El pasado 10 de marzo se cumplieron 100 años del asesinato en las calles de Barcelona de Salvador Seguí i Rubinat, más conocido por el ápodo del Noi del Sucre (el chico del azúcar). Seguí fue, seguramente, uno de los dirigentes más famosos de la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), además de una figura central en la historia del movimiento obrero español del siglo XX. En particular, lideró desde la CNT una apuesta pionera por el sindicalismo industrial, que representó un hito fundamental en la modernización de las organizaciones obreras de la península.

El asesinato del Noi del Sucre tuvo importantes ramificaciones y ejerció una influencia decisiva en la trayectoria posterior del anarcosindicalismo. Su muerte significó un golpe terrible para el sector más estrictamente sindicalista de la CNT, del cual nunca se acabaría de recuperar. A lo largo de su vida, Seguí demostró una flexibilidad teórica y táctica poco habitual en el movimiento libertario. Su original concepción del rol de los sindicatos en la vida pública podría haber abierto interesantes escenarios para el desarrollo de la CNT en un contexto democrático. Sin embargo, el proyecto de Seguí se vio truncado debido a su temprano fallecimiento, con tan sólo 35 años.

Salvador Seguí nació en Lleida en 1887, en el seno de una humilde familia trabajadora. Sus padres se trasladaron a Barcelona cuando todavía era un niño, atraídos por la gran expansión que vivía la Ciudad Condal a finales del siglo XIX. El espíritu rebelde de Seguí se manifestó desde muy temprano, y las dificultades para adaptarse a la vida escolar le llevaron a abandonar los estudios e ingresar al mundo del trabajo. Como oficio eligió el de pintor de paredes, que le garantizó una importante dosis de autonomía y libertad, en contraste con la rígida disciplina a la que se encontraban sometidos los obreros industriales.

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