El 24 de abril de 1980, cuatro aviones de transporte C-130 Hércules de la fuerza aérea de los Estados Unidos aterrizaron en una zona desértica en medio de Irán. Era la primera parte de la operación Eagle Claw (Garra de Águila), un audaz plan de las fuerzas especiales, aprobado por el presidente Carter, para rescatar a los rehenes de la embajada del país en Teherán. El aterrizaje, en la oscuridad, utilizando unas gafas de visión nocturna recientemente diseñadas, fue lo único que salió bien. Los helicópteros que seguían el avión se encontraron con tormentas de arena; tres de los ocho aparatos sufrieron averías, dejando al equipo de asalto sin suficientes transportes para llegar a Teherán y obligándolos a abortar la misión. Al comenzar la evacuación, uno de los helicópteros chocó con uno de los Hércules; matando a ocho personas.

Al día siguiente, la Casa Blanca anunció el rescate fallido. El presidente Jimmy Carter, después de perder las elecciones ese otoño, solía decir que estuvo a un helicóptero de ser reelegido. Si Eagle Claw hubiera funcionado, la crisis de los rehenes que dominó el último año de su mandato habría sido resuelta gloriosamente.

Durante muchos años, la figura del presidente Carter ha sido vista entre la anomalía y el fracaso. Su victoria electoral en 1976 creó una pequeña isla de cuatro años de gobierno demócrata en la larga era de dominio republicano que siguió a la llegada al poder de Nixon en 1968; una especie de penitencia temporal después del Watergate y el indulto de Gerald Ford.

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