Nadie quiere ser consciente de que la cima del éxito es el principio del declive, no necesariamente económico. En el caso de Shakira era algo impensable en 2010, año del millonario éxito del Waka waka, cuando la colombiana ganaba montañas de billetes con cada golpe de cadera. Tras su triunfo planetario con el himno del Mundial empezaba ya a vislumbrarse el batacazo, al menos reputacional. Bueno, algunos lo veían.

Otros, la mayoría, preferían taparse los ojos. El tándem Shakira-Piqué era una mina de oro. Demasiada audiencia como para ponerle peros a la cuestión. Y la cuestión era que la niña de Barranquilla, la misma que había logrado su primer gran éxito con Dónde están los ladrones, estaba ocupando el trono del pop con una canción presuntamente expoliada. Y algunos especialistas en ingeniería fiscal, parecían jugar en su equipo.

Embajadora de la Buena Voluntad de Unicef desde 2003, en 2010 su voluntad empezaba a parecer de todo menos buena. Apropiarse de una canción africana le granjeó entonces muchos aplausos y muy pocas críticas. En un estado de embelesamiento colectivo, la prensa solía ensalzar sus rimbombantes iniciativas benéficas en Colombia, pero pocos se preguntaban por qué no residía ni tributaba en su país natal y por qué el grueso de sus ganancias acababa en sitios fiscalmente tan obscenos como Bahamas, Panamá, Islas Vírgenes, Malta, Luxemburgo, Islas Caimán… Esa pregunta es la que, ahora sí, le ha formulado a las claras la Agencia Tributaria española.

 

Más de 20 madrigueras

Frente al birlibirloque de sus entramados societarios, Hacienda sostiene que la muchacha de filantrópica apariencia no puede eludir sus obligaciones tributarias en España, ya que residió más de 183 días en Barcelona, límite marcado por ley. Supuestamente, claro, porque ella niega que viviera en España entre 2012 y 2014, el período bajo sospecha. Su coartada, también presunta, es casi peor. Lo que ella viene a decir es que residía en Bahamas y que sus ganancias, los 300 millones de euros del Waka waka y del resto de su carrera, estaba a buen recaudo en más de 20 madrigueras de distintos pseudopaíses con sus respectivas pseudoleyes.

Buena parte de su riqueza son las propiedades de lujo que tiene en Bahamas (una mansión en Nassau y una isla entera, Bonds Cay, que intentó vender a trocitos), Estados Unidos (mansión en Miami y ático de lujo en Nueva York), Italia (mansión en la isla de Capri) y otras chabolas de luxe en Barranquilla (Colombia), República Dominicana y Punta Este (Uruguay). Para la compra de un pisazo en Pedralbes y otra mansión en Esplugues de Llobregat usó sociedades tan esquivas como su danza del vientre. Según los registros oficiales, Shakira no tenía en España ni negocios ni propiedades. Desde el principio, pretendió pasar por Barcelona como si su único tesoro declarable fuera Piqué.

Para la compra de un pisazo en Pedralbes y otra mansión en Esplugues de Llobregat usó sociedades tan esquivas como su danza del vientre.

La Fiscalía barcelonesa le ha recordado ahora que en mayo de 2012 compró una casa y comenzó a hacerle obras, alquiló un estudio de grabación durante un año y se hizo el seguimiento de su primer embarazo en una clínica. Todo ello en Barcelona. Creen, por tanto, que era una residente de libro, por muchos días que diga ella que pasara en Estados Unidos como jurado del talent show The voice. La triple acusación española (Fiscalía, Abogacía del Estado y Generalitat) es contundente: «La única razón de estas sociedades interpuestas por Shakira, junto con otras ramas de su patrimonio atribuidas a entidades con sede en España, EEUU y Holanda, es canalizar los movimientos de capital de su actividad y ocultarlo a Hacienda. Con este método, utilizó a las empresas en lugar de ella misma, y ninguna de las empresas tenía la estructura ni medios necesarios para ejercer actividad alguna».

 

Pobre niña rica

Las ventas totales de sus discos superan los 800 millones de unidades. Podría, por tanto, haber evitado el sofoco y los posibles ocho años de cárcel pagando sin pestañear los 14,5 millones más otros 24 de multa que le exige el fisco español. Muy al contrario, ella se revuelve como la Loba de su canción: «La Fiscalía se ha empeñado en recaudar el dinero devengado en mis giras internacionales cuando aún no era residente en España, y han recurrido a medios indebidos para presionar, tal y como lo hacen a diario e injustamente con miles de contribuyentes con fines lucrativos. Jamás se había encontrado una persecución con tal falta de razonabilidad y tan encarnizada por parte del fisco, ni un uso tan evidente de la presión mediática y reputacional como mecanismo recaudatorio.» Pobre niña rica. Quizá se resiste a pagar porque cree que, con los superabogados que tiene, difícilmente irá a prisión.

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Pero volvamos al inicio, a la cima del abismo. ¿En serio fue un robo el Waka waka? Conviene explicar bien la historia, porque es un episodio central en la vida de Shakira-Piqué («sin esa canción», dice ella, «no habrían nacido mis hijos») y quizá no mucha gente sea consciente de la cara oculta de aquel pelotazo. Poco después de publicar el single, Sony Music se apresuró a escribir en un cheque una cifra con muchos ceros ante la queja de los supervivientes del grupo camerunés Golden Sounds, disuelto en 2002. El escándalo podía ser mayúsculo y había que taparlo.

 

El himno del Mundial

El bombardeado estribillo de Waka waka, himno oficial del Mundial de Sudáfrica 2010, era una copia flagrante de Zangalewa, consolidada y popularizada en 1985 por un grupo de músicos del ejército camerunés a los que nadie había pedido permiso. Apropiarse del himno del Mundial, donde se supone deben quedar plasmadas todas las utopías, ideas solidarias y buenas intenciones, perpetuaba la idea de un Occidente expoliador que roba sin preguntar ni ofrecer nada a cambio.

La Sony no se detuvo ante la oportunidad de un negocio planetario y la FIFA prefirió mirar a otro lado. Cualquier africano con un oído medio sano les habría dicho que Waka waka era un plagio de Zangalewa, un himno tan popular en África como La marsellesa en Francia. Con distintas letras, en distintas lenguas, los niños africanos de cualquier aldea, desde Senegal hasta Kenia, juegan a ser soldados echándose fusiles de palo al hombro y desfilando mientras entonan su reconocible estribillo: Za mina mina he he / Waka waka he he/ Za mina mina zangalewa (Vengan, ustedes, ustedes, he he / Tú lo haces, tú lo haces, he, he / Vengan ustedes, ustedes, ¿quién os ha llamado?)

Los fusileros cameruneses de las filas aliadas en la Segunda Guerra Mundial cantaban algo parecido, pero fue el grupo militar Golden Sounds quien le dio forma definitiva. Con las caras pintadas de blanco y almohadones bajo el uniforme simulando barrigas prominentes, pretendían hacer una sátira de los adocenados soldados africanos al servicio del colonizador. La canción llegó a los puertos suramericanos en los 90 como El militar, y Shakira debió de escucharla en las más de 30 versiones de distintos grupos, entre ellas El negro no puede, de las dominicanas Las Chicas del Can.

El 27 de abril de 2010, Sony anunciaba sin sonrojarse que Waka waka, «compuesta y escrita por Shakira», había sido escogida como himno del Mundial. En el acto, el entonces presidente de la FIFA, Joseph S. Blatter, decía: «La canción representa el ritmo y la identidad africana». Y la propia Shakira iba más allá: «Este campeonato significa una ilusión global, conecta a todos los países, razas, religiones y sectores sociales alrededor de una única pasión integradora».

Una semana después, miembros de Golden Sounds aparecían en rueda de prensa en Douala para anunciar la determinación de hacer valer sus derechos. Poco después, la organización del Mundial emitía un nuevo comunicado, donde ya reconocía que «el coro es similar a una canción popular de Camerún». Similar como eufemismo de fusilamiento.

El continuo esfuerzo por empatizar con los desfavorecidos y a la vez vivir una vida de lujo es el eje esencial de la personalidad de Shakira.

Jean Paul Zé Bella, uno de los líderes de Golden Sounds y coautor de Zangalewa, siguió apretando las tuercas en una entrevista en el diario Cameroon Tribune: «Es un orgullo que hayan revivido nuestra canción, pero me gustaría ser pagado por el privilegio. Que no nos menosprecien, porque el copyright es propiedad del Ejército camerunés, que dispone de recursos para montar una batalla legal en cualquier parte». Waka Waka fue en 2010 el sencillo más vendido en plataformas digitales y actualmente roza los 700 millones de reproducciones en Youtube. En la clausura en el Soccer City de Johannesburgo, tras el iniestazo, Shakira exhibió el trofeo de su safari musical ante una audiencia de tres mil millones de personas. No era algo mucho mejor un rey cazando elefantes en Botsuana, pero el mundo lo aplaudió.

 

Con antepasados catalanes

El continuo esfuerzo por empatizar con los desfavorecidos y a la vez vivir una vida de lujo es el eje esencial de la personalidad de Shakira. Nacida Isabel Mebarak Ripoll (2 de febrero de 1977), hija de un empresario libanés afincado en Estados Unidos y de una colombiana con antepasados catalanes, su padre se arruinó cuando ella era una niña. Siempre cuenta que quedarse sin coche, sin muebles y, sobre todo, sin aire acondicionado en Barranquilla, le marcó. Entonces sus padres la llevaron a visitar un barrio pobre donde los niños esnifaban pegamento para olvidar el hambre. «De ahí surgió mi determinación, mi deseo de triunfar. Me obsesioné con conquistar el éxito, recuperar para mis padres aquella posición económica y hacer algo por aquellos niños. Por eso, con mi primer éxito, a los 18 años, creé la Fundación Pies Descalzos.»

La sinceridad de su altruismo se tambalea cada vez que su nombre aparece vinculado a investigaciones como los Pandora Papers, los Paradise Papers… Lejos de avergonzarse, en 2015 tuvo el valor de sacar al mercado un perfume llamado Paradise Elixir.

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El mundo ha cambiado tanto que ahora es una chica de Barranquilla la que se va para las Islas Caimán.

Ahora, los problemas fiscales de Shakira se superponen con la recién anunciada ruptura de su relación con el futbolista del Barça Gerard Piqué, con un patrimonio de unos 80 millones de euros, también en grave crisis reputacional por sus oscuros manejos financieros y deportivos como mediador entre la Federación Española de Fútbol y Arabia Saudí. La supuesta pareja perfecta es ahora un castillo de ilusiones que se desmorona. Como ocurrió en su anterior relación con Antonio de la Rúa —hijo del expresidente argentino, fue él quien la ayudó a convertirse en estrella internacional con un contrato de cien millones de euros para Live Nation y quien creó los cimientos de sus marañas societarias—, el amor duró una década y luego ambos se enzarzaron en una maraña de demandas económicas y reproches.

 

Como la banca, que siempre gana

Quizá ahora ocurra lo mismo. O no. Los millonetis son muy volubles. En marzo de este año, tras el espejismo del 0-4 del Barça en el Bernabéu, Shakira tuiteó: «Estás hecho de un material que solo Dios conoce y eres el mejor ejemplo de lucha, perseverancia y sinceridad para nuestros hijos». Dos meses después llegaba la ruptura total y, según dicen, el inicio de una batalla por los hijos que se adivina infernal.

Vaya bien o vaya mal, la relación Shakira-Piqué siempre generará dinero. Es como la banca, que siempre gana. Ella venderá canciones de ruptura (Te felicito) como antes vendía las de amor (Sale el sol, Me enamoré). El público las comprará. Y seguramente ella siga guardando todo lo que gane bajo la alfombra más exótica y tupida que encuentre.

El músico colombiano José María Peñaranda (1907-2006) compuso una de las canciones más emblemáticas de su país, aquella que decía: «Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla». El mundo ha cambiado tanto que ahora es una chica de Barranquilla la que se va para las Islas Caimán.