{"id":46234,"date":"2026-08-30T01:41:54","date_gmt":"2026-08-29T23:41:54","guid":{"rendered":"https:\/\/politicaprosa.com\/contra-la-vida-avorrida-lexageracio\/"},"modified":"2026-08-30T01:48:17","modified_gmt":"2026-08-29T23:48:17","slug":"contra-la-vida-aburrida-la-exageracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/politicaprosa.com\/es\/contra-la-vida-aburrida-la-exageracion\/","title":{"rendered":"Contra la vida aburrida, la exageraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>\u00abCreemos que podemos empezar un proyecto as\u00ed y, en cambio, somos incapaces de hacerlo, siempre est\u00e1 todo en nuestra contra y en contra de un proyecto como este, por eso lo dejamos para m\u00e1s adelante y no nos ponemos nunca, por eso tantos trabajos intelectuales que se deber\u00edan escribir no se escriben, tantos textos que durante mucho tiempo, durante a\u00f1os, tenemos en la mente, se quedan en nuestra mente. Recurrimos a todo tipo de motivos inimaginables para no tener que empezar un trabajo como este, ponemos todas las excusas inimaginables, invocamos a todos los esp\u00edritus inimaginables, que solo pueden ser malos esp\u00edritus, para no tener que empezar lo que deber\u00edamos empezar. Esta es la tragedia del que quiere escribir alguna cosa, que grita una y otra vez a quienes obstaculizan su escritura\u00bb, escribe Franz-Josef Murau, el protagonista y narrador de <em>Extinci\u00f3<\/em> (1986), la \u00faltima novela de Thomas Bernhard (1931-1989).<\/p>\n<p>Farsa l\u00f3brega o s\u00e1tira despiadada, suma intr\u00e9pida de un arte literario virtuoso y demoledor, da la raz\u00f3n a Ricardo Piglia cuando dec\u00eda del autor que, si gustaba tanto a los escritores, era por la particularidad de haber convertido la creaci\u00f3n de las circunstancias propicias para escribir \u2014aquel estado de \u00e1nimo espiritualmente oportuno, aquella tranquilidad f\u00edsica, aquella calma ambiental\u2014 en el tema principal de sus novelas.<\/p>\n<p>Ser\u00eda excesivo afirmar que es el \u00fanico tema \u2014ya veremos que no\u2014, pero recordemos <em>La f\u00e0brica de cal\u00e7<\/em> (1970) y a su protagonista, obcecado en sacar adelante el tratado matem\u00e1tico-filos\u00f3fico m\u00e1s grandioso nunca concebido sobre la audici\u00f3n humana y del cual no ha conseguido escribir ni una sola palabra; o recordemos al narrador man\u00edaco y enfermizo de <em>Formig\u00f3<\/em> (1983), que pretende realizar el ensayo definitivo sobre Mendelssohn y tras diez intensos a\u00f1os de preparativos, acumulando y estudiando toda la bibliograf\u00eda existente sobre el m\u00fasico, se declara incapaz de confeccionar una simple frase relacionada con la materia que investiga; o recordemos, en fin, la primera novela de Thomas Bernhard, <em>Gel<\/em> (1963), donde encontramos ya lo que se convertir\u00e1 en una constante en su obra, el malogrado h\u00e9roe patol\u00f3gicamente perturbado por la cultura, la figura del artista convencido de su genialidad \u2014aqu\u00ed un pintor aislado en un valle alpino que quema los cuadros ejecutados\u2014, obsesionado con un proyecto imposible, y que finalmente acaba destruido por la tensi\u00f3n entre la necesidad de la perfecci\u00f3n absoluta que se exige y la certeza de que dicho anhelo es inasequible.<\/p>\n<p>Es la tesitura en la que se encuentran los megal\u00f3manos pat\u00e9ticos que se atreven a aspirar a las cumbres creativas m\u00e1s excelsas que pueblan la mayor parte de la obra de Thomas Bernhard, derrotados en todo momento por los obst\u00e1culos m\u00e1s irrisorios y, sobre todo, por la propia neurosis, situados siempre en el n\u00facleo de una \u00abtragedia que al mismo tiempo es una comedia perfecta y p\u00e9rfida\u00bb \u2014nunca sabemos si se trata de una cosa u otra, y aqu\u00ed radica su rabiosa complejidad\u2014, y que se parecen bastante a los beb\u00e9s sentados en sus\u00a0 cochecitos y que, \u00e1vidamente, quieren coger todo lo que ven, en especial si est\u00e1 lejos, y, al tenerlo en las manos, se satisfacen apenas unos segundos e inmediatamente lo tiran al suelo para, a continuaci\u00f3n, ponerse a llorar desconsoladamente con la urgencia de recuperarlo: cuando hacen algo para entretenernos son conmovedores, y cuando se quedan solos se hunden en la amargura, exactamente igual que los artistas al borde de la demencia de Thomas Bernhard, que menosprecian o infravaloran a prop\u00f3sito la normalidad o la resignaci\u00f3n del punto medio, a favor sin remedio de la exageraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Veamos qu\u00e9 dice Franz-Josef Murau sobre esta cuesti\u00f3n: \u00abA menudo nos dejamos llevar por una exageraci\u00f3n tan grande [&#8230;] que acabamos tomando esta exageraci\u00f3n como el \u00fanico hecho consecuente y ya no nos damos cuenta del hecho real, solo de esta exageraci\u00f3n llevada desmesuradamente al extremo. Siempre me he sentido satisfecho con este fanatismo de la exageraci\u00f3n [&#8230;]. A veces, cuando convierto este fanatismo de la exageraci\u00f3n en un arte de la exageraci\u00f3n, siento que es la \u00fanica posibilidad de salvarme de la miseria de mi estado de \u00e1nimo, de mi tedio espiritual [&#8230;]. He cultivado hasta tal punto mi arte de la exageraci\u00f3n que puedo definirme con pleno derecho como el mayor artista de la exageraci\u00f3n que conozco.\u00bb Al fin y al cabo, \u00absi no tuvi\u00e9ramos nuestro arte de la exageraci\u00f3n [&#8230;] estar\u00edamos condenados a una vida terriblemente aburrida, a una existencia en la que ya no valdr\u00eda la pena existir [&#8230;]. Para hacer que una cosa se entienda, debemos exagerar, solo la exageraci\u00f3n la ilustra.\u00bb<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es entonces el objetivo de Franz-Josef Murau cuando decide escribir un texto titulado <em>Extinci\u00f3<\/em> en el que, a pesar del subt\u00edtulo que lo acompa\u00f1a, \u00abUn enfonsament\u00bb, constatamos con una satisfacci\u00f3n enorme que \u00e9l, rebelado contra la procrastinaci\u00f3n, lejos de los casos de sus antecesores bernhardianos, s\u00ed lleva a cabo y concluye el prop\u00f3sito que se ha planteado? La idea que le motiva, consider\u00e1ndolo bien, es escribir un relato que \u00absolo existir\u00e1 para extinguir todo lo que yo entiendo por Wolfsegg y todo lo que es Wolfsegg, todo [&#8230;], verdadera y realmente todo [&#8230;]. Todos llevamos un Wolfsegg con nosotros y queremos extinguirlo para salvarnos, al querer ponerlo sobre el papel queremos aniquilarlo, extinguirlo [&#8230;]. En este relato lo extinguir\u00e9 todo, todo lo que ponga por escrito en este relato quedar\u00e1 extinguido, toda mi familia se extinguir\u00e1, su \u00e9poca se extinguir\u00e1, Wolfsegg se extinguir\u00e1 a mi manera en mi relato.\u00bb<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>El legado nazi de Austria<\/strong><\/p>\n<p>Ahora, sin duda, podemos preguntarnos qui\u00e9n es Franz-Josef Murau, de qu\u00e9 amenaza se protege con sus arrebatadas exageraciones, y qu\u00e9 es y qu\u00e9 representa Wolfsegg: Wolfsegg \u2014un castillo infinito con una infinidad de campos, prados y bosques que se pierden en la lejan\u00eda m\u00e1s all\u00e1 del horizonte\u2014 es la tierra natal del protagonista, y donde han vivido sus antepasados arist\u00f3cratas durante generaciones, y si nos fijamos en el nombre de pila de Murau, Franz-Josef, es evidente que evoca el pasado de los Habsburgo y el imperio austroh\u00fangaro, una \u00e9poca en que la postura elitista del protagonista seguramente se habr\u00eda sentido mucho m\u00e1s c\u00f3moda.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 hace Thomas Bernhard en <em>Extinci\u00f3<\/em>? Pues, una vez m\u00e1s, burlarse crudamente y lamentar \u2014a trav\u00e9s de un repertorio inacabable de insultos que a menudo se acaban reduciendo al absurdo para exagerar el da\u00f1o que quiere hacer\u2014 el legado nazi de Austria, violando deliberadamente el pacto de silencio instaurado en el pa\u00eds por sus compatriotas, compartido tanto por los que participaron activamente o pasivamente en el Holocausto como por los que con posterioridad se inventaron la cobarde mentira hist\u00f3rica seg\u00fan la cual Austria fue la v\u00edctima primera del nacionalsocialismo, subyugada sin paliativos por el ej\u00e9rcito de Hitler.<\/p>\n<p>No contaremos c\u00f3mo Franz-Josef Murau consigue cumplir al pie de la letra su plan, pero no perturbaremos la lectura de <em>Extinci\u00f3<\/em> si exponemos el argumento m\u00ednimo que sostiene la novela, montada como una cadena de momentos est\u00e1ticos: en la primera parte el protagonista, que ha asistido en Wolfsegg a la boda de una de sus hermanas, reci\u00e9n llegado a Roma, el lugar donde vive desde ya hace tiempo y donde ha encontrado la paz y la tranquilidad id\u00f3neas para sus nervios, recibe un telegrama en el que se le comunica la muerte de sus padres y su hermano en un accidente de coche \u2014hecho que lo convierte en el heredero exclusivo del patrimonio\u2014, una noticia que act\u00faa de agente provocador para que recuerde con rencor furibundo el anecdotario infernal de la vida con su familia.<\/p>\n<p>En la segunda, el narrador ya ha llegado a Wolfsegg para los funerales, y presenciamos una especie de representaci\u00f3n teatral chejoviana, como si fuera al mismo tiempo la escenificaci\u00f3n de un ballet grotesco. En realidad, la trama debe ser lo que menos le preocupa a Thomas Bernhard porque, en rigor, la aut\u00e9ntica trama la hallamos en la contundencia extrema de su dicci\u00f3n, en la potencia feroz de las im\u00e1genes, en la velocidad concentrada de su pensamiento, en la tenebrosidad del alma airada de la voz que escribe el relato, en la llama moral que maldice la existencia de la naturaleza que lo rodea, y que es el mundo de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/p>\n<div class=\"table-1\">\n<table width=\"100%\">\n<thead>\n<tr>\n<th style=\"width: 50%;\" align=\"center\"><img decoding=\"async\" class=\"lazyload wp-image-46229 size-medium aligncenter\" src=\"https:\/\/politicaprosa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Extincio-Frontal-204x300.webp\" data-orig-src=\"https:\/\/politicaprosa.com\/wp-content\/uploads\/2026\/08\/Portada-Extincio-Frontal-204x300.webp\" alt=\"Thomas Bernhard Extinci\u00f3 Traducci\u00f3 de Clara Formosa Plans Pollen\u00e7a: Quid Pro Quo El Gall 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p\u00e1g.<\/small><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/div>\n<p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>S\u00f3rdida condici\u00f3n humana<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la extra\u00f1a compasi\u00f3n que late desde al lado o desde muy cerca cuando menciona las v\u00edctimas del nazismo, Thomas Bernhard localiza por todas partes incomodidades hostiles, elementos nefastos, y la amenaza continua de la muerte inevitable, todo visto, eso s\u00ed, con la sonrisa macabra o siniestra de alguien que se sabe enterrado vivo desde el momento de su nacimiento: tal y como dice en uno de los poemas de su primer libro, <em>Sota el ferro de la lluna<\/em> (1958), \u00abel crep\u00fasculo duerme, sobre campos desnudos\/ sopla el viento, las nubes llevan\/ inquietud a la muerte que me entierra\/ y hace magia con las flores de mi risa en los picos\/ dementes de las aves negras\u00bb.<\/p>\n<p>Franz-Josef Murau \u2014o Thomas Bernhard\u2014 canta funerariamente la s\u00f3rdida condici\u00f3n humana que contempla desde la ventana de su casa en Roma, como si fuera un prisionero satisfecho de estar encarcelado, muy lejos de la lista largu\u00edsima de adjetivos abyectos y peyorativos que colecciona para pintar el paisaje muerto \u2014y, de paso, la gente que habita all\u00ed sin conciencia, con rutina y con el pensamiento rural como faro\u2014, del cual l\u00facidamente se a\u00edsla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abCreemos que podemos empezar un proyecto as\u00ed y, en cambio, somos incapaces de hacerlo, siempre est\u00e1 todo en nuestra contra y en <a href=\"https:\/\/politicaprosa.com\/es\/contra-la-vida-aburrida-la-exageracion\/\"> 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