Pionera. Seguramente esta es la palabra que mejor describiría a Ursula Hirschmann. Como Altiero Spinelli o Ada y Ernesto Rossi, Hirschmann propugnó ideas que casi nadie defendía en aquel momento, pero que marcarían la agenda europea hasta nuestros días. Hablábamos de ello en la presentación que tuvo lugar a finales de noviembre (https://politicaprosa.com/ursula-hirschmann-federalista-i-feminista/) de la biografía  Ursula Hirschmann. Una mujer por y para Europa, obra de la autora italiana Silvana Boccanfuso, publicada en 2019, que ahora se ha traducido al castellano (edición de Marcello Belotti, Icaria Editorial, 2021).

Lo primero que hay que decir es que esta no es una biografía convencional que nos explica la vida de una persona a través de recuerdos estáticos de momentos pasados, sino un libro político y personal. En esta biografía, las peripecias, riesgos y sacrificios vividos para impulsar la idea del federalismo europeo y, más tarde, del feminismo, se combinan con el relato íntimo de una relación amorosa con Altiero Spinelli, ligada también al proyecto político compartido por ambos. El recuerdo de Ursula, personal y cercano, se convierte así en inspiración de la acción política del presente.

El libro de Silvana Boccanfuso es también una obra necesaria que contribuye a saldar la gran deuda que tenemos con tantas otras mujeres políticas de Europa que, como Ursula Hirschmann, fueron referentes del antifascismo y de la construcción europea.

 

Vida y política

Ursula Hirschmann nació en Berlín en 1913 en el seno de una familia de origen judío y en un ambiente burgués. En esta ciudad entró por primera vez en contacto con la política en círculos socialistas y comunistas, en torno a la lucha contra un nazismo que iba ganando fuerza. En 1933, huyendo del régimen nazi, se marchó a París para reunirse con su hermano, el economista Albert O. Hirschmann, con quien estaba muy unida. Ursula se traslada dos años después a Italia, desde donde en 1943, con tres hijas pequeñas, se exilia a Suiza. En 1945 pasa un tiempo en París y ese mismo año regresa a Italia. Unos años más tarde viviría también una época en Bruselas. La necesidad de moverse por diversos países durante toda su vida debido a circunstancias políticas y personales, como señala Boccanfuso, facilita que Ursula se convierta en una ferviente defensora de la idea de una Europa que debe superar los estados soberanos. Su rechazo a cualquier clase de nacionalismo es tan firme que también está en contra del de Israel, respecto al cual escribe en 1972 que está convencida de que «desembocará en nuevos genocidios».

Ursula se convierte en una ferviente defensora de la idea de una Europa que debe superar los estados soberanos.

Ursula Hirschmann fue la persona que hizo posible que el Manifiesto de Ventotene, primer texto impulsor del federalismo europeo, saliera de la isla donde, en 1941, lo habían redactado clandestinamente Ernesto Rossi y Altiero Spinelli. Seguramente no conoceremos nunca la aportación concreta a los debates de Ursula Hirschmann y Ada Rossi, que estaban en Ventotene acompañando a sus maridos confinados por el régimen fascista (Ursula todavía en su primera relación con Eugenio Colorni, que escaparía del confinamiento en 1943 y moriría en 1948 a resultas de un ataque fascista).

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Pero el papel pasivo de meras observadoras que se les ha atribuido podría deberse, tratándose de dos mujeres que demostrarían durante toda su vida claras convicciones y un decidido compromiso político, a la lectura de una sociedad que limitaba las aportaciones de las mujeres al espacio privado. En cualquier caso, es incuestionable que fueron Ursula y Ada las que establecieron los primeros contactos para que se hiciera público el Manifiesto y para lograr, a través de la fundación del Movimiento Federalista Europeo, que llegara hasta nuestros días su defensa del federalismo como solución para la paz y el progreso de Europa.

Después del tiempo de confinamiento en la isla de Ventotene, surgió una nueva relación entre Ursula Hirschmann y Altiero Spinelli que se prolongaría hasta la muerte de este, en 1986, y que estaría siempre ligada a los debates intelectuales y a la actividad de ambos en relación con la política europea. Altiero, eurodiputado desde 1977, fue el impulsor del llamado proyecto Spinelli, el Tratado Constitutivo de la Unión Europea aprobado por el Parlamento Europeo en 1984, que se considera uno de los precursores más importantes de la integración europea.

Está en contra del nacionalismo de Israel, respecto al cual escribe en 1972 que está convencida de que «desembocará en nuevos genocidios».

Durante todo este tiempo la actividad política de Ursula, mucho menos conocida, fue continua. Del antifascismo y el federalismo europeo de los años de la Segunda Guerra Mundial, pasó a centrarse, a partir de la posguerra, en el proyecto de una Europa federal y, en los últimos años de su vida, en la defensa tenaz del feminismo con la creación, a mediados de los años 60, del grupo Femmes pour l’Europe, al cual se dedicaría hasta su muerte en 1991.

Ursula Hirschmann defendió la idea del federalismo europeo a través de toda su trayectoria, hasta el punto de que en los últimos años de su vida fue todavía presidenta de la sección de Roma del Movimiento Federalista Europeo. De hecho, la creación de Femmes pour l’Europe es, en gran parte, una forma de dotar de nuevo vigor al proyecto europeísta, que no puede quedar al margen de un feminismo que está surgiendo con fuerza y que es indispensable para una Europa sólida y democrática.

 

Un pensamiento actual

Todas estas vivencias que se explican con detalle en el libro nos conectan con el presente constantemente por los debates políticos que plantean. Tanto el olvido que sufre la actividad política de Ursula Hirschmann, vinculado al hecho de ser mujer, como su pensamiento europeísta y feminista, nos hacen pensar en uno de los grandes retos actuales de la Unión Europea, que podríamos definir como el impulso hacia una Europa más femenina. No estamos hablando de una Europa de mujeres, aunque, por supuesto, ha de ser una Europa donde las mujeres tengan un mayor protagonismo político y social. Este no es un planteamiento excluyente ni limitado a la igualdad entre hombres y mujeres, sino que se trata de un nuevo impulso en la construcción europea basado en principios que tradicionalmente se han considerado más femeninos.

Su pensamiento europeísta y feminista, nos hace pensar en uno de los grandes retos actuales de la UE: el impulso hacia una Europa más femenina.

Cuando hablamos —y ya hace demasiados años que lo hacemos— de la necesidad de dotar de recursos y contenidos concretos al pilar social de la Unión, nos referimos a una Europa menos centrada en la geopolítica, la economía y las finanzas, que dé paso a una Europa en la que se priorice el bienestar de las personas. Huelga decir que nos encontramos lejos de esta Europa protectora de los derechos de las personas cuando vemos los ataques al Estado de derecho, a los derechos de las mujeres o a las libertades sexuales y reproductivas que se están produciendo en diversos países ante la inacción, o en el mejor de los casos, la ineficacia de las instituciones europeas. Hablamos de una Europa social que haga real el concepto de ciudadanía europea, en la que todos debemos compartir la garantía efectiva de unos derechos civiles, políticos y sociales.

Cuando, después de la crisis de 2008, hablábamos de la necesidad de los Eurobonos, reclamábamos una Europa más federal. Y ahora hemos visto concretarse esta demanda en el marco de un ambicioso plan de reconstrucción europeo. Pero vemos todavía las inmensas dificultades para limitar la unanimidad de las decisiones en el Consejo Europeo, lo que tiene unos efectos letales; por ejemplo, para avanzar en una fiscalidad europea que garantice una cierta redistribución a través de unos estándares mínimos para los impuestos a las grandes empresas. Hablamos de una Europa más fuerte, con más capacidad en la toma de decisiones, pero sobre todo de una Europa basada en instituciones democráticas supranacionales que superen la soberanía estatal: unas instituciones indispensables para un proyecto democrático regido por los valores de la fraternidad, la cooperación y el respeto a las diferencias, que no deben obstar para que tengamos un proyecto compartido.

Esta biografía no solo describe la vida de una gran referente de la construcción europea que había sido injustamente olvidada, sino que también es un libro donde el pensamiento y la experiencia de Ursula Hirschmann muestran toda su actualidad y nos impulsan a reflexionar sobre la Europa del futuro, una Europa federal que pasa por los valores del feminismo y la justicia social.