A mediados de los años cuarenta del siglo pasado, Billy Graham encarnaba muchos de los valores que se identificaban con la juventud estadounidense de posguerra. Nacido en Carolina del Norte, aún no había cumplido treinta años, medía 1,88 metros, tenía rasgos escandinavos y un impresionante mentón cuadrado, había ido a la universidad, levantaba pesas y corría. Era realmente apuesto. La peculiaridad era que, con esos rasgos físicos, había decidido ser predicador.

En ese momento, la religión en Estados Unidos había sufrido una profunda transformación. Ya no estaba representada únicamente por iglesias institucionales con sistemas jerárquicos tradicionales, sino también por emprendedores que utilizaban las técnicas publicitarias de la época —los folletos, la radio, los discursos amplificados y la retórica moderna— para dirigirse directamente a los creyentes y atraerlos a sus propias iglesias. Eran lo que Kristin Kobes du Mez, autora de Jesús y John Wayne. Cómo los evangélicos blancos corrompieron una fe y fracturaron una nación, llama «innovadores evangélicos». Los creyentes eran sus clientes.

También en esos años, después de la Segunda Guerra Mundial, una de las tareas que se impusieron estos innovadores, además de hacerse con una clientela, fue construir una nueva noción de la hombría americana. Esta, cuenta Du Mez en uno de los pasajes más atractivos del libro, había sufrido una gran crisis a finales del siglo XIX. Entonces el cristianismo se identificaba con la caridad, la contención y la piedad, virtudes que casaban mal con el estereotipo de la virilidad estadounidense de las décadas anteriores, encarnado por granjeros o vaqueros rudos y fuertes. Además, la actividad económica se estaba desplazando del campo a la ciudad, por lo que muchos hombres desempeñaban trabajos de oficina o comerciales que no requerían fuerza física ni actividad al aire libre. A principios de siglo, pues, el estadounidense medio podía ser un perfecto pequeñoburgués cristiano, pero eso no le convertía en lo que muchos pensaban que debía ser un «hombre».

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