En los últimos años, principalmente a través de su Fundación Disenso, Vox ha elaborado con respecto a América Latina una narrativa sustentada en tres conceptos clave: hispanidad, reconquista y narcocomunismo. El primero refiere a la herencia católica asociada al pasado de España y la colonización. Esta cuestión fue reelaborada por intelectuales nacionalistas de derecha, y recupera las perspectivas de José Antonio Primo de Rivera y Ramiro De Maetzu.

El concepto de reconquista refiere a una percepción sobre volver a ocupar lugares que habrían sido dejados de lado por los militantes de derecha radical autodenominados «conservadores». Esta búsqueda por recobrar protagonismo es denominada como una «batalla cultural». La «retirada conservadora» habría tenido como consecuencia un dominio de la izquierda de estos espacios como la universidad o los medios de comunicación. A través del llamado a una reconquista, se trata de activar un «gramscismo de derecha» donde una nueva derecha popular se presente a disputar el sentido común en una batalla diaria por la recuperación de estos espacios perdidos.

Como ha señalado el historiador Federico Finchelstein, en Argentina durante los años 20/30, los simpatizantes del fascismo ya usaban la palabra «reconquista» para referirse a que «lo nuestro está en poder de los otros».

El reciente discurso de Meloni en la campaña de Vox para Andalucía hizo referencia también a esta cuestión: «Hace 530 años, la rendición de Granada puso fin a la reconquista, Andalucía volvió a España y Europa a la cristianidad». De este modo, se hacía referencia a una etapa medieval en la historia donde la identidad española está asociada con el rechazo a los musulmanes y la restauración de la religión católica.

El ‘narcocomunismo’ busca colocar a la izquierda en la ilegalidad y postula que cualquier política progresista estaría asociada con el narcotráfico y el crimen organizado.

Reconquista es también el nombre del nuevo partido de Eric Zemmour y Marion Maréchal Le Pen, surgido para las elecciones francesas y liderado por estas dos figuras cercanas a Vox y que participan en las redes internacionales de la derecha radical.

Como ha señalado el periódico de Vox, La Gaceta de la Iberosfera, esta narrativa es clave para unificar una perspectiva común ya que: «la nueva estrategia implica la vertebración de un movimiento internacional en el que los conservadores de cada una de las naciones puedan ayudarse mutuamente».

El tercer concepto, el narcocomunismo, busca colocar a la izquierda en el lugar de la ilegalidad. Postula así que cualquier política progresista estaría asociada con el narcotráfico y el crimen organizado. Desde esta perspectiva, se trata de combatirla en una «guerra», haciendo uso de un lenguaje que mina la base de los consensos democráticos y coloca al otro en el lugar de un enemigo a ser combatido o exterminado.

 

Hermann Tertsch

En la elaboración de estos conceptos tiene un papel importante el político de Vox Hermann Tertsch. Se trata de un europarlamentario con pasado familiar nazi que dirige el grupo Eurolat, dedicado a las relaciones entre América Latina y Europa dentro de los Conservadores y Reformistas del Parlamento Europeo. Este grupo también está integrado por Vox de España, Fratelli de Italia, Ley y Justicia de Polonia y por los Demócratas Suecos.

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Tertsch fue corresponsal en Europa del Este para el diario El País durante el período en que se produjo la caída del socialismo real en estos países. A partir de allí estableció una mirada positiva y contactos con los regímenes autoritarios y conservadores que se han desplegado en Hungría y Polonia en los últimos años. A su vez, retoma el legado familiar de su padre Ekkehard, quien fue un destacado periodista y diplomático ligado a los círculos de la extrema derecha y el nazismo.

El trabajo de Vox consiste en acercar las experiencias de derecha radical en Polonia y Hungría a las propias de América Latina.

A partir de estas experiencias, Hermann intenta hacer gravitar esos modelos en el imaginario de las derechas radicales latinoamericanas. El trabajo de Vox, en este sentido, consiste en acercar las experiencias de derecha radical en Polonia y Hungría a las propias de América Latina y ofrecerse como punto de intersección entre ambos mundos. Si durante la época del fascismo de los años 30 del siglo XX Italia y Alemania ocupaban el ideal en las extremas derechas del mundo, hoy ese lugar es ocupado por Hungría y Polonia.

 

‘Think tanks’

También forman parte de esta red distintos think tanks y organizaciones como el Mathias Corvinus Collegium (MCC) de Budapest financiado generosamente por el gobierno de Orbán, la Fundación Disenso y la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). Un papel estratégico en la articulación de estas cuestiones lo tiene la Carta de Madrid, iniciativa de Disenso para América Latina que ha sido firmada por las principales figuras de la derecha radical latinoamericana como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Javier Milei y Eduardo Bolsonaro.

Un lugar importante lo ocupa la apelación religiosa, donde desde el cristianismo entendido en un sentido amplio, se propone un cruce común entre católicos y evangélicos conservadores. Así, se busca unificar narrativas que contribuyan al fortalecimiento de las derechas. Se pudo ver esto durante la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) realizada en México en noviembre de 2022. La religiosidad cristiana ha sido fundamental en este evento donde varios de sus expositores proclamaron la consigna del movimiento cristero mexicano: «¡Viva Cristo Rey!».

La presencia como principal orador del ex primer ministro de Polonia y fundador de Solidaridad, Lech Walesa en CPAC México, con su conferencia de apertura titulada «venciendo al comunismo», muestra la estrategia de las derechas radicales animadas por Vox y Estados Unidos para acercar América Latina hacia el eje de derecha radical conformado por Polonia y Hungría.

 

«Con la ayuda de Dios»

Eduardo Verástegui, un actor con carrera en Estados Unidos convertido en político de derecha radical, principal líder y organizador de esta conferencia, señaló que «Queremos construir un movimiento conservador en todo el hemisferio, con líderes bien preparados. Con la ayuda de Dios comenzamos nuestra labor», mientras Santiago Abascal orientaba a través de un video a los asistentes para trabajar en «estrategias conjuntas». Otro de los asistentes a esta conferencia fue Ramfis Dominguez Trujillo, político dominicano residente en Estados Unidos y representante de la familia que comandó uno de los regímenes más despóticos en la historia de América Latina.

Otro aspecto a considerar es la intersección entre Vox y ex miembros de la CIA o vinculados a la inteligencia estadounidense, el Departamento de Estado durante la era Trump, y sectores de defensa y think tanks vinculados al Partido Republicano.

En el imaginario de Vox, Cuba y Venezuela cumplen un papel importante, ya que exiliados de estos países son atraídos a sus filas por la política de Madrid Rocío Monasterio. Esta cubana española, cuyos padres fueron expropiados por el gobierno de Fidel Castro, cumple un papel fundamental al acercar el exilio cubano a Vox y su propuesta anticomunista.

Exiliados de Cuba y Venezuela son atraídos a las filas de Vox por la política de Madrid Rocío Monasterio.

Europa parece el continente donde más consolidadas se encuentran las propuestas de la derecha radical. Una demostración de ello es lo sucedido en recientemente en Suecia e Italia. Esto fortalecerá al grupo dentro del Parlamento Europeo de Conservadores y Reformistas que Meloni preside.

En América Latina las posiciones son de ir adquiriendo el principal ticket de la oposición o una radicalización de las fuerzas ya existentes. Con la excepción de Bolsonaro, el caso de derecha radical más exitoso en América Latina, las principales figuras como Kast, López Aliaga (nuevo alcalde de Lima) y Milei, mantienen una disputa por representar el principal espacio de oposición.

«Dios, patria y familia» fue la consigna reiterada en la CPAC de México entre Trump, Verástegui, Bolsonaro hijo y Meloni. El eslogan de campaña utilizado por Georgia Meloni en Italia fue también «Dios, patria y familia» y ha sido replicado por Vox y por Jair Bolsonaro en Brasil, quien para su campaña de 2022 esbozó «Dios, patria, familia y libertad». El propio Eduardo Bolsonaro ha señalado: «Tenemos muchas ganas de empezar a cooperar con la nueva primera ministra de Italia, que tiene prácticamente el mismo lema que Bolsonaro». El lema de La Resistencia, grupo de extrema derecha en Perú es también «Dios, Patria y Familia».

Milei, Eduardo Bolsonaro y la senadora colombiana uribista María Fernanda Cabal saludaron el triunfo de Meloni en Italia. Milei ha señalado sobre Meloni que es «una mujer a favor de la vida, que defiende la familia y la libertad económica; que se opone a la miseria del comunismo y la inmigración ilegal».

Según el intelectual y escritor español vinculado a Vox, Fernando Sánchez Dragó: «Vox y Fratelli d’Italia son movimientos (no sólo partidos) que caminan en la misma dirección».

La derrota del bolsonarismo es la más profunda experimentada por la derecha radical en América Latina desde 2018, cuando el capitán retirado del Ejército ascendió al poder. El ciclo 2021-2022 con victorias progresistas en Perú, Chile, Colombia y Brasil ha representado un golpe para las derechas de América Latina. Si bien el bolsonarismo continuará teniendo poder, su influencia se vuelve bastante menor en la oposición que desde el gobierno. Por eso, estas redes resultan vitales para las derechas radicales que retroceden a nivel electoral.

El sitio del partido de derecha radical español Vox, La Gaceta de la Iberosfera, rescata el liderazgo de Bolsonaro, al señalar que «ha demostrado durante su mandato sus profundas convicciones anticomunistas y un coraje que deberemos siempre agradecer».

 

Unificación de narrativas

Por un lado, las derechas radicales exhiben una postura rebelde frente al statu quo entrelazada con teorías conspirativas. Esta visión está inspirada principalmente en la experiencia de la alt right estadounidense. Por el otro, lo que hay entre estas fuerzas políticas que buscan su expansión a ambos lados del Atlántico es una profunda admiración por Hungría y Polonia. En la idea de la reconquista, la evocación de la cuestión religiosa cumple un papel fundamental.

Vemos como se está produciendo a través de este tipo de iniciativas una unificación de las narrativas de los autodenominados «patriotas» y «conservadores». La internacional de la derecha radical ha llegado, lamentablemente, para quedarse.