Comenzaba este 2005 con una notable ausencia para los melómanos, sobre todo británicos, pero también de todo el mundo. The Musical Times, la revista musical más antigua del mundo publicada sin interrupción desde que se fundó en 1842 moría, o como se puede leer en su Web, «interrumpe» su publicación porque el editor se retira. En contrapartida, la Revista Musical Catalana (RMC) pudo celebrar el año pasado el 120 aniversario de su fundación y el 40 de la reanudación de su publicación después de un vacío de casi cinco décadas que empezó en 1936.

Sin embargo, este doble aniversario no oculta las dificultades de la prensa musical en un mundo en el que toda la información y la forma de escuchar la música ha cambiado radicalmente con las plataformas, el streaming, la inmediatez de la escucha en cualquier momento y en cualquier lugar, y la oferta casi infinita. Un elemento extra musical como la pandemia de Covid también ha puesto las cosas muy difíciles para las publicaciones musicales históricas nacidas en los tiempos ya lejanos del papel impreso.

Sesenta años separan la creación de The Musical Times y la RMC, pero ambas nacieron con una misma voluntad, que era la difusión del canto coral. La revista británica la fundó un alemán, Joseph Mainzer, para promover los coros de masas con el título The Musical Times and Singing Class Circular. Dos años más tarde, la vendió a Joseph Alfred Novello, fundador de la editorial musical Novello & Co., que se especializó en la publicación de partituras para coros a precios muy bajos. Editaba música de gran calidad y la vendía por pocos peniques. De hecho, fue el inventor de la edición low-cost de partituras corales, sector que prácticamente monopolizó.

Durante los primeros años, la revista tenía ocho páginas y llevaba una partitura de música coral, alternando la religiosa y la profana, destinada a las agrupaciones de coros, que eran un público asegurado. En plena revolución industrial y en una operación que ahora llamaríamos de marketing cultural para elevar la cultura de los obreros con la música y el canto, pero también su negocio, Novello iba por las fábricas difundiendo su evangelio, escuchando los progresos musicales de los obreros y consiguiendo que los patronos facilitasen la práctica musical cediendo espacios para ensayar, a ser posible con estufas.

Entre sus muchos colaboradores y críticos, la revista tuvo uno que destacó sobre todo en el campo de la novela, el escritor Charles Dickens. Y entre sus directores, hubo una mujer entre 1853 y 1856, Mary Cowden Clarke, hermana de Novello, que era, además, una reconocida experta en la obra de Shakespeare.

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