Si estas líneas fuesen la entrada biográfica de un diccionario quizá pondría: «Xavier Muñoz Pujol (1927-2022), empresario, político y escritor». Xavier Muñoz fue sobre todo un empresario del textil, y a esta actividad dedicó la mayor parte de su vida y de sus inquietudes, de los cuales dejó testimonio en el libro L’economia com a experiencia diària a Catalunya (Edicions 62, 1984). Fue también político, más organizador que ideólogo, de una política orientada a la acción. Pero su vocación, quizá la más genuina, fue la de escritor, dejándonos un puñado de libros de gran valor testimonial.

Era un hombre alto y corpulento que vestía siempre impecablemente, un poco a la inglesa. Tenía muy buena planta. La gestualidad expresiva y una risa franca y contagiosa por detrás del bigote le conferían el atractivo cautivador de la simpatía. Era la viva imagen de un burgués optimista y, no obstante, profundamente reflexivo y práctico, de una gran eficacia organizativa. Irónico y escéptico, pero de firmes convicciones, comprometido con su país desde muy joven, ha sido un catalanista a carta cabal, haciendo el viaje, como él ha dejado dicho, «de derecha a izquierda» cuando, a partir de un momento, decidió tomar partido por la causa de los débiles.

Condenado a socializarse en el clima sórdido de la postguerra, lo hizo en el único ámbito que le estaba permitido, el mundo del asociacionismo católico; la congregación mariana de los jesuitas sería su primer peldaño. De ahí que en 1955 participara en la fundación de CC (Crist Catalunya, o católicos catalanes). Este grupo se constituyó a raíz de un llamamiento del abad Escarré con el objetivo de concienciar a las jóvenes generaciones de la situación política, nacional y religiosa del país.

Inicialmente, tuvo allí una gran influencia Raimon Galí, que acababa de regresar de México. Él fue el autor del documento programático y de las normas de funcionamiento que se adoptaron al constituirse formalmente el movimiento. Fuertemente influido por Charles Péguy, tenía una visión arcaica y en cierto modo mística de la nación, que impregnó el primer CC. No obstante, los organizadores de CC fueron Jordi Pujol, que se encargó de extender el movimiento por las comarcas, y Xavier Muñoz, primero como responsable de los círculos de influencia social —donde se trataban las cuestiones políticas y sociales— y a partir de 1956 como presidente del círculo de gobierno hasta 1963.

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Ha sido un catalanista a carta cabal, haciendo el viaje, como él ha dejado dicho, «de derecha a izquierda».

Inicialmente, CC fue un espacio de reflexión, formación y sensibilización que no tenía un propósito de activismo de confrontación con el régimen. Como organización, se mantuvo al margen de la ola de protestas de finales de los años 50, si bien algunos de sus miembros, como Jordi Pujol, sí participaron en ellas desde otras plataformas. Sin embargo, el grupo se vio fuertemente influido por este contexto y, dentro de la organización, se produjo una importante evolución. El propio Muñoz ha dejado testimonio de ello en el libro De dreta a esquerra. Memòries polítiques (Edicions 62, 1990).

 

Nueva orientación de CC

La influencia de Galí fue disminuyendo y el misticismo patriótico fue progresivamente sustituido por el debate sobre las cuestiones sociales. En esta evolución tuvo un papel decisivo Antoni Pérez, que escribiría la ponencia que en 1962 reconfiguró el ideario de CC, en adelante Comunitat Catalana. Antoni Pérez era un trabajador del textil autodidacta, que había militado de joven en el anarcosindicalismo y, más adelante, se había convertido al cristianismo y había conectado con la gente de CC. La nueva orientación confería al movimiento un carácter ya plenamente político —es decir, con voluntad de intervención en la confrontación con el régimen—, aconfesional y socializante. Se prestaba atención a la inmigración y a las condiciones de vida de los trabajadores y se adoptaba una concepción de Cataluña como comunidad-pueblo.

Cuando Jordi Pujol salió de la prisión, donde había pasado dos años y medio por los hechos del Palau, manifestó desacuerdos de fondo con la nueva orientación, tanto por la cuestión religiosa, como por la nacional y la social, y abandonó CC. La ponencia presentada por el Consejo de Gobierno, no obstante, se impuso en la asamblea por ochenta votos a cuatro.

Una generación de jóvenes de origen acomodado, a partir del rechazo ético a la dictadura —con frecuencia ligado a la sinceridad de sus creencias religiosas— había hecho un proceso de politización que la llevó a abrirse a las preocupaciones sociales, a cuestionarse la relación política con su clase y, a veces también, sus creencias más íntimas. En este tránsito, Muñoz vivió, además, una fuerte transformación de su visión del mundo, de las relaciones sociales y de la idea de nación, adoptando para siempre un catalanismo de raíz cívica y social. En conjunto, fue un movimiento generacional, cuyo espíritu también afectó a grupos católicos, socialistas e incluso a la evolución de los comunistas catalanes, y que puso las bases de la hegemonía progresista de las décadas siguientes en Cataluña.

 

‘Promos’, la revista de la nueva izquierda

En los años 60, la cultura en Cataluña se sincronizó con el contexto europeo en un momento de auge de las posiciones izquierdistas. En este tránsito, la revista Promos jugaría un papel importante. Cuando Muñoz, a causa de las dificultades empresariales, dejó la dirección de CC y fue sustituido por Carles Monner, todavía se ocupó durante un tiempo de reflotar la revista Promos. Aparecida legalmente en 1957, era una revista dirigida a cuadros de empresa y de carácter básicamente económico que se editaba de acuerdo con Seix Barral, ya que Víctor Seix era miembro de CC; pero más que un órgano político, era una tapadera que les permitía disponer de una mínima estructura legal (un local, una dirección, una secretaría). Las dificultades económicas fueron pesando sobre el proyecto, que perdió regularidad y estaba prácticamente cerrado cuando Muñoz se hizo cargo de él para actuar como empresario y ocuparse de su viabilidad.

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Con la colaboración de Joaquim de Nadal, redefinió el proyecto editorial y reorientó los contenidos, abriendo la revista a la nueva generación de profesionales y estudiantes politizados de las diferentes sensibilidades de la izquierda, con el objetivo de hacer una revista de carácter político. Se dotaron de una secretaría de redacción que ocuparían sucesivamente Jaume Lorés, José Ignacio Urenda —ambos por poco tiempo— y José Antonio García Durán, militante del Front Obert de Catalunya (FOC), que le dio el impulso definitivo.

El proyecto de la revista estaba prácticamente cerrado cuando Muñoz se hizo cargo para actuar como empresario y ocuparse de su viabilidad.

La nómina de colaboradores sumaba algunas firmas ya consolidadas, como Ernest Lluch y Jacint Ros Hombravella, con una cohorte de jóvenes talentos como Joan Martínez Alier, Antoni Jutglar, Isidre Molas, Pasqual Maragall, Manel Nadal, Antoni Montserrat, Armand Sáez, Antoni Pérez, Jordi Planesdemunt, Pere Puig, Narcís Serra y Miquel Roca Junyent, por citar alguno