Eran jóvenes, eran guapos y disfrutaban trabajando juntos. Isabel Steva, Colita, fotografiaba muy de cerca a quien retrataba y esta era precisamente la distancia en la que mejor se movía Joan Manuel Serrat, rondallaire de emociones próximas más que cantante.
A finales de los sesenta, ella era una joven fotógrafa que recibía los encargos de retratos para las portadas de discos y fotografías promocionales de Edigsa, la discográfica catalana de la Nova Cançó y que lanzó la carrera de Serrat. De las sesiones profesionales con el cantautor surgiría la amistad. Serrat se siente cómodo con Colita y Colita disfruta retratando a Serrat. «Porque nos divertíamos, porque nos reíamos, porque me salía bien», explica la fotógrafa a una entrevista grabada hace unos años para Canal Sur Televisión.
Y es verdad. El resultado es bueno. Muy bueno. Hay complicidad en todos los retratos que Colita hace a Serrat durante décadas de amistad. Hay humor y mucha humanidad. Se puede comprobar en las imágenes del álbum, fotografías conservadas al Archivo Fotográfico de Barcelona hechas para discográficas y medios de comunicación; pero también fotografías personales, con familiares o amigos.



































































