Basta adentrarse en la primera página, clara, nítida y luminosa Cèlia Palau, ver cómo la protagonista empieza el día —la ha «despertado un destello de sol legañoso que se filtraba entre las rendijas de la persiana»—, encontrarla «soñolienta como si no hubiera  dormido», y contemplarla mientras se mueve rutinariamente por la habitación —aparta la cortina, abre la ventana, sube la persiana, se asoma al patio de luces, pero no distingue casi nada porque se lo impiden «los párpados medio cerrados y cansados de una noche de pesadillas»—, y de repente sabemos, una vez más, que pocas escritoras como Sílvia Alcàntara (Puig-reig, 1944) son capaces de sacarle tanto partido narrativo a la trivialidad para convertir los mínimos detalles en ceniza o polvo significativos, como si fuesen borradores de algo inacabado, o como si se desvanecieran enseguida después de que alguien los pronunciara en voz baja, con un tono deliberadamente deslucido y de aparente intrascendencia que acaba revolviéndose y llenando la obra de un sentido y un valor extraordinarios: aportan a todo ello una valiosa compañía el carácter fundamentalmente plástico y visual de una prosa trabajadísima y el salto mortal de apelar a unas verdades siempre maduras y persuasivas porque, en el fondo, son las de siempre, lo que alguien tan sabio como Faulkner llamaba las viejas verdades del corazón.

Y he aquí que, de repente, ya respiramos aquel aire de tristeza, aquella melancolía suscitada por las trampas vulgares de la cotidianeidad más gris, aquella melancolía incubada porque sí que tanta satisfacción literaria había procurado a los lectores Olor de Colònia, de La casa cantonera o de Els dies sense glòria. De repente, también, ya queremos saber cuáles deben ser las causas que originan esta desidia en la protagonista, qué circunstancias la rodean, qué cara tiene su vacío anímico, cuáles son las preocupaciones que la aturden e inquietan sin dejarla descansar: ésa es otra de las virtudes de Sílvia Alcàntara, su intensa habilidad para suscitar la atención del lector desarrollando un suspense de alto voltaje psicológico, mostrando cómo la realidad penetra en el interior de sus personajes para, finalmente, acabar embruteciendo sus  mentes perfectamente formadas y armoniosas.

Para leer el artículo completo escoge una suscripción de pago o accede si ya eres usuario/suscriptor.