La fe hace milagros, y tratándose de cosas del espíritu, todavía más. Que el proyecto de las Misas Polifónicas que se lleva a cabo en Barcelona llegue a los diez años de vida en un país en el que se frecuentan poco los lugares de culto y los auditorios musicales, porque ni la religión ni la música se consideran herramientas de primera necesidad para sobrevivir en este mundo cada vez más confuso, es realmente portentoso.

Música y liturgia forman una pareja no muy bien avenida entre nosotros. Y eso es lo que pretende superar este proyecto ideado hace una década por un puñado de personas muy diversas como el editor Jaume Vallcorba (fallecido en 2014), el director de orquesta Josep Pons, el financiero Eusebi Díaz-Morera, y el sacerdote Armand Puig.

Si aquí se trata de algo verdaderamente insólito, en otras ciudades europeas es muy común. El espejo, pues, es lo que se hace fuera. Mientras que aquí se reserva la música para los oficios de fiestas religiosas señaladas, en Viena, Múnich o Salzburgo, por citar solo algunas ciudades, cada domingo o festivo hay una celebración, normalmente una misa, con orquesta, coro y solistas. En Barcelona, son dos los templos donde se lleva a cabo el proyecto, la iglesia del monasterio de Pedralbes y la basílica de los Santos Mártires Justo y Pastor, con las características de acústica y capacidad adecuadas. Las interpretaciones que se hacen cada temporada son cinco en total: tres misas y dos oficios que corresponden a Navidad y Semana Santa.

Decía el maestro Pons en la presentación del aniversario que se trata de interpretar «un repertorio que no está pensado para una sala de conciertos, sino que es liturgia y, por tanto, en un templo percibimos un pulso dramático muy diferente. Aquí la simbiosis entre arte y espiritualidad adquiere una dimensión mucho mayor». Es decir, el sentido original de este proyecto cultural era devolver estas misas y oficios al ámbito natural para el que fueron creadas: las iglesias. Y para vivir e interiorizar aquella simbiosis de la que habla el director de orquesta y director artístico del proyecto, no hace falta ser un fiel practicante de ninguna religión.

Es un repertorio que no está pensado para una sala de conciertos, sino que es liturgia, y en un templo tiene un pulso dramático diferente.

Es muy cierto que la experiencia no es la misma si escuchamos, por poner un ejemplo, la Nelsonmesse de Joseph Haydn, con las diferentes partes todas seguidas, una detrás de otra, en un auditorio, que si lo hacemos en una iglesia, donde la música forma parte del ritual de una celebración religiosa. La sonoridad, sobre todo si la interpretación es de mucha calidad, quizá sea mejor en el auditorio, pero la emoción y la profundidad de la escucha será superior en una iglesia. Además, así será posible acercarse con mayor fidelidad al sonido original de aquella música, ya que las condiciones, sobre todo por lo que se refiere al espacio físico, no han variado sustancialmente, son mucho más parecidas a las de su creación que las de una interpretación fuera de la liturgia y en una sala moderna.

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La coral Barcelona Ars Nova con la directora Mireia Barrera, en la iglesia del monasterio de Pedralbes. Foto de Oscar Bardaji.

La coral Barcelona Ars Nova con la directora Mireia Barrera, en la iglesia del monasterio de Pedralbes. Foto de Oscar Bardaji.

 

Polifonía ibérica

Dada su tradición cultural, es habitual que en las ciudades mencionadas más arriba se interpreten obras como la Theresienmesse o la Missa in tempore belli de Joseph Haydn, o algunas de las muchas Missa brevis de Wolfgang Amadeus Mozart, incluso alguna solemnis, sin olvidar composiciones de autores centroeuropeos como Antonín Dvorák, autor entre otras de la Misa en re mayor.

Aquí la tradición es distinta y, en sus inicios, el proyecto se centró en la polifonía ibérica de los siglos XV al XVII, el momento musical más brillante de España y Portugal, con obras de Tomás Luis de Victoria, Francisco Guerrero, Joan Cererols, Cristóbal de Morales o Alonso Lobo, aunque también se ha mirado un poco hacia finales del XIV.

Para poner en marcha esta empresa hacía falta, sin embargo, alguien que la pudiera dirigir e interpretar. El maestro Pons convenció a Mireia Barrera, con una importante carrera al frente de formaciones corales (Coro Nacional de España y Cor Madrigal entre otros), para que se hiciera cargo de la dirección artística. Inicialmente, Barrera se resistió porque se trataba de un repertorio que no había trabajado nunca, pero la insistencia de Pons, que sabía que la directora podía hacerlo y hacerlo bien, la convenció.

La formación vocal comenzó con la polifonía ibérica, pero ha llegado hasta el siglo XX con compositores como Stravinski o Bernstein.

Así se creó el conjunto vocal profesional Barcelona Ars Nova, que es el puntal musical de las Misas Polifónicas y está formado por solistas vocales de sólida trayectoria, algunos de los cuales colaboran con los mejores coros europeos de música antigua, como el Collegium Vocale Gent o la Capella Reial de Catalunya. Los primeros años no fueron fáciles, según explicaba Barrera, entre otras cosas porque costaba mucho encontrar voces femeninas que interpretasen polifonía antigua. Superado este escollo, al cabo de cinco años el grupo fue consiguiendo una identidad propia y una gran estabilidad en la afinación que hace que hoy sea un coro de una extraordinaria calidad musical.

Actualmente, el grupo lo forman doce voces dentro de una organización flexible que alcanza incluso el doble de cantantes. «Ha habido una evolución en la identidad del grupo —dice la directora— para encontrar la sonoridad, la comprensión y la comunicación entre todos nosotros. Al conjunto le gusta mucho cantar estas misas y oficios en iglesias, dado que hay una conexión muy fuerte con el público», un público que ha sumado 15.000 personas en estos diez años de vida, muchas de ellas de una gran fidelidad. Pons explica que hacer este repertorio es, en cierto modo, recuperarlo porque no es nada fácil poder escuchar música de autores que fueron tan importantes en su día como Morales, Guerrero o Lobo.

 

Abrir la mirada

Con los años, el proyecto de las Misas Polifónicas con el Barcelona Ars Nova ha abierto la mirada hacia la escuela francoflamenca (Johannes Ockeghem y Orlando de Lassus), la italiana (Carlo Gesualdo, Palestrina y Monteverdi), el barroco (Dieterich Buxtehude, Johann Sebastian Bach, George Friedrich Handel), el clasicismo (Haydn) y el romanticismo (Franz Schubert y Dvorák), hasta llegar a la música religiosa del siglo XX de autores como Igor Stravinski, Frank Martin, Francis Poulenc, Leonard Bernstein y Paul Hindemith. Muy posiblemente, las obras interpretadas de estos dos últimos compositores, la Missa Brevis y la Missa a cappella respectivamente, sean estrenos en España. Como decía Barrera, «es un privilegio poder cantar obras que aquí no se han interpretado nunca».

Cuando han sido necesarios intérpretes instrumentales, el Barcelona Ars Nova ha contado con la colaboración de Vespres d’Arnadí, que dirige Dani Espasa, de la Orquestra Barroca Catalana, y de diversos solistas instrumentales, entre ellos algunos organistas.

En esta mayoría de edad, el conjunto vocal quiere tener vida propia más allá de las misas y, de hecho, ha empezado a hacer actuaciones fuera del marco estrictamente religioso, en el circuito de conciertos. Por su parte, el proyecto, con un coste de 90.000 euros por temporada, se ha financiado mediante la asociación Amics de les Misses Polifòniques y otras aportaciones privadas, y ahora se quiere convertir en una fundación que iniciará su actividad en el curso 2022-2023; pero antes queda todavía una cita con la última actividad de esta temporada, la Misa núm. 5 en la bemol mayor de Schubert en versión para coro y órgano, el 29 de este mes de mayo en Pedralbes. Convoca el angelito volador y soplador del logotipo de la entidad que diseñó Vallcorba.