Hace ya tiempo que el coreano Hong Sang-soo forma parte de un cierto canon del cine contemporáneo. Ya desde los inicios de este siglo, su cine no ha dejado de frecuentar los festivales más prestigiosos, de alimentar sin descanso las listas de los mejores filmes del año, de conquistar periódicamente un lugar de honor en la mayoría de las más rigurosas revistas especializadas. Quizá tenga que ver en ello el hecho de que Hong es un cineasta prolífico: dos, a veces tres películas por año. O de que estamos ante un «autor» en el sentido más estricto de la palabra, pues sus filmes siempre se parecen entre sí, se dedican a poner en escena a unos cuantos personajes que hablan y hablan y a filmarlos con detenimiento y sin prisa.

Por si fuera poco, este tema con variaciones que constituye la poética predominante en su cine no desemboca forzosamente en el realismo. No pretende construir retablos de la vida cotidiana en Seúl, ni entregarse al análisis sociológico o al retablo de costumbres. Al contrario, toma esas apariencias solo como punto de partida para mezclarlas con sueños, fantasías, visiones subjetivas, retornos al pasado, hasta el punto de que a veces se diría que buena parte de sus filmes podrían transcurrir en varias dimensiones temporales a la vez. Sus imágenes, de una engañosa sencillez, pueden parecer incluso descuidadas, pero eso es porque Hong acostumbra a renunciar a la belleza aparente en favor de verdades más profundas, consciente de que todo lo que parece simplemente bonito acaba siendo superficial.

En 2021, Hong rodó un par películas que bien podrían representar los dos extremos del espectro en el que se mueve su cine hasta el momento. Introduction, en blanco y negro, es concisa y misteriosa, abre puntos de fuga que nunca se cierran, conecta con algunos de sus trabajos anteriores anudando lazos secretos que podrían complementar su sentido. Delante de ti, en color digital, parece exhibir una narración limpia y lineal, avanza sin que nada se interponga en su camino, exhibe un discurso claro y transparente desde su comienzo… ¿O quizá no? Pues las cosas nunca son lo que parecen, sobre todo en el cine de Hong Sang-soo. Y, en este sentido, puede que Delante de ti no sea una película tan fácil como aparenta.

 

Un secreto terrible

En una primera lectura, estamos ante una trama tranquila y apacible protagonizada por Sangok (Lee Hye-yeong), una exactriz coreana que vive en Estados Unidos y vuelve a Seúl para visitar a su hermana y su sobrino y entrevistarse con un cineasta, que a su vez quiere convencerla para que empiece una nueva carrera en el cine. Sangok guarda un secreto terrible, que se desvelará en el curso de su conversación con el director, y quizá por eso anda en busca de una paz interior que le permita vivir al día, disfrutar del presente. Si se mira más de cerca, sin embargo, puede que Delante de ti sea otra cosa, quizá una propuesta bastante más intrincada, un sueño dentro de otro sueño que al final se volatiliza como un enigma sin solución.

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Acostumbra a renunciar a la belleza aparente en favor de verdades más profundas, consciente de que todo lo que parece simplemente bonito acaba siendo superficial.

Decantarse por una u otra lectura, digamos que la «versión realista» o la «versión onírica», siempre comportará sus riesgos. Si acudo a mi experiencia como espectador habitual del cine de Hong, ver Delante de ti como la simple historia de un día en la vida de Sangok resulta un tanto frustrante, pues entonces podría parecer que el cineasta, con esta película, haya emprendido la búsqueda de un cine más fácil, más superficial de lo que es habitual en él, a partir de temas un tanto banales. La filosofía vital de Sangok se reduce a considerar que la felicidad, como dice el título, está siempre ante nosotros, pero no sabemos verla, lo que podría ser el exergo de un libro de autoayuda o proclama new age.

Puede que ‘Delante de ti’ sea un sueño dentro de otro sueño que al final se volatiliza como un enigma sin solución.

Por lo tanto, si se observa la película desde la perspectiva de la protagonista, por mucho que venga filmada por Hong con simplicidad y serenidad admirables, Delante de ti es un filme sin espesor alguno, que se limita a ilustrar una vivencia de manera un tanto esquemática. Si me decanto por la versión onírica, igualmente, los indicadores que me hacen pensar así son tan débiles —Sangok durmiendo en un sofá, al principio y al final, y pocas pistas más— que yo podría estar incurriendo en delito crítico de lesa sobreinterpretación y Hong ser el responsable de una puesta en escena más bien descuidada y chapucera. ¿Qué hacer, entonces?

 

Universos paralelos

Sea como fuere, ese dilema ya delata algo: si la película es capaz de provocar una duda de ese calibre, algo hay en ella más allá de que se pueda interpretar unilateralmente en uno u otro sentido. Por ello, quizá se trate de verla de las dos formas posibles, pues en el cine de Hong son tan habituales los universos paralelos como la confusión entre realidad y sueño. También en el inicio y en la clausura de la película, dos imágenes casi iguales que muestran durmiendo a Jeongok (Yunhee Cho), la hermana de Sangok, pueden hacer pensar que es ella quien sueña y, por lo tanto, que su sueño es la película, o por lo menos una buena parte de ella, lo cual no quiere decir que Sangok no lo esté viviendo por su cuenta.

No importa entonces en qué medida estamos ante un episodio onírico, sino discernir hasta qué punto Hong está dejando entrever que la vida, según sus películas, es una mezcla de sueño y vigilia, de deseo y realidad, que tiene mucho que ver con el cine, aunque ni siquiera este, a veces, sea capaz de realizar definiciones más precisas al respecto. Y quizá sea esa su mejor baza, desde el momento en que le permite conectar con sentimientos puramente poéticos: Delante de ti, como otras películas de Hong, revela, de este modo, inesperadas conexiones con el universo de Borges, a su vez un apasionado de la poesía oriental. Los senderos del jardín se bifurcan así de tal manera que ya es imposible optar por uno solo de ellos.

Esta es una de esas películas, en fin, que sitúan al crítico ante el espejo, pues le hacen sospechar que su labor no se puede reducir a proclamar si una película es «buena» o «mala», dependiendo de las estrellitas que le conceda o los adjetivos que le dedique. El cine es otra cosa, cambiante como las propias imágenes que lo componen, mudable y variable según la perspectiva o incluso el estado de ánimo. Delante de ti —título que parece una llamada de atención metafílmica al espectador— admite diversas interpretaciones, incluso distintos juicios de valor.

 

El sueño de otro

En esos instantes en que vemos dormir a la hermana de la protagonista, mientras ella la contempla no se sabe muy bien por qué, quedamos desarmados y vulnerables ante la fuerza de las imágenes, tan ambiguas e impenetrables. Quien prefiera echar la culpa a la película por no terminar de definirse o explicarse, allá él (o ella). Por mi parte, prefiero poner en cuarentena este racionalismo a ultranza y ver a Sangok como el sueño de Jeongok —quizá ni siquiera se ha movido de EEUU— para después pensar que esa es solo una interpretación de la trama como cualquier otra y puede que sea más bien al revés.

Toda película es el sueño de otro (o de otra) en el que nos vemos incluidos, como también demostraba Tenéis que venir a verla, la película de Jonás Trueba que comentábamos el mes pasado. Pues los filmes de Trueba y Hong, directores misteriosamente gemelos, demuestran que existe un cine sin edad, sin fronteras, que puede que empezara con las sombras evanescentes del mudo y culmine, ahora, en los límites de una realidad cada vez más cambiante: un cine que los críticos nunca podremos juzgar porque nunca sabremos muy bien qué se esconde tras él.