Pasa a veces, y estos días también, que un hecho democráticamente relevante, moralmente valioso y culturalmente innovador es o muy comentado o nada en absoluto: a menudo, hablar en público primero atemoriza. Hasta que se supera.

Lo estamos viendo con una de las virtudes que me parece que tiene el extraordinario y agradabilísimo libro de Xavier Pla sobre Josep Pla, Un corazón furtivo: el biógrafo lleva el timón del libro con una serenidad, discreción y ecuanimidad que parecen naturales, pero que están muy trabajadas intelectual y técnicamente en sus propósitos, formas y contenidos.

Así navega la agreste psicología, los exuberantes descalabros afectivos y las vehementes manifestaciones políticas de Josep Pla (JP). Incluidas las reacciones políticas agrias, injustas, autoritarias o flagrantemente reaccionarias. Como durante el advenimiento de la República, o cuando JP se empecina en alabar al dictador portugués Oliveira Salazar durante los años 70, años de modestas, duras luchas antifranquistas, mientras el mismo semanario Destino y otras organizaciones de pasado autoritario se afanan en ampliar un poco los espacios cívicos democráticos.

La sociedad que ha hecho posible este libro es más madura que la de otras épocas.

El biógrafo es también sobrio y factual al explicar conductas nada ejemplares del protagonista, íntimas o públicas. De hecho, el tacto y el coraje Xavier también los aplica a aquella psicología y afectos de Josep. Como cuando nos da información poco o nada conocida sobre las mujeres de JP: la madre, las hermanas y, notablemente, las parejas, amantes y otras conocidas, saludadas o pagadas. Creo que Xavier Pla no dice nunca «conductas nada ejemplares». En cambio, te lleva con Pla en un laúd alrededor de Agua Xelida, a comer erizos, «con un ojo en la vela y el otro en la conversación...»

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