Filóloga por partida doble —Hispánica en la Universidad de Navarra e Inglesa en la UNED—, Sandra Ollo (Pamplona 1977) se instaló en 2008 en Barcelona, donde hizo un cursus honorum en Quaderns Crema (1997) y Acantilado (1999). En 2014, a raíz de la muerte de su marido y fundador de ambos sellos, Jaume Vallcorba, asumió la propiedad y la dirección editorial en solitario.

 

Entras en un proyecto editorial en marcha.

En la universidad había tenido alguna experiencia editorial. Pero la prensa universitaria no tiene nada que ver con una editorial consolidada e insertada en una red comercial. Por tanto, al llegar a Barcelona empiezo por lo más básico en el mundo de la edición: como correctora, revisora… Mi primer encargo profesional fue organizar el departamento de edición, porque estaba hecho un completo desbarajuste. Junto con mi adorada Neus Porta —con 40 años de experiencia— lo pusimos en orden. Hicimos un calendario de los diferentes plazos y procesos, como aquellos patrones de los antiguos sastres para confeccionar finalmente el vestido.

Después, con el tiempo, asumí la gerencia. No tenía unos estudios específicos previos, pero en la vida suenan músicas y tú tienes que adaptarte y seguir el ritmo que suena. Aunque evidentemente necesitas aprender ciertas cosas, como por ejemplo leer un balance, hay una intuición que te ayuda a salir adelante. Lo que es padecer, sigues padeciendo, pero si hay un procedimiento y un orden, tienes más garantías de que las cosas salgan. Si la casa es solvente, el proyecto intelectual puede mantenerse, la empresa funciona y podemos hacer los libros que queremos hacer. Porque lo importante es que los sellos me sobrevivan, como han sobrevivido a Jaume Vallcorba.

 

¿Se entienden la gerente y la directora editorial?

La directora editorial manda un 60% y la gerente, el otro 40%. Y este es el equilibrio que quiero conservar. Tengo la ventaja de que convencer a la gerente de las locuras de la directora editorial no me cuesta nada. Cuando creo mucho en un proyecto, lo llevo adelante y pienso que me las arreglaré. En el caso del doble volumen The Paris Review, por ejemplo, se trataba de una apuesta muy arriesgada y, cuando lo enviamos a la imprenta, estuve dos noches sin dormir.

Quiero que se mantenga la continuidad del sello. Y confío en que habrá alguien que lo haga, tal como yo me vi abocada a hacerlo. Quiero que se hable de Quaderns Crema y Acantilado, no de Sandra Ollo. Mi estilo pretende ser honesto conmigo misma y con los demás. ¿Cómo puedes pretender que lo sabes todo? Nunca tienes que avergonzarte de decir que no conoces o no sabes algo. Has de avergonzarte de no tener curiosidad, de no tener las ganas ante la oportunidad de aprender, de saber.

 

Barcelona.

Nunca me he planteado irme. Me gusta Barcelona y me gusta vivir aquí. Y Quaderns Crema tiene que estar aquí. Es cierto que muchas de las tareas editoriales están deslocalizadas. Pero estar en Barcelona es también, a fin de cuentas, una decisión personal y sentimental. Ésta era y es una capital editorial… pero con el riesgo de que eso se pierda porque últimamente se hacen muchas cosas con torpeza. Esperemos que puedan rectificarse a tiempo.

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Neix DFactory Barcelona, la fàbrica del futur. Barcelona Zona Franca

 

¿Quaderns Crema ha perdido presencia?

Hay una mezcla de factores que explican la situación actual. En 42 años ha habido una eclosión de cambios extraordinarios en el panorama cultural, social y político de Cataluña. Y la editorial lo ha gozado y lo ha padecido. Quizá ha habido la sensación de ralentización, porque Acantilado saca unos treinta títulos al año y eso hace que la decena de libros de Quaderns Crema —una cifra más que correcta en el contexto editorial catalán— parezcan pocos, pero es una percepción condicionada.

Cuando adquirimos una novedad, compramos, siempre que podemos, los derechos tanto en catalán como en castellano. Y cuando no es posible, tratamos de coordinarnos con quien los haya adquirido. Nos pasó con Svetlana Aleksiévich, que Raig Verd sacó en catalán y nosotros en castellano. Y a la inversa, nos ha pasado con la maravillosa Tòquio, estació de Ueno de la japonesa Miri Yû, que nosotros publicamos en Quaderns Crema e Impedimenta, en castellano.

 

¿Salto o continuidad en el catálogo?

Continuamos con los autores ya consolidados en esta casa, como pueden ser el ucraniano Yuri Andrujovich —por desgracia ahora tan presente por la situación en su país— o los polacos Andrzej Stasiuk o Adam Zagajewski, pero también hay voces nuevas. Con más o menos fortuna, intento que los títulos nuevos dialoguen con los antiguos, sin distinciones entre temas o géneros, porque todo está relacionado. Como en la vida, los libros no son cajones cerrados, ni nosotros tampoco. A mí me gusta encontrar libros para entender el mundo y autores difíciles de calificar por su capacidad para borrar fronteras. Sería el caso de La llebre amb ulls d’ambre, que tiende hacia el género memorialístico y, al mismo tiempo, inauguró estos híbridos polifónicos de éxito que reflejan el carácter poliédrico del ser humano.

 

¿Ahora hay más presencia de mujeres?

Quiero creer que es el reflejo de una realidad: cada vez hay más mujeres que tienen visibilidad, porque también hacen cosas muy buenas… Yo no escojo un libro según se trate de un autor o una autora, sino porque su voz me dice —nos dice— algo. Pienso ahora mismo en Judith Schalansky, una mujer cultísima y extraordinaria, autora de un libro fascinante, con la que he tenido una conexión muy fuerte.

 

¿Y más presencia de la música y la arquitectura?

Son mis intereses y necesidades. En el caso de la arquitectura, para mí es un fenómeno más allá de la estética. La ciudad es la construcción humana más fascinante… y tremenda. Entender, más allá del simple urbanismo, qué es una ciudad es algo que me enamora. Si además puedes contar con arquitectos capaces de acercártela y hacértela presente sin tecnicismos, como es el caso de Rafael Moneo, entonces es un placer.

Nuestra prioridad es la librería porque entendemos la fragilidad de nuestro ecosistema.

Por ejemplo, dos días después de visitar Notre Dame du Haut en Ronchamp (Francia), coincidí con él en un almuerzo y le pedí que me la explicara. Porque aquella capilla extraña e inconmensurable construida por Le Corbusier —no precisamente creyente—, ha sido la experiencia espiritual más importante de mi vida. La espiritualidad va más allá de un credo y es una manera de percibir el ser humano en el mundo y de entender su esencia. Soy una creyente convencida del espíritu, pero no en un sentido cristiano ni católico. De aquella conversación con Moneo, nace un cuadernillo que publicamos dentro de unas semanas. Porque son cosas que hay que explicar: tanto la capilla en concreto como el lugar que ocupa actualmente la arquitectura religiosa.

En el caso de la música, el vínculo viene dado por la melomanía. No tengo ninguna formación más allá del solfeo básico, pero es algo tan importante para mí que necesito saber más. Me interesa el punto de vista del intérprete y del compositor, pero también el del ensayista, el historiador o el filósofo que se han aproximado a la música desde sus respectivas disciplinas. Todas estas miradas me ayudan —a mí, que no sé nada— a entender mejor una cosa tan importante para mi vida. Que alguien como John Eliot Gardiner te explique Bach o, como hace en su próximo libro, Monteverdi, no tiene precio.

 

¿Cómo se vende un libro?

Los libros se han de explicar y acompañar. Hay que trabajar mucho la calidad y la relación con el librero para generar confianza en el criterio editorial y, de esta manera, convencerlo de que tus libros han de estar bien representados en la librería. No solo en las mesas de novedades; también deben mantener su presencia más allá. El libro de fondo es estructural para nosotros: hacemos entre 80 y 100 reimpresiones al año. Las cosas se hacen bien cuando ves que el fondo está vivo, y el nuestro lo está. Nosotros no tenemos best-sellers, tenemos long-sellers.

 

¿Quién compra?

Por suerte, con el paso de los años, cada vez vendemos más libros. Principal y fundamentalmente vendemos para librerías. Pero también es innegable la presencia —y muy poderosa— de Amazon. Una presencia que gestionamos con distancia. Nuestra prioridad es la librería porque entendemos la fragilidad de nuestro ecosistema. Pero tampoco podemos negar que hay quien prefiere comprar on-line, seguramente por esta necesidad de inmediatez tan contemporánea y, a la vez, un poco enfermiza.

 

¿Quién prescribe?

La prescripción ha cambiado… y sigue cambiando de una forma muy rápida. La prescripción se ha desplazado de los periódicos a otros canales; entre ellos, las redes. Solo los libreros se mantienen inalterables como prescriptores, y lo debemos subrayar. Por eso, las nuevas librerías que se extienden por la ciudad me hacen feliz. Son, de algún modo, como aquellas hierbas capaces de resquebrajar el pavimento, como esos dientes de león que dan vida a las calles.

Evidentemente, el sello también es prescriptor, da seguridad, supone un criterio que inspira confianza… Si no, ¿cómo podríamos vender ciertos libros de autores desconocidos en el momento de presentarlos? ¿O cómo habríamos alcanzado once ediciones de Los Ensayos de Michel de Montaigne? En este último caso, porque, en primer lugar, cuenta con una edición modélica y magistral a cargo de Jordi Bayod Brau. Y en segundo lugar, porque hemos sabido hacer entender a la gente que era un vademécum que, lo cojas por donde lo cojas, te está dando la solución a un problema que, si no lo tenías en la cabeza, lo acabarás teniendo o lo has tenido. No son abstracciones. Te habla de ti mismo.

 

¿Quién traduce?

La traducción me preocupa y es un tema que trabajamos mucho. Cuidamos mucho la elección del traductor, para acabar disponiendo de una red de traductores de confianza y de una solvencia profesional e intelectual extraordinarias. Solo eso te permite emprender proyectos que, de otro modo, no harías. Hay libros que, cuando negocio los detalles del contrato, lo hago al mismo tiempo que hablo con el traductor. Es decir, no quiero para el holandés a nadie que no sea Gonzalo Fernández Gómez, porque es extraordinario; o para G. K. Chesterton solo quiero a Miguel Temprano García; o sin José Ramón Monreal no intentaría editar el ensayo francés.

 

¿Quién compite?

Yo tengo la voluntad de entenderme con todo el mundo. Trato de ser una persona educada y no tengo problemas con nadie. Luego tengo amigos, porque hay personas con las que mantienes un vínculo especial de entendimiento, mientras que otras siempre parecen enfadadas y tienen un sentido de la competencia mal entendida. En cambio, el proyecto de publicar a Georges Simenon conjuntamente con Anagrama es un ejemplo de buen entendimiento entre dos sellos que se aprecian y se respetan, y entre dos editoras que se entienden para hacer juntas algo bonito.

Hay quien prefiere comprar ‘on-line’, seguramente por esta necesidad de inmediatez tan contemporánea y, a la vez, un poco enfermiza.