{"id":45704,"date":"2026-06-30T23:22:57","date_gmt":"2026-06-30T21:22:57","guid":{"rendered":"https:\/\/politicaprosa.com\/?p=45704"},"modified":"2026-08-07T14:00:13","modified_gmt":"2026-08-07T12:00:13","slug":"mariam-barghouti-el-combate-con-la-palabra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/politicaprosa.com\/es\/mariam-barghouti-el-combate-con-la-palabra\/","title":{"rendered":"Mariam Barghouti, el combate con la palabra"},"content":{"rendered":"<p>La palestina Mariam Barghouti echa por tierra todos los estereotipos del periodista de guerra. Tras el chaleco antibalas, un cuerpo flaco y menudo; bajo el casco, una mirada despierta. Se toma un tiempo para pensar antes de responder a una pregunta dif\u00edcil. \u00a0Y entonces lanza un torrente de verdades sin tapujos. Es una luchadora, y su arma es la palabra.<\/p>\n<p>A sus treinta y pocos, Barghouti se ha convertido en un referente del periodismo internacional por su trabajo sobre el terreno en la Cisjordania ocupada. Un trabajo en el que, como tantos colegas palestinos, se juega la vida a diario. Se la juegan protegiendo \u2014literalmente con sus cuerpos\u2014 los testimonios, las historias, los sonidos y las im\u00e1genes de los cr\u00edmenes perpetrados por Israel, as\u00ed como de la resistencia palestina. Israel es el lugar m\u00e1s peligroso del mundo para ejercer el periodismo: un lugar en el que los periodistas son asesinados, perseguidos, detenidos, apaleados y criminalizados. Todo vale para controlar el relato. Y, sin embargo, los periodistas palestinos nunca han dejado de informar.<\/p>\n<p>Nacida en Atlanta (Estados Unidos), Barghouti pertenece a la tercera generaci\u00f3n de supervivientes de la <em>Nakba<\/em>: su abuelo Ibrahim fue expulsado de Yaffa en 1947, despu\u00e9s de que las milicias sionistas asesinaran a su bisabuelo, Abderrahman, en un bombardeo en la plaza del reloj.<\/p>\n<p>Sus padres no quer\u00edan que perdiera sus ra\u00edces y la llevaron a Palestina cuando ten\u00eda 3 a\u00f1os. Ha utilizado el privilegio de su pasaporte estadounidense para vivir en varios pa\u00edses, pero nunca se ha desconectado de su tierra. Despu\u00e9s de unos a\u00f1os dedicada a la investigaci\u00f3n, Barghouti decidi\u00f3 volver al periodismo tras el asesinato en mayo de 2022 de su mentora, Shireen Abu Akleh, corresponsal de Al-Jazeera en Cisjordania, cuando cubr\u00eda una incursi\u00f3n del ej\u00e9rcito israel\u00ed en el campo de refugiados de Yen\u00edn. El asesinato de Abu Akleh dio la vuelta al mundo pero qued\u00f3 impune. Fue un precedente. Entonces nadie imaginaba que el ej\u00e9rcito israel\u00ed asesinar\u00eda a m\u00e1s de trescientos periodistas palestinos \u2014tambi\u00e9n libaneses, yemen\u00edes e iran\u00edes\u2014 tantos que ya no podr\u00edamos siquiera recordar todos sus nombres.<\/p>\n<p>Ser palestina y estadounidense ha convertido a Mariam Barghouti en un puente entre dos mundos: desde esa posici\u00f3n se ha dedicado a desnudar los estereotipos y a desarmar la mirada colonial utilizando su mismo lenguaje. Escribe para <em>The New York Times<\/em>, <em>The Guardian<\/em>, la BBC, o <em>Drop Site News<\/em> (\u00ablos contribuyentes estadounidenses deben saber que sus impuestos pagan y sostienen los cr\u00edmenes contra la humanidad israel\u00edes y la agresiva colonizaci\u00f3n de los palestinos\u00bb, asevera) y tambi\u00e9n para medios regionales como <em>The New Arab<\/em>, <em>Middle East Eye<\/em> o <em>Mondoweiss<\/em>. Si es necesario discute en directo: Sky News le cort\u00f3 el micr\u00f3fono despu\u00e9s de que corrigiera a su presentador Mark Austin, que hablaba de \u00abdecenas\u00bb de palestinos asesinados en Gaza cuando ya se contaban por millares. Y si los medios no le dan espacio, sigue hablando en las redes, a sus 275.000 seguidores en Instagram y 190.000 en X.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tesis sobre racismo entre jud\u00edos<\/strong><\/p>\n<p>Licenciada en Lengua y Literatura inglesa por la Universidad de Birzeit en Cisjordania, Barghouti se interes\u00f3 por la socioling\u00fc\u00edstica y complet\u00f3 sus estudios con un m\u00e1ster en sociolog\u00eda y cambio global por la Universidad de Edimburgo, con una tesis sobre el racismo entre jud\u00edos en la sociedad israel\u00ed. Siempre le gust\u00f3 escribir, y el periodismo lleg\u00f3 despu\u00e9s, cuando ya era consciente del valor de las palabras. Ha escrito <em>I found myself in Palestine<\/em> (Interlink Publishing, 2020) y <em>Gaza: the Story of The Genocide<\/em> (Verso Books, 2025).<\/p>\n<h2 class=\"destacat_central lateral\">Las palabras denotan un sistema de poder. Los israel\u00edes \u00abson asesinados\u00bb por \u00abterroristas\u00bb, los palestinos simplemente \u00abmueren\u00bb.<\/h2>\n<p>Sobre Barghouti recae tambi\u00e9n la presi\u00f3n de ambos mundos: la que sufren todos los periodistas palestinos sobre el terreno \u2014muy distinta a la que vivimos corresponsales y enviados especiales europeos o estadounidenses\u2014 y la de los editores de medios occidentales. No es f\u00e1cil soportar que por la ma\u00f1ana te apunten los l\u00e1seres verdes de los soldados israel\u00edes y por la tarde tu editor, desde Londres, te pida que acabes tu cr\u00f3nica con una nota de alegr\u00eda para no deprimir a la audiencia.<\/p>\n<p>Sus art\u00edculos contribuyen a cerrar la brecha entre la realidad que viven los palestinos y la forma en que esa realidad es percibida, filtrada, distorsionada o borrada en el discurso p\u00fablico dominante en Europa y Estados Unidos. Con el genocidio israel\u00ed en Gaza tambi\u00e9n se ha dedicado a editar y conectar a colegas gazat\u00edes con medios de todo el mundo.<\/p>\n<p>En un momento en que el periodismo atraviesa una profunda crisis \u2014econ\u00f3mica, tecnol\u00f3gica y pol\u00edtica, pero sobre todo de credibilidad\u2014, los periodistas palestinos han recordado al mundo en qu\u00e9 consiste realmente esta profesi\u00f3n: documentar la realidad, decir la verdad frente al poder, denunciar las injusticias y combatir la impunidad. Lo hacen en condiciones imposibles, aferr\u00e1ndose a la convicci\u00f3n de que contar al mundo el horror al que Israel somete a su pueblo puede servir para frenarlo.<\/p>\n<p>La reportera conoce bien el poder de las palabras. \u00abEl lenguaje y el silencio no describen la realidad, sino que la construyen\u00bb, recordaba en mayo en una conferencia en el Centre de Cultura Contempor\u00e0nia de Barcelona (CCCB), que eligi\u00f3 a Barghouti para su residencia internacional. \u00abEl lenguaje define lo que se puede pensar, lo que se puede llorar, lo que puede ser financiado y lo que debe ser castigado: Israel no solo est\u00e1 probando drones y bombas contra los palestinos, est\u00e1 desarrollando una guerra del lenguaje\u00bb, constataba.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El lenguaje, arma arrojadiza<\/strong><\/p>\n<p>Las palabras denotan un sistema de poder. Los israel\u00edes \u00abson asesinados\u00bb por \u00abterroristas\u00bb, los palestinos simplemente \u00abmueren\u00bb. El lenguaje no es neutral: es un arma arrojadiza. Puede revelar una realidad, pero tambi\u00e9n ocultarla; puede humanizar a las personas o convertirlas en bestias con las que no se pueda empatizar; puede normalizar la violencia, maquillar la opresi\u00f3n y discriminar qu\u00e9 sufrimiento merece ser reconocido. El relato es tambi\u00e9n un campo de batalla.<\/p>\n<h2 class=\"destacat_central lateral\">\u00abNo puedo proteger a mi gente en el mundo real, pero s\u00ed puedo protegerla en la p\u00e1gina\u00bb, dice la periodista.<\/h2>\n<p>Forma parte del manual de guerra israel\u00ed abrumar al mundo con la demostraci\u00f3n de fuerza bruta. No la esconde, la exhibe. Por eso vemos a los soldados israel\u00edes mostr\u00e1ndose en las redes mientras cometen cr\u00edmenes de guerra en Gaza o en el L\u00edbano. \u00a0\u00bfY cu\u00e1l debe ser entonces el papel del periodismo? \u00bfDebe limitarse a levantar acta, a certificar? Barghouti aventura otra respuesta: no se trata solo de mostrar el sufrimiento; hay que hacerlo inteligible, absorbible. Sin ello, estamos condenados a chocar con una violencia inasumible, que nos deja en la impotencia. Una impotencia buscada.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s, para poder absorber tanta violencia, deberemos incorporar nuevos vocablos: palabras que no tienen equivalente en el l\u00e9xico de los colonizadores, palabras creadas para nombrar la experiencia colectiva de una realidad que nunca hab\u00eda sido nombrada. Palabras como <em>Nakba<\/em>, el t\u00e9rmino que los intelectuales palestinos acu\u00f1aron para describir la desposesi\u00f3n y la limpieza \u00e9tnica que dieron lugar a la creaci\u00f3n del Estado de Israel: suele traducirse como \u00abcat\u00e1strofe\u00bb, pero significa a la vez el sufrimiento impuesto, el dolor causado, la miseria provocada. O <em>Sumud<\/em>, un concepto que remite a la resistencia, pero tambi\u00e9n a la firmeza, el arraigo, el desaf\u00edo, la perseverancia. Descolonizar nuestra mirada pasa tambi\u00e9n por reconocer los l\u00edmites de nuestro diccionario.<\/p>\n<p>Del mismo modo que el personal sanitario, las maestras o los agricultores, los periodistas palestinos han tenido que adaptarse para seguir trabajando en condiciones imposibles. En Gaza y en Cisjordania, no solo han desarrollado estrategias de supervivencia bajo una amenaza permanente: tambi\u00e9n han aprendido a trabajar bajo un trauma continuo. Su propio trauma y el de las personas cuyas historias cuentan. Barghouti sabe mirar y escuchar, sabe dar tiempo.<\/p>\n<h2 class=\"destacat_central lateral\">Del mismo modo que el personal sanitario, las maestras o los agricultores, los periodistas palestinos han tenido que adaptarse para seguir trabajando en condiciones imposibles.<\/h2>\n<p>Uno puede acercarse a una madre cuyo hijo acaba de ser asesinado, captar im\u00e1genes poderosas de dolor, recoger declaraciones potentes. Es probable que incluso sea bienvenido a compartir el desgarro. Pero si regresa despu\u00e9s, respetando el tiempo del duelo, si es capaz simplemente de sentarse a su lado, de compartir el silencio, de ir m\u00e1s all\u00e1 del momento del shock, generar\u00e1 otro espacio, abrir\u00e1 otras puertas, estar\u00e1 m\u00e1s cerca de comprender. Incluso podr\u00e1 esperar que su escucha contribuya a paliar el dolor. \u00abNo puedo proteger a mi gente en el mundo real, pero s\u00ed puedo protegerla en la p\u00e1gina\u00bb, dice la periodista.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Cr\u00edtica con el periodismo occidental<\/strong><\/p>\n<p>Barghouti sabe bien que lo que ocurre en Palestina es el espejo de una deriva global, un s\u00edntoma. Y forma parte de esta nueva generaci\u00f3n que ya no est\u00e1 dispuesta a justificar su existencia ni a negociarla. Una generaci\u00f3n que se abre paso sin pedir permiso ni perd\u00f3n, y que hace a\u00f1icos la profec\u00eda del sionismo: los ancianos morir\u00e1n y los j\u00f3venes olvidar\u00e1n.<\/p>\n<p>La periodista palestina lo dejaba muy claro en una de sus conferencias en el CCCB con motivo del D\u00eda Orwell. \u00a0\u00abVengo de un lugar en el que mi humanidad se pone permanentemente en duda. Y no estoy aqu\u00ed para discutir con ustedes si somos humanos o no. Estoy aqu\u00ed para contarles que algo funciona terriblemente mal por c\u00f3mo act\u00faa el periodismo occidental, no solo sobre los palestinos, sino sobre el conjunto de la humanidad\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palestina Mariam Barghouti echa por tierra todos los estereotipos del periodista de guerra. 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