En 1874 nacieron dos figuras que marcaron de forma imborrable la vida cultural de las postrimerías del imperio austrohúngaro y la de la Austria de entreguerras. Uno es el músico y padre del dodecafonismo, también pintor y escritor, Arnold Schönberg. El otro, el periodista, escritor, autor de aforismos, ensayista, dramaturgo y muchas cosas más, Karl Kraus. En este 150 aniversario, el calendario musical vienés está lleno de obras del compositor. Sin embargo, el Arnold Schönberg Center de Viena, la institución que reúne el legado del músico, conmemora a los dos personajes juntándolos en una exposición (hasta el 10 de mayo) llena de documentos originales, obra plástica de varios autores, entre ellos el propio Schönberg, y de material digital formado por partituras y documentos de audio y video con voces del pasado.

Unas palabras del también compositor Ernst Krenek escritas en 1934 sitúan las dos personalidades y el momento en que aparecen: «Es extraordinario y significativo que estos dos hombres surgieran de la decadencia austríaca en 1874, ambos destinados a provocar un auténtico y saludable cataclismo de vital importancia para la cultura  europea». También es significativo que una Viena muy rica, culturalmente hablando, fuese el escenario en el que ambos defendieron sus ideas.

Kraus, con una pluma muy afilada y sin pelos en la lengua, combatía la corrupción del lenguaje en la prensa, la uniformidad estética, la doble moral, el pangermanismo o el sionismo de Theodor Herzl. Lo hacía desde la revista que creó Die Fackel (La antorcha), de la que publicó más de novecientos números.  El primero, en 1899. El último, en 1936. Le llovieron encima numerosas demandas judiciales y, al final, escribía él solo la publicación porque se había peleado con todos los colaboradores, entre los cuales estaban Oskar Kokoschka, Heinrich Mann, August Strindberg, Franz Werfel e incluso Oscar Wilde.

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