir el trazo grueso de sus propuestas ideológicas.

Así, el Partido Socialista Obrero Español aparece como el partido más centrista y más próximo al establishment europeo. Se identifica como el partido del progreso, de los cambios culturales y los avances económicos. Pretende hacerlo siguiendo la partitura europea de las transiciones digital y ecológica, con toda la retórica asociada de modernidad, innovación e igualdad de género. Y a la vez, para hacerlo posible, se propone impulsar las reformas necesarias para superar los obstáculos que afectan a la economía, a las instituciones y a la articulación territorial. La pandemia no ha hecho más que acelerar la necesidad de estas reformas, una urgencia que implica la completa identificación del PSOE con los planes del Gobierno, escenificada en su congreso.

Unidas Podemos o, para ser más exactos, el espacio político a la izquierda de los socialistas, está en pleno proceso de redefinición, una vez constatado que el impulso del 15-M no se ha concretado en una nueva centralidad ideológica y política capaz de desbordar las coordenadas del bipartidismo. Más bien se ha producido una cierta restauración, en la cual UP ocupa el espacio reservado y conocido como «a la izquierda del PSOE». El dilema ideológico de este espacio es cómo hacer compatible su agenda genuina de cambios culturales con el giro laborista que se atribuye a Yolanda Díaz.

El Partido Popular se ha caracterizado históricamente por una cierta ambigüedad doctrinal, oscilando entre un sincretismo conservador tecnocrático y momentos de fervor neoliberal. Pero ya hace tiempo que va a remolque ideológico, primero de Ciudadanos, que le obligó a adoptar un discurso más centralista, y más tarde de Vox, que ha exacerbado sus tics nacionalistas y le ha hecho entrar de lleno en las batallas culturales. Así pues, intenta conjugar liberalismo económico, nacionalismo español y antiprogresismo cultural, aunque manteniéndose en el mainstream europeísta. Un juego arriesgado por la competencia de Vox y que está sabiendo representar con habilidad Isabel Díaz Ayuso, convertida en icono pop.

Vox ha aprovechado para añadir algunos matices a su ideario básico, un patchwork de ultranacionalismo español, valores conservadores tradicionales, ideas de la nueva ultraderecha europea y actitud agresiva al estilo del trumpismo. Matices que afectan a su neoliberalismo primario con un giro proteccionista y un esbozo de bienestarismo chauvinista y, también, a su posicionamiento internacional, alineándose claramente con los miembros del Grupo de Visegrado y con el resurgimiento de la derecha latinoamericana más tradicional.

Es un panorama que deja incógnitas relevantes de cara al futuro. ¿La evolución del PSOE y de UP llevará al reforzamiento de un polo socialdemócrata, feminista y ecologista de sesgo abiertamente europeísta? ¿Cómo resolverá el Partido Popular su dilema ideológico entre el modelo liberal-conservador representado por Angela Merkel y el modelo iliberal inspirado en la derecha del Grupo de Visegrado? ¿Cómo podría traducirse en el ámbito político español la colaboración de los grupos centrales que conforman la mayoría política de las instituciones europeas? Incógnitas que serán, sin embargo, difícilmente resolubles mientras persista la política crispada y corta de miras que delata debilidad y falta de confianza en los proyectos que defienden los partidos que la practican.