Un elemento central caracteriza el franquismo en su larga trayectoria: la extensión de la represión, en todas sus dimensiones. Una función netamente política, desde las furibundas disposiciones de los generales Mola y Queipo de Llano tras el estallido del golpe, hasta la profundización represora con el final de la contienda. El objetivo de los sublevado era la remodelación total de la sociedad, con una orientación retrógrada en todos los ámbitos, tal como nos recordó en su momento Josep Fontana en Reflexiones sobre la naturaleza y las consecuencias del franquismo.

El gran número de detenidos y represaliados por la dictadura franquista comportó el establecimiento de un gran número de campos de concentración y prisiones en toda España. A efectos prácticos, la guerra no había acabado. Los vencedores reprimían a los vencidos de manera brutal. Y esto se reflejaba en la macroeconomía y en la economía pública: la política de alta represión disparó el gasto estatal en defensa, hasta niveles nunca vistos en Europa en situaciones de paz. Mientras esto sucedía, los indicadores sociales se hundían, con la aparición del hambre como ha documentado Miguel Ángel del Arco en La hambruna española.

La represión franquista, el exilio y la caída enorme de la economía tuvo otras consecuencias letales para el futuro del país: la pérdida de población formada. De hecho supuso la desaparición del diez por ciento de la población activa, con afectaciones evidentes en grupos de alta calificación (intelectuales, profesores, médicos, ingenieros, etc.) cuya aportación era relevante en una situación de reconstrucción post-bélica.

La represión franquista, el exilio y la caída enorme de la economía tuvo consecuencias letales para el futuro del país: la pérdida de población con formación.

Al mismo tiempo, se observaron retrocesos en la escolarización y en la caída de la estatura de los jóvenes. Es una evolución que se explica por una razón central: ante la situación de pobreza, muchas familias sacaron a sus hijos de los colegios y los pusieron a trabajar para obtener un incremento de una renta que era de penuria. Variables conocidas, provenientes de investigaciones recientes en economía e historia económica, ponen negro sobre blanco que los años del franquismo –especialmente desde 1939 hasta 1959– significaron el retroceso más grande de la historia contemporánea de España: el PIB per cápita de 1935 no se recuperó hasta 1951; el consumo privado real per cápita de 1931 no lo hizo hasta 1957; los salarios reales de 1936 no se recuperaron hasta 1956.

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